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En España, una de las ramas de la sanidad con más capacidad de desarrollo es la del peritaje veterinario, que si bien se ejerce desde hace décadas, aún no ha alcanzado la 'madurez'. Frente a un tribunal, esto es un obstáculo difícilmente sorteable, asume Alfredo Fernández, perito del del Consejo General de Veterinarios de España (CGVE), quien reivindica abiertamente una formación más específica y especializada para este perfil profesional.

Fernández, protagonista de varias de las ponencias del IV curso sobre protección y maltrato animal que se celebrará en septiembre en Lugo (el evento está impulsado por la Universidad de Santiago de Compostela), aboga por una verdadera "transformación" del sector para que los veterinarios legales "comprendan perfectamente cuáles son sus requerimientos, sus exigencias y sus motivaciones".

Usted que ejerce en el sector del peritaje veterinario desde hace más de tres décadas, ¿cómo explicaría su evolución?

Podríamos decir que el peritaje en el campo de la Veterinaria está experimentando aún su nacimiento. No ha ocurrido lo mismo que con la Medicina humana, en la que sí ha habido un desarrollo importante. Los cambios sociales, culturales y económicos han hecho que esos mismos criterios que se aplican en la Medicina humana se exijan ya también en las disciplinas veterinarias. Esta evolución ha llevado a particulares y empresas de distintos ámbitos a solicitar peritos que evalúen si los servicios veterinarios que están recibiendo se ajustan a las características de calidad y los resultados esperables.

En cualquier caso, hay un mayor desarrollo del sector en su conjunto, por ejemplo en la seguridad alimentaria. Existen factores que es necesario evaluar y peritar para ver la correlación que hay entre las crisis alimentarias y el deterioro de la comida u otras contingencias que se pueden presentar en el sector de la alimentación y la nutrición.

Mirando al futuro, ¿cuáles diría que son los retos a los que se enfrenta el peritaje veterinario?

Bajo mi opinión, los retos van ligados al entendimiento, por parte del veterinario, de las características que tiene que tener un perito. No olvidemos que estos profesionales se proyectan a la Administración de Justicia para desarrollar un papel que sigue siendo novedoso: no se trata de la curación de un paciente, sino de asistir a los tribunales para ilustrarlos, asesorarlos y darles conocimientos sobre los problemas de un tema tan específica como es el de la sanidad veterinaria. Solo de este modo los tribunales pueden administrar convenientemente la justicia.

Por lo tanto, se necesita una transformación de estos peritos para que comprendan perfectamente cuáles son sus requerimientos, sus exigencias y la motivación por la cual participan en estos casos. Deben comprender cuáles son los elementos disciplinarios y metodológicos que tienen que aplicar para que todo su trabajo cumpla con esos niveles de exigencia.

En casos de maltrato animal, muchas denuncias que llegan a los juzgados terminan archivándose. ¿Por qué?

Cuando hablamos de peritación en Veterinaria existe un espectro muy amplio porque va desde el análisis de la responsabilidad profesional, es decir, evaluar si los veterinarios clínicos o quirúrgicos han cometido un supuesto error que ha dañado a un tercero; hasta otras áreas de especialización. En la disciplina veterinaria, por ejemplo, se ajustan todos los elementos de control de los alimentos que consumimos, la calidad del agua y la seguridad de los productos que representan un riesgo. Si hay una contingencia, por ejemplo una contaminación por salmonelosis en un hotel, este profesional determina si el origen procede de un alimento en concreto y si es consecuencia de un mal manejo, la ruptura de la cadena del frío o la transmisión por parte de un manipulador.

Hay otra área relacionada con el maltrato animal y en la que el papel del perito es cada vez más importante. Muchas de las denuncias en el ámbito penal por supuestos no llegan a tener una sentencia condenatoria porque no hay peritos que ilustren convenientemente a los tribunales sobre el acto que se ha producido, sus consecuencias y su alcance. El juez muchas veces se encuentra inerme para poder comprender la magnitud de los elementos que tiene que procesar y, entonces, no puede condenar. Por eso, la participación del perito es esencial para una adecuada administración de justicia. Máxime en estos casos de gravedad, porque el maltratar a un ser inocente de forma injustificada, además de ser un acto execrable, está muy relacionado con otras formas de maltrato interpersonal humano (de género, infantil, vicario, etcétera). Un diagnóstico precoz en el ámbito animal podría evitar que este tipo de comportamientos afecten a las personas.

Paradójicamente, está aumentando el número de casos de maltrato hacia animales. ¿Hay suficiente personal para hacer frente a esta realidad?

Ese hecho explica por qué la sociedad demanda a la Justicia una mayor aplicación del Código Penal para proteger a los animales y que, paradójicamente, esto no se muestre efectivo. Una de las razones, insisto, es que actualmente no existan peritos perfectamente cualificados en ámbitos tan complejos como el maltrato animal, que puedan aportar investigaciones periciales completamente estructuradas, metodológicas y rigurosas. Faltan peritos capaces de mantener pruebas, identificar las formas de maltrato y explicar el alcance de las lesiones para transmitírselo adecuadamente a los tribunales. Si este principio básico no se cumple, todo el sistema falla. Utilizando términos clínicos: si no hay un buen diagnóstico de la situación, difícilmente el tratamiento y las terapias que apliquemos serán las adecuadas. Es muy importante entender qué ha ocurrido para que los tribunales puedan administrar justicia de forma adecuada.

Formación especializada para el peritaje veterinario

"Se necesita una formación especializada que adecúe esta actividad a las necesidades reales".

Antes hacía referencia a la formación de los peritos. ¿Hace falta un aprendizaje más específico y homogéneo?

Bajo mi opinión profesional, y después de una carrera de más de 30 años practicando la pericia veterinaria, creo que es una certeza absoluta. La peritación veterinaria es un ámbito muy especializado y requiere un conocimiento específico. Esto solo se alcanza o bien con carreras profesionales muy largas donde la experiencia acaba dotando al profesional, o bien a través de modelos de formación que doten, desde un primer momento, de las habilidades y herramientas necesarias para ejercer con garantías. Se necesita una formación especializada que adecúe esta actividad a las necesidades reales.

Durante su intervención en el curso va a abordar la creación de un protocolo de intervención para casos de maltrato. ¿Qué problemas acarrea la falta de un documento de carácter nacional?

Efectivamente, hablamos de la necesidad de estructurar un ámbito especializado que genere elementos comunes de trabajo entre los profesionales y un bagaje que pueda ser revisado, discutido en congresos y actualizado. Porque uno de los elementos fundamentales para luchar contra el maltrato animal es identificarlo. Si los profesionales no tienen las capacidades para hacerlo en su ejercicio diario, difícilmente podremos conocer que se está produciendo un escenario de maltrato ni cuál es su alcance real. Si no existe un diagnóstico adecuado, las terapias difícilmente van a ser eficaces.

Desgraciadamente, el maltrato animal no se estudia en las universidades; los veterinarios no tienen protocolos de formación en sus carreras y en el ejercicio posterior tampoco existen elementos especializados que les permitan conocer los indicios de estos escenarios. En estos cursos de verano del Congreso intentamos dar los elementos fundamentales para que los asistentes sean capaces de identificar supuestos escenarios compatibles con maltrato animal a través de las llamadas "lesiones no accidentales" y otros indicadores científicos. Al fin y al cabo, el maltrato animal es otra causa de enfermedad, en este caso originada por un comportamiento humano aberrante que causa lesiones, sufrimiento e incluso la muerte a los animales. Intentamos explicar todo esto para que los profesionales puedan cumplir con la obligación deontológica de denunciar los supuestos casos de maltrato en su ejercicio profesional.

¿Qué otras cuestiones va a abordar en este evento?

Esta es la cuarta edición de los cursos de verano de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Lugo, dependiente de la de Santiago de Compostela. Para mí es un verdadero honor participar. Estas cuatro ediciones se han caracterizado por ser las de mayor asistencia, lo cual demuestra que el colectivo veterinario está absolutamente implicado en la protección de los animales y de nuestra sociedad.

En estos cursos trabajamos toda la problemática, desde las dificultades que nos encontramos para luchar contra las distintas formas de maltrato hasta cómo enfocarlo de forma práctica, basados en la experiencia cotidiana. Intentamos dar una respuesta objetiva y científica, huyendo de valoraciones subjetivas u opiniones personales, con el objetivo de generar sensibilidad y dotar a los asistentes de todas las herramientas necesarias para responder de forma eficaz ante un reto tan complejo.