Redacción Médica
26 de septiembre de 2018 | Actualizado: Martes a las 21:50
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Antoni Comín

Antoni Comín
Antoni Comín, consejero de Salud de Cataluña.
Jueves, 20 de octubre de 2016, a las 19:25
La cuestión primigenia debió ser que al diseñar una legislatura corta y con casi un único objetivo: la independencia, quizá no era el momento de replantearse el modelo de sistema sanitario. Sin embargo, Antoni Comín llegó a la Consejería con el mensaje mesiánico de la mayor desprivatización de la historia. Varios meses después, el resultado es el temor de muchos empleados a perder su puesto de trabajo, ya sea por el mero hecho de trabajar en centros que tienen un concierto con la Generalitat o porque esta no es capaz de darles la financiación adecuada. Así, Comín se enfrenta a una probable huelga en el hospital General de Cataluña, y a una desagradable tensión con el personal del de Mataró. El primero, por chocar con los principios ideológicos (que no de derecho a la asistencia) del titular sanitario; el segundo, por necesitar 10 millones de euros para salir de la asfixia financiera. Un cúmulo de terremotos que levantan la ya maltrecha corteza de la política sanitaria catalana, cuya inestabilidad interna ha quedado retratada en la fractura entre la derecha y la izquierda de una coalición como Junts pel Sí que políticamente cuesta comprender y que, para más señas, está obligada a entenderse presupuestariamente con los principios antisistema de la CUP. Los azotes de Comín incluso dentro de su partido (que le pregunten a la portavoz de Salud, Montserrat Candini) no son, desde luego, el camino para calmar unas aguas que él mismo se ha encargado de agitar.