La globalización y los cambios en los ecosistemas han favorecido la proliferación de nuevos patógenos, lo que conlleva que crisis como las del ébola o el más reciente hantavirus surjan “con un intervalo de 20 o 25 años cuando antes podían pasar cientos”. Esta aceleración del riesgo biológico exige una transformación radical en las estrategias de prevención y salud pública. Esta fue la principal premisa abordada durante la mesa redonda sobre bioseguridad que ha acogido el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid, un encuentro que reunió a voces autorizadas del ámbito veterinario, médico e investigador para evaluar la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios actuales frente a los patógenos emergentes.
En el marco de la IV Jornada Nacional sobre Control Biológico en el Ámbito Sanitario, organizada por el Consejo General de Colegios de la Profesión Veterinaria de España (CGCPVE) y la plataforma Scope Biosafety, los expertos enfatizaron que el riesgo biológico es hoy mayor que nunca, lo que justifica la actual proliferación de programas y redes de bioseguridad en distintos centros hospitalarios.
Patricia Obregón Calderón, CEO Scope Biosafety Bioseguridad específica de ámbito sanitario I+D+i, defendió la necesidad urgente de instaurar una verdadera "cultura de la prevención" que aplique la bioseguridad en todas las circunstancias y espacios. "Tenemos muchos reglamentos, pero luego está la parte de ponerlo en práctica e implementarlo correctamente con un responsable institucional que pueda dirigir eso", subrayó. Asimismo, reclamó un acuerdo internacional que garantice la equidad en el acceso a herramientas preventivas y criticó que, en demasiadas ocasiones, no se otorgan las competencias en bioseguridad a quienes realmente están capacitados para interiorizar su complejidad.
La estrecha interconexión con la salud animal también ocupó un lugar central en el debate. Rafael Laguens, presidente del Colegio de Veterinarios de Soria, cuestionó si se está aprovechando correctamente la información epidemiológica veterinaria. Aunque reconoció que en el entorno sociosanitario español los datos se tratan de forma adecuada, advirtió que la inmensa cantidad de virus circulantes exige que la solución sea estrictamente global. "Procuro ser realista y decir que hay que hacer más", afirmó Laguens, huyendo de “posturas triunfalistas” frente a la amenaza viral.
Motivación comercial contra patógenos de baja circulación
En el ámbito de la investigación, Adolfo García, director del Global Health & Emerging Pathogens Institute de Nueva York, recordó que las familias de virus y sus interacciones con el huésped son finitas, pero señaló un grave obstáculo económico: la escasa motivación comercial para desarrollar vacunas contra patógenos de baja circulación. Según García, los altísimos costes de los ensayos clínicos paralizan la respuesta médica, a lo que se suma la inacción de los Estados. "Somos animales políticos y nos cuesta ponernos de acuerdo; estamos de acuerdo en lo que queremos, pero no en qué tenemos que hacer", lamentó el experto, exigiendo mayor vigilancia virológica, secuenciación y rapidez en la cooperación internacional frente a nuevos brotes.
A nivel operativo, la preparación del personal es la última barrera de contención. Gonzalo Pascual, responsable de Bioseguridad del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), incidió en la vital importancia de los ejercicios de simulación. El objetivo de estas prácticas es detectar fallos antes de que surjan crisis reales y automatizar los protocolos para que el personal actúe por "reflejo automático" ante incidentes inesperados, como un derrame o la rotura de un guante. Para Pascual, es crucial asumir que los fallos humanos siempre van a ocurrir, por lo que instó también a dejar de lado el egoísmo institucional a la hora de compartir información clínica.
Finalmente, Kevin Bliek, médico adjunto del Servicio de Medicina Preventiva de la Fundación Jiménez Díaz, puso el foco en la respuesta clínica inicial ante la llegada de un paciente sospechoso de portar un virus desconocido. Bliek aseguró que la herramienta más poderosa es la sospecha médica: "El sospechar, que se encienda la bombilla que puede ser un riesgo". No obstante, advirtió que la enorme presión asistencial que sufren a diario los profesionales sanitarios dificulta mantener esta alerta, por lo que resulta imperativo dotarles de mejores herramientas para poder afrontar con garantías el próximo desafío biológico.
