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Hay analíticas que generan más dudas que respuestas, y la lipoproteína(a) es, sin duda, una de ellas. Muchas personas descubren por casualidad, al revisar un perfil lipídico completo, que tienen este parámetro elevado, y a partir de ahí surge la misma pregunta: ¿significa esto que voy a sufrir un infarto? La cifra, además, suele venir acompañada de una información inquietante, la de que este tipo de colesterol es varias veces más dañino que el LDL convencional, lo que no hace sino aumentar la preocupación de quien recibe el resultado.

El cardiólogo José Abellán ha querido aclarar, precisamente, ese malentendido tan extendido en torno a la lipoproteína(a), conocida en el ámbito clínico como Lp(a). Según explica el especialista en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram (@doctorabellan), "una lipoproteína (a) elevada sí que aumenta el riesgo de infarto, pero esto no significa que te vayas a infartar". Con ello, lo que quiere aclarar es que la Lp(a) tiene que tener importancia en su justa medida: ni motivo de alarma desproporcionada, ni un dato que se pueda pasar por alto.

¿Qué es la lipoproteína(a) y por qué preocupa a los cardiólogos?

La lipoproteína(a) es una variante del colesterol LDL a la que se une una proteína adicional, la apolipoproteína(a), que le confiere unas características particulares y, según diversos estudios, un potencial aterogénico superior al del LDL convencional. Abellán cifra esa diferencia con claridad: "el potencial dañino de la Lp(a) respecto al LDL convencional está en torno a 5 veces más dañino". Es decir, no se trata de un colesterol cualquiera, sino de una partícula con mayor capacidad de dañar las arterias.

A diferencia de otros parámetros lipídicos, cuyo nivel puede modificarse en gran medida con cambios en la alimentación o el ejercicio, la Lp(a) está determinada fundamentalmente por la genética, y sus niveles permanecen relativamente estables a lo largo de la vida de una persona. Esto explica que, cuando aparece elevada en una analítica, genere especial inquietud.

Un multiplicador del riesgo, no una condena

El mensaje central que traslada el cardiólogo tiene que ver, precisamente, con cómo interpretar ese dato dentro del conjunto de la salud cardiovascular de una persona. Lejos de actuar como un factor aislado, la Lp(a) "funciona, más bien, como un multiplicador del riesgo cardiovascular general", explica Abellán. Esto significa que su impacto real depende, en gran medida, de qué otros factores de riesgo estén presentes.

El propio especialista lo ilustra con una comparación reveladora: "Si tu riesgo es muy bajo, 5 veces 'casi 0' es casi 0". Es decir, en una persona sin apenas otros factores de riesgo cardiovascular, tener la Lp(a) elevada multiplica un riesgo que de partida era mínimo, por lo que el resultado final sigue siendo bajo. El problema surge cuando esa elevación se combina con otros elementos que sí son modificables, como el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes mal controlada o un colesterol LDL igualmente alto.

La importancia de los hábitos de vida frente a la genética

Uno de los aspectos que más interés despierta es la comparación entre distintos perfiles de riesgo. El cardiólogo sostiene que "el riesgo real depende en gran medida de cómo gestiones el resto de tus factores", y pone como ejemplo dos escenarios opuestos: una persona con Lp(a) alta pero con hábitos de vida cardiosaludables frente a otra con Lp(a) baja pero un estilo de vida descuidado.

La conclusión, según explica, es clara: "Una persona con Lp(a) alta que mantiene hábitos de vida cardiosaludables tiene un riesgo significativamente menor que alguien con Lp(a) baja pero con un estilo de vida descuidado". Este planteamiento desplaza el foco desde un parámetro que no se puede modificar —la genética— hacia aquellos factores sobre los que sí es posible actuar de forma directa: la alimentación, la actividad física, el control de la tensión arterial y el abandono del tabaco.

Con todo ello, lo que hay que tener en cuenta es que este parámetro no tiene por qué generar alarma, sino responsabilidad. Tener constancia de unos niveles elevados de Lp(a), señala Abellán, "debe ser un catalizador para tomar una conciencia aún mayor sobre la relevancia de un estilo de vida saludable y un cuidado preventivo riguroso".