La menor esperanza de vida y la invisibilización de la mujer ha marcado la escasa literatura científica con la que cuenta la menopausia, una de las etapas más determinantes en la salud femenina. Sin embargo, este vacío científico podría tener los días contados. Hace unos días conocíamos un nuevo estudio masivo publicado en Nature Medicine que, tras analizar más de 300 millones de pruebas clínicas, ha puesto cifras a lo que muchas especialistas ya veían en consulta. "La última menstruación no es solo el fin de la etapa fértil, sino como dice el estudio un "precipicio fisiológico" que afecta de golpe a muchos órganos y sistemas del organismo", subraya Elena Vicente, médica especialista en Ginecología en el Hospital General Universitario Reina Sofía, en Murcia.
Confirmado este impacto por la ciencia, como un buen punto de partida, el verdadero reto ya no pasa por saber solo qué ocurre, sino cómo responde la medicina. "Cuanto más conozcamos cómo cambia el cuerpo de la mujer con los años, mejor podremos ayudar a tener una evolución saludable", añade la ginecóloga. Las expertas subrayan que ha llegado el momento de superar el viejo modelo de "un síntoma, un tratamiento" para abordar esta etapa, que hoy ocupa casi la mitad de la vida de la mujer, desde una estrategia preventiva y global.
La trampa de los riesgos silenciosos: de la perimenopausia al chequeo preventivo
La atención médica en esta etapa se ha enfocado tradicionalmente en aliviar las molestias inmediatas, que eran antes más vistas como propias de la edad, como un mero trámite biológico. "Tradicionalmente no le hemos dado mucha importancia a los síntomas que se referían las pacientes más allá de los habituales, como sofocos, sudor nocturno, insomnio, cambios en el ánimo o la sequedad vaginal", explica Andrea Manzano, ginecóloga en el centro médico Matermed. Sin embargo, la especialista advierte de que existían muchas otras manifestaciones a las que no se les hacía caso: "Mujeres de entre 40 y 45 años que de repente tenían colesterol, hipertensión o aumento de peso abdominal resistente a la dieta y al ejercicio".
La trampa de estos cambios metabólicos radica en que "no duelen", apunta la ginecóloga. La falta de estrógenos, la hormona que actúa de motor en al salud femenina, acelera la pérdida de la densidad ósea, altera el perfil de los lípidos y disminuye la vascularización y el grosor celular de los tejidos. "La osteoporosis solo da síntomas cuando la mujer tiene una fractura, lo que significa que el hueso ya no aguanta ni su propio peso. O una hipertensión y un colesterol alto que son asintomáticos hasta que desembocan en un infarto o un ictus", ejemplifica Manzano.
Para evitar diagnosticar la enfermedad cuando el daño ya es irreversible, las especialistas coinciden en que la prevención no debe esperar a que la regla se retire por completo. La perimenopausia —los años previos a la última menstruación en los que ya existen fluctuaciones hormonales— es la gran ventana de oportunidad. "Suele ser un momento en el que muchas mujeres consultan al ginecólogo, a veces por primera vez. Es el momento ideal para hacer una valoración integral", señala Andrea.
En consulta, este chequeo preventivo "personalizado" abarca desde la exploración física y ecográfica —donde Elena Vicente destaca la observación del trofismo mucoso o el estado atrófico del endometrio— hasta analíticas completas de perfil lipídico y glucémico, control de la tensión arterial y la indicación a tiempo de la densitometría ósea para detectar la pérdida de masa ósea en estadios tempranos.
"La osteoporosis solo da síntomas cuando la mujer tiene una fractura, lo que significa que el hueso ya no aguanta ni su propio peso"
Terapia hormonal y estilo de vida: "Hay que perder el miedo"
Pero, sin duda, uno de los mayores avances en la práctica clínica actual, según la especialista, es la revisión de los mitos que han rodeado a la Terapia Hormonal de la Menopausia (THM) y que el reciente estudio también trata de desterrar. La especialista relata cómo los recelos sociales y médicos heredados de estudios publicados a comienzos de los 2000 pertenecían a tratamientos con estrógenos sintéticos u orales de difícil metabolización. "Incluso se usaban estrógenos conjugados equinos extraídos de la orina de la yegua... Ahora disponemos de terapia bioidéntica", aclara Vicente. Se tratan de las mismas hormonas que la mujer fabricaba y que con la menopausia ya no lo hace.
"Es muy similar a lo que ocurre con la del tiroides: te falta tiroxina y la repones", añade. Los riesgos no son añadidos porque "el cuerpo tiene receptores exactos para esa molécula". No obstante, sí que subraya la importancia de respetar la conocida como "ventana de seguridad", iniciando el tratamiento antes de los 60 años o dentro de los primeros 10 años desde la última regla. La especialista reivindica que la terapia "no solo es segura", sino que previene el deterioro de los tejidos antes de que se creen lesiones irreversibles.
En esta misma línea se pronuncia Manzano, quien apoya el uso de las guías de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) para prescribir tratamientos de manera individualizada. No obstante, afirma que tampoco se puede ver como "una pócima milagrosa" para todas las mujeres. "Debemos valorar sus riesgos y beneficios en una decisión compartida con la paciente", afirma.
Pero toda terapia hormonal también tiene que venir acompañada en consulta de una prescripción firme de hábitos saludables. "El entrenamiento de fuerza es fundamental contra la pérdida muscular y ósea, sumado al ejercicio aeróbico y de movilidad", enfatiza Andrea. A lo que añade Elena la importancia del Omega-3 y la Vitamina D para la salud cardiovascular, ósea e inmunológica, así como la "hidratación genital precoz con estrógenos locales o ácido hialurónico para prevenir el síndrome genitourinario e infecciones futuras".
Un cambio necesario de paradigma para ganar calidad de vida
Superar el abordaje fragmentado de la salud femenina implica entender que el organismo funciona como un todo interconectado. "Hay que cambiar la consulta actual de 'una persona, un síntoma y lo trato'", reflexiona la ginecóloga Andrea. "Si digestivamente no estás bien, ginecológicamente también puedes tener problemas. Esta atención debe coordinarse con Atención Primaria y otros especialistas porque la menopausia se está convirtiendo en una cuestión de salud integral", explica. El objetivo, apunta la ginecóloga, debería ser que ninguna mujer llegue a la menopausia sin recibir información y sin una valoración adecuada de su salud, "aunque no tenga síntomas llamativos ni sofocos".
Esta perspectiva exige romper con la visión clásica y avanzar en el conocimiento médico. "Es verdad que se está avanzando mucho, pero aún creo que hay muchas cosas en las que podemos mejorar. Como ginecólogos desempeñamos un papel fundamental, pero la menopausia es una oportunidad que nos dan las mujeres para incidirles en la prevención", añade Andrea. Una prevención que ambas expertas inciden en que lo ideal es que empiece hasta 10 años antes de la menopausia.
El mensaje que ambas quieren enviar conecta la evidencia científica con el gran reto demográfico de nuestro siglo. "Hasta 1900 la esperanza de vida era de 45 años, realmente no había gente en menopausia tantos años", contextualiza Elena Vicente. En el último siglo, la esperanza de vida media ha pasado hasta los 86 años. "Si hemos ganado años, lo que queremos es ganar calidad de vida. Ahí está el reto: en conocer cada vez mejor qué nos pasa para poder aportar las soluciones buscando siempre la calidad de vida", concluye.
