La meta de la mayoría de estudiantes de Medicina es terminar la carrera y entrar en su especialidad soñada. Pero el MIR no es un proceso fácil, ya que no solo se interpone la dificultad de la formación, sino todos los cambios existenciales y de entorno que experimenta un médico durante los cuatro o cinco años que dura este periodo.
Sobre estos cambios y los sentimientos que producen es de lo que ha hablado Patricia Ramos, R1 de Dermatología. En un vídeo publicado en TikTok, ha advertido sobre las expectativas que los aspirantes al examen MIR tienen de la residencia, y lo que realmente se encuentran una vez que acceden a ella.
"Si te estás preparando la prueba, lo siento, porque igual te desmoraliza. Pero creo que alguien tiene que reajustar lo las expectativas respecto a lo que uno se encuentra en la especialización", ha subrayado al comienzo de su vídeo.
¿Cómo se sienten los médicos al entrar al MIR?
Ramos, al igual que otros compañeros suyos antes que ella, sentía que su meta tras siete años era entrar en el MIR, y así es, reconoce que está muy orgullosa de todo el esfuerzo que ha invertido durante tanto tiempo para lograrlo. Sin embargo, ahora que está formándose en Dermatología, también afirma que tiene "sentimientos encontrados".
"Estos seis meses de formación me han dado muchas cosas buenas, y por eso no quiero ser una desagradecida. Pero hay días que echo de menos aspectos de mi vida anterior. A mis amigas de siempre, la casa en la que crecí, las rutinas de estudio que no se interrumpen, o salir el fin de semana que quiero porque no necesito recuperarme durante tres días de una guardia de 24 horas", ha enumerado.
Expectativas y realidad sobre el MIR
Estos sentimientos que considera tristes, a veces, le hacen sentirse "culpable" pese a estar viviendo la vida que, según cree, es la que anhelaba desde siempre. "Quizá el fallo sea mío al poner todo el peso de una vida plena en una salida profesional como cualquier otra. Muy sacrificada, sí, pero como otras", ha añadido.
Lejos de darse por vencida y sumirse en esos pensamientos, Ramos afronta una etapa actual en la que intenta identificar aquellos aspectos positivos que el MIR le puede dar -y le está dando-, frente a aquellos que carece y que "no puede exigir". “Creo que esta etapa va de eso, de sostener dos verdades a la vez. Admitir que puedo estar cansada y a la vez orgullosa. Echar de menos lo que tenía mientras construyo algo nuevo, y que puedo sentirme perdida sin estar equivocada", ha reflexionado.
Porque para Ramos, el MIR no está siendo la "vida perfecta" que imaginó, pero sí el camino en el que puede descubrir quién es cuando las cosas dejan de ser ideales y se convierten en reales. "Si también estás en esta etapa, o te queda poco, ojalá te permitas eso: no la idealices, pero tampoco la temas. Solo vívela y hazla tuya", ha concluido.
