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La seguridad alimentaria va unida al bienestar de la ciudadanía. Sin ella, se entrevé complicado garantizar la salud de la población, dado el amplio número de patologías relacionadas con el estado de los comestibles. El control y el análisis de estas afecciones dependen de los laboratorios estatales dependientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Un conjunto de centros que el Gobierno recoge por primera vez en un listado que también sirve para determinar sus funciones concretas, incluidas aquellas en materia sanitaria.

Esta actuación tiene el objetivo de aunar las designaciones de estos organismos técnicos. Es más, la dispersión y heterogeneidad en la validación de los laboratorios complicaban el acceso a la información generada por estos y, por ende, el desarrollo de estructuras de coordinación con estos. Una problemática que esperan paliar con esta designación única, que presenta las competencias de cada laboratorio.

Una serie de instituciones nacionales que vienen reguladas por el Real Decreto 682/2026, publicado a finales del verano. Esta normativa unifica el marco legal en el que operan estos centros, a la par que define sus funciones y adapta el abordaje de determinadas patologías, como la enfermedad de Aujeszky. Por otro lado, fomenta la creación de una mesa de coordinación de laboratorios en las áreas de Sanidad Animal, Sanidad Vegetal, Higiene de la Producción Primaria y Genética Molecular Animal y Vegetal.

Laboratorios de referencia en salud animal y alimentaria

Esta designación conjunta revela el paso de dos centros: el Laboratorio Central de Sanidad Animal y el Laboratorio Central de Veterinaria. El primero aborda un amplio número de afecciones del ámbito animal -y que pueden afectar también al ser humano- como la anisakiasis, la enfermedad de Lyme, la cisticercosis, la equinococosis, la rabia o la triquinosis, además de trabajar con determinados residuos de sustancias farmacológicamente activas en animales vivos, productos de origen animal y piensos. Por su parte, el segundo se centra en la Fiebre del Nilo Occidental, la salmonelosis, el botulismo, la listeriosis, el Covid-19 o la gripe aviar. Este último también cuenta con competencias en materia de genética animal.

Menores son las funciones del Laboratorio Nacional de Sanidad Vegetal e Higiene, focalizado en el análisis de bacterias como Salmonella o Escherichia coli en aguas y productos procedentes de plantas, o el Laboratorio Arbitral Agroalimentario, dedicado al análisis de fertilizantes y productos fitosanitarios. La designación general incluye también al Laboratorio Agroalimentario de Santander, el Laboratorio Agroambiental de la Diputación Foral de Guipúzcoa, el Laboratorio de Análisis de Residuos de Plaguicidas de la Universidad Jaume I, el Laboratorio de Contaminantes Orgánicos Persistentes, los Laboratorios de Bacteriología y de Virología y Diagnóstico Molecular del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, el Grupo de Investigación en Hongos Fitopatógenos y del de Virología del Instituto Agroforestal Mediterráneo de la Universitat Politècnica de Valencia, el Laboratorio de Nematología y Artrópodos del Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Instituto de Investigaciones Marinas, dependiente del CSIC.