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Los casos de rabia que se han detectado este año en España, tanto en animales como en humanos, son importados de fuera del país o están directamente relacionados con la entrada de animales desde el exterior. Aunque España no cuente con casos notorios más allá de algunos en Ceuta y Melilla, los veterinarios reclaman un mayor trato de la enfermedad, además de más voz por parte de la profesión en estas decisiones para, en caso de ser necesario, preparar un protocolo contra la proliferación de este virus zoonótico.

Después de lo ocurrido en Ceuta, cuando la rabia quedó excluida del protocolo de vigilancia de enfermedades transmisibles elaborado por el Ministerio de Sanidad "sin dar a los veterinarios la participación necesaria", como apunta Sara de Lucas, gerente en la Clínica Veterinaria La Campiña de Guadalajara, los veterinarios se sintieron apartados. "Lo que me cuesta entender es que, en una situación de emergencia sanitaria como la que se ha vivido en Ceuta, se haya elaborado un protocolo de vigilancia de enfermedades transmisibles sin contemplar la rabia", señala la veterinaria.

"No estoy diciendo que la rabia vaya a aparecer como consecuencia de la crisis migratoria, sino que, precisamente en un contexto de incertidumbre, la prevención debe basarse en una evaluación amplia de los riesgos y contar con todos los profesionales que pueden aportar conocimientos relevantes", añade de Lucas.

Apostar por el modelo One Health

La exclusión que se hizo de la rabia en el protocolo de Ceuta ha puesto de nuevo sobre la mesa el debate en cuanto al papel de los veterinarios en las estrategias de salud pública. Para de Lucas, lo ocurrido en Ceuta refleja las dificultades que sigue encontrando la profesión para que se tenga en cuenta su conocimiento en aquellas enfermedades que pueden transmitirse de animales a personas.

"El modelo One Health (Una sola salud) es algo que tiene que entrar en Sanidad. Tienen que empezar a darse cuenta de que una salud tanto para el medioambiente, como para las personas y para los animales, es la que debería guiar a toda la salud pública y la sanidad. Mientras separen la salud de las personas de la salud de los animales, las cosas no van a ir bien", sostiene.

En esta misma línea, Lorenzo Armenteros, miembro de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) considera que el modelo One Health, impulsado por la OMS y la FAO, cobra especial relevancia en el abordaje de la rabia. "Los datos necesarios para proteger la salud humana provienen directamente del ámbito animal", señala. Por ello, defiende que los veterinarios deben tener un papel oficial y estructurado en la elaboración de protocolos comunes, la evaluación de riesgos y la vigilancia epidemiológica integrada, sin invadir las competencias clínicas de los médicos.

De la misma manera, Verónica Olmo, médico de Familia, coincide con la visión de ambos profesionales y opina que "los veterinarios deberían tener una mayor participación en las estrategias de salud pública, no tanto en el tratamiento clínico de las personas, que corresponde a los profesionales sanitarios, sino en la prevención, vigilancia epidemiológica, evaluación del riesgo y coordinación ante posibles exposiciones".

Verónica Olmo, médico de Familia Verónica Olmo

La veterinaria considera que la separación entre ambas disciplinas dificulta una respuesta integral ante las zoonosis. En este sentido, lamenta que la profesión continúe vinculada principalmente a la salud animal, incluso cuando sus conocimientos pueden contribuir a prevenir riesgos para la población.

"La mayoría de las veces los veterinarios somos salud animal, nada más. Entonces la zoonosis, que se trata de las enfermedades de transmisión de los animales a las personas, se les da cierta importancia y solo cuando interesa", critica la profesional.

"Queremos que se nos escuche cuando detectamos una zoonosis"

Más allá de las decisiones institucionales, la veterinaria considera que esta falta de reconocimiento también se refleja en la práctica clínica. Los profesionales veterinarios pueden detectar patologías en los animales que resulten relevantes para la salud de las personas con las que conviven, pero trasladar esa información no siempre resulta sencillo.

De Lucas explica que, cuando identifica una enfermedad potencialmente transmisible a humanos, elabora un informe con el diagnóstico del animal y recomienda que aquellos que convivan con él y presenten síntomas similares, acudan a su médico. Sin embargo, lamenta que, en ocasiones, las advertencias veterinarias no reciban la atención que considera necesaria.

"Nosotros lo que queremos es que se nos escuche y se nos tenga en cuenta cuando sabemos que existe una patología en un animal que puede ser potencialmente transmisible a un humano. Simplemente eso", afirma.

La veterinaria Sara de Lucas. Gosbi

La veterinaria insiste en que esta reivindicación no supone reclamar competencias para diagnosticar o tratar a las personas. Su objetivo es que la información obtenida en las consultas veterinarias pueda incorporarse a la evaluación de posibles riesgos sanitarios y contribuya a orientar la actuación de los profesionales médicos.

En este sentido, también reclama que se tenga en cuenta a la profesión en situaciones de mayor alcance epidemiológico. "A nivel epidemiológico, cuando una epidemia como ocurrió con el COVID, que se nos tenga en cuenta y que se nos escuche", añade.

La necesidad de una respuesta conjunta

Armenteros apoya la coordinación con los veterinarios y advierte que esta resulta "especialmente importante" cuando hay que decidir si una persona necesita profilaxis tras una posible exposición al virus. Para valorar el riesgo, explica, es necesario conocer el tipo de contacto, la especie animal, su procedencia y si estaba vacunado, así como determinar si puede permanecer bajo vigilancia durante diez días. Sin embargo, el médico de Familia no siempre dispone de toda esta información en la consulta y depende, en buena medida, de los datos que puedan facilitar los servicios veterinarios y Salud Pública.

El médico de Familia señala, además, que la coordinación entre Atención Primaria, veterinarios y Salud Pública suele producirse de manera informal y sin protocolos suficientemente definidos. Por ello, considera necesario establecer procedimientos compartidos y sistemas de notificación bidireccionales que permitan intercambiar información con mayor rapidez. También propone organizar formación conjunta entre los distintos profesionales para mejorar la respuesta ante posibles exposiciones al virus.

Lorenzo Armenteros, miembro del SEMG

Desde la opinión de Olmo, esta considera que los conocimientos de los veterinarios son fundamentales para proteger la salud pública: "La labor de los veterinarios es fundamental para la salud pública y, en particular, para la prevención y el control de zoonosis como la rabia". A su juicio, es necesario partir de una visión conjunta, puesto que "la salud humana, animal y ambiental están estrechamente relacionadas".

Olmo defiende que los veterinarios deberían tener una mayor presencia en las estrategias de salud pública, especialmente en las actuaciones destinadas a prevenir enfermedades, vigilar su posible propagación y evaluar los riesgos para las personas.

Su valoración pone el foco en el hecho de poder combinar ambas profesiones para trabajar de forma complementaria. Mientras los veterinarios pueden aportar información sobre la salud de los animales y los riesgos de transmisión, los médicos se encargan de la evaluación clínica y de la atención a las personas potencialmente expuestas. La coordinación entre ambos ámbitos llevará a un mejor control de la situación, pudiendo conectar la información de ambos profesionales para favorecer así una respuesta sanitaria adecuada.

"No reclamamos protagonismo, sino participación"

La prevención de la rabia ilustra la importancia de integrar estos conocimientos en las estrategias de salud pública. Ante una posible exposición al virus, la actuación "dependerá del estado del animal, de las circunstancias de la agresión y de la situación epidemiológica de la zona donde se haya producido", explica de Lucas. "La decisión debe tomarse de forma coordinada entre Salud Pública, los profesionales médicos y los veterinarios", añade.

Para De Lucas, dejar fuera a la profesión veterinaria de las decisiones relacionadas con las zoonosis supone desaprovechar conocimientos que pueden contribuir a proteger a la población. "Los veterinarios no reclamamos protagonismo, sino participación y responsabilidad en aquellas decisiones en las que nuestra formación y experiencia pueden contribuir a proteger a toda la población", subraya.

Desde la Medicina de Familia, Olmo también incide en la necesidad de trabajar de forma coordinada para prevenir y controlar este tipo de enfermedades. "La rabia es un ejemplo de cómo la colaboración entre veterinarios y médicos de familia no es solo deseable, sino imprescindible para proteger la salud de la población", concluye.