El 30 de julio, Ceuta se puso en alerta. La calma veraniega se rompió en el espigón del Tarajal. A través de ese punto de la frontera entre España y Marruecos, más de 50.000 migrantes cruzaron hacia la urbe norteafricana. Las calles se coparon de personas que avanzaban desorientadas, mientras parte de la población se recluía. Fuerzas de seguridad y sistema sanitario aceleraban en sus labores para el sostenimiento del escenario crítico. Horas después, parte de los individuos regresaban a territorio marroquí. En la ciudad, el sosiego estival se recupera con lentitud, pero queda una herida abierta que perseguirá a su población durante las próximas semanas: la de salud mental.
Dolores Escalante no se encontraba en Ceuta en el momento del suceso. Sin embargo, no dejaba de recibir mensajes de preocupación desde su entorno. La ciudad estaba desbordada. "Daba mucha pena ver a tantas personas en la calle necesitando asistencia, pero obviamente no hay los recursos suficientes para atender a un grupo que es más de la mitad de la población ceutí", ha explicado. Un grupo, al igual que los propios habitantes del enclave español, víctima de la geopolítica global.
La citada preocupación se transforma en tensión y alteración. Dos elementos que inciden en la salud mental de las personas. Bien lo sabe Escalante, presidenta del Colegio Oficial de Psicología de Ceuta. “En un episodio así, lo primero que aparece a nivel psíquico es el 'shock', al no poder afrontar los hechos. Este estado puede derivar en una activación emocional conducida por la rabia, en ocasiones, causante de conductas agresivas”, ha explicado a Redacción Médica.
Una fase que puede requerir de atención profesional. En este sentido, la entidad colegial cuenta con un grupo de intervención en situaciones de emergencia, que se ha puesto a disposición de la ciudad, la Delegación del Gobierno, las Fuerzas de Seguridad y el resto de actores y personas afectadas por la crisis. Es más, la institución ha lanzado una serie de pautas para la recuperación emocional tras los días vividos.
Aluvión en los próximos días
Mientras se recupera la rutina, Escalante y el resto de psicólogos de Ceuta se preparan. Una vez resueltos los aspectos más acuciantes de la crisis, la presidenta de la institución profesional prevé que el teléfono no deje de sonar. "Esperamos que suceda lo mismo que después de la pandemia y la situación se desborde", ha lamentado. Bajo su prisma, cuando llega la tranquilidad, la parte emocional empieza a aflorar y, por ende, la sintomatología de distintos trastornos mentales. "Se abandona el modo de supervivencia y ahí empieza a despertar todo", ha aclarado.
"Esperamos que suceda lo mismo que después de la pandemia y la situación se desborde"
En este sentido, la psicóloga cree que los más afectados van a ser las personas que participaron en las tareas de control, como policías y militares. El cansancio hace mella en su 'psique' tras días de impotencia y desbordamiento. "Ya hemos acordado con las autoridades empezar a trabajar con ellos a nivel individual y grupal", ha comentado Escalante. Una problemática que también puede incidir en los sanitarios tras días de jornadas maratonianas para atender a migrantes heridos en el cruce de fronteras. En concreto, el Hospital Universitario de Ceuta y los centros de Atención Primaria de la urbe han atendido a 613 personas desde el jueves. Además, han registrado 12 hospitalizaciones.
Incremento de las listas de espera
Más allá de los intervinientes en la crisis, se prevé que decenas de ciudadanos requieran de atención psicológica. Sin embargo, Escalante ha reconocido que no será fácil prestar servicio a todo el mundo. "Ceuta tiene una de las ratios más bajas de psicólogos en el ámbito público de España. De por sí, los pacientes tardan meses en recibir fecha y hora de consulta. Imagínate ahora", ha aseverado. Un escenario que tampoco mejora en el espectro privado, caracterizado también por la escasez de profesionales, dado el tamaño de la ciudad. “Ni siquiera el que pueda pagárselo tendrá garantizada una cita inmediata”, ha agregado.
Por ello, la presidenta del organismo colegial reclama el refuerzo de la profesión en la infraestructura pública sanitaria. "Cuando hay psicólogos en áreas como Atención Primaria disminuye la depresión y la ansiedad, además del empleo de medicación por parte del paciente", ha asegurado. De momento, el gremio batalla con el Instituto Nacional de la Gestión Sanitaria (Ingesa) -organismo que ostenta la competencia sanitaria de las ciudades autónomas- para ampliar las plazas destinadas a este perfil asistencial.
Pese a esta compleja realidad, Escalante ha insistido en acudir al psicólogo -siempre colegiado- en caso de que la sintomatología no remita. "Al igual que en 2021, será complicado, pero nuestra profesión está disponible para todo el mundo", ha sentenciado. Tras la tormenta, Psicología aparece para coser las heridas que no cierran. Su propósito no distingue de fronteras.
