“Es un cuadro médico que se puede presentar en el embarazo. Generalmente, está precedido una preeclampsia, aparece después de la semana 20 de embarazo por definición, o bien en el puerperio o durante el parto”, indica la ginecóloga Isabel Fernández.

Un 50 por ciento de los casos se produce entre las semanas 20 y 37, un tercio después de la semana 37, durante el parto y en las primeras 48 horas tras el parto y el resto de los casos a partir de transcurridas 48 horas del parto.

Hace tiempo se pensaba que era el resultado final de la preeclampsia (de ahí su nombre), sin embargo en la actualidad se considera que las convulsiones son una manifestación de una preeclampsia grave, más que una enfermedad diferente.

La eclampsia continúa siendo una causa frecuente de mortalidad materna. Aparece en 1 de cada 1.000 embarazos y en 2 de cada 100 preeclampsias graves si la mujer no recibe profilaxis anti-convulsivante (tratamiento preventivo para evitar las convulsiones). La incidencia de eclampsia en las preeclampsias moderadas es del 0,5 por ciento.

Durante la convulsión e inmediatamente después de la misma se suele producir un enlentecimiento de la frecuencia cardiaca del feto de 2 a 5 minutos de duración. En estos casos, la estabilización de la madre suele ser suficiente para que el feto se recupere. Tras la convulsión materna, la frecuencia cardiaca del feto suele aumentar (taquicardia compensatoria), asociándose a veces con disminuciones transitorias de la frecuencia cardiaca. Si la frecuencia cardiaca fetal no se recupera en 10-15 minutos, está indicada la inducción del parto.

De hecho, algunas mujeres con eclampsia tienen signos premonitorios (dolor de cabeza, dolor abdominal, alteraciones visuales) en las horas previas a la convulsión. Por ello, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) apuesta por tomar la tensión a la gestante para tener un diagnóstico precoz. “Todas las mujeres que prevean quedarse embarazadas deberían conocer los valores de su tensión arterial antes de la gestación", aseguran.

Sin embargo, en otras ocasiones, las convulsiones no están precedidas por síntomas premonitorios, y son la primera manifestación de la enfermedad.

Entre las causas identificadas como parcialmente responsables de fallo en la prevención de la eclampsia se encuentran:

- Error médico.

- Falta de cuidados prenatales.

- Falta de eficacia del magnesio.

- Desarrollo en el postparto tardío.

- Desarrollo antes de la semana 21 de gestación.

A pesar de todo, muchos casos de eclampsia no pueden prevenirse, incluso en mujeres con atención prenatal correcta u hospitalizadas.

No obstante, las nuevas tecnologías son una gran fuente de ayuda. Tal y como relata la ginecóloga, también hay algoritmos que permiten la predicción de la eclampsia y la preeclampsia. “A través del cribado de las pacientes con factores inherentes a la propia paciente, pero también factores bioquímicos de que se determinan, analíticas de sangre y parámetros ecográficos.

Fundamentalmente lo que se mide es la circulación de sangre en las arterias uterinas y con eso se estima una predicción de riesgo, que es lo más importante al final, cribar a las pacientes que en el primer trimestre del embarazo ya se presupone que tiene un riesgo aumentado de presentar trastornos hipertensivos, hipertensión normal, preeclampsia o eclampsia y en este caso pues controlar los embarazos más exhaustivamente, poner aspirina y en caso necesario finalizar antes el embarazo”, asegura Fernández.

Los objetivos del tratamiento son:

Las convulsiones debidas a la eclampsia suelen desaparecer tras el parto en horas o pocos días. El mejor indicador de la evolución de la preeclampsia/eclampsia es la cantidad de orina que se produce, aunque nunca garantiza que no pueda producirse una convulsión.

Los fármacos anticonvulsivantes se suelen seguir administrando 24-48 horas tras el parto, cuando el riesgo de reaparición de convulsiones es bajo. La duración del tratamiento anticonvulsivante  a partir de ese momento depende del estado de la paciente. Así, se mantiene en las mujeres que no mejoran en el postparto y se retira en aquellas que muestran una clara mejoría.

El riesgo de que vuelva a producirse una eclampsia en otros embarazos es del 2 por ciento.

Los embarazos posteriores de mujeres con historia de preeclampsia/eclampsia tienen mayor riesgo para desarrollar complicaciones (desprendimiento prematuro de placenta, parto prematuro, retraso del crecimiento intrauterino, mortalidad perinatal, preeclampsia  de repetición) que los de mujeres sin antecedentes. El mayor incremento del riesgo se produce en los casos en los que la preeclampsia/eclampsia se produjo antes de la semana 28 de la gestación.

Un 24 por ciento de mujeres con historia de preeclampsia/eclampsia desarrollará hipertensión arterial crónica con el tiempo.

Las causas principales de mortalidad fetal en la eclampsia son: