Publicada
Actualizada

Hace apenas dos meses, Marta llegó junto a su pareja a una pequeña farmacia rural de Tarragona con dudas, un poco de vértigo ante lo desconocido y una idea preconcebida sobre lo que significaba ejercer lejos de la ciudad. "Pensaba que en el ámbito rural la gente estaba más desatendida, pero te sorprende mucho porque es justo lo contrario", comenta sorprendida a Redacción Médica. Tras cinco años trabajando en oficinas de farmacia y pasar a ser docente en un instituto, esta farmacéutica decidió, junto a su pareja, dar el salto y apostar por una farmacia mucho más cercana con las personas.

"Llevaba años rondándome en la cabeza", asegura la sanitaria, que cuando vio una oportunidad no se lo pensó dos veces. Su día a día pasa ahora entre reformas y papeleo para poner a punto su establecimiento, mientras amplía los servicios para responder a las necesidades de los vecinos, que, según cuenta, les han acogido "como si fueran parte ya del pueblo".

De la gran ciudad a un pequeño pueblo en Tarragona

Dar el salto de Barcelona al entorno rural no estaba en los planes iniciales de Marta. Natural de Viladecans, esta farmacéutica había trabajado en varias oficinas de farmacia del área metropolitana, aunque las condiciones laborales terminaron llevándola hacia la docencia. "Las condiciones cuando eres asalariado en una oficina de farmacia y estás en una gran ciudad no son buenas", explica Marta, que detalla cómo los horarios se vuelven muy complicados y, económicamente, "los salarios tampoco son los mejores".

Mientras ejercía como profesora de Física y Química en un instituto, ella y su pareja llevaban unos tres años buscando una farmacia en esta zona de Tarragona, próxima a donde él había crecido. "Ya es complicado encontrar una farmacia y, además, que esté en una zona rural", reconoce. Pero cuando finalmente apareció la oportunidad, también lo hicieron las dudas. "Me daba bastante respeto porque no conocía la zona", afirma. Incluso, recordando sus experiencias anteriores, se llegó a preguntar si conseguiría adaptarse: "Pensaba: 'Madre mía, ¿y si cojo esto y luego me marcho a los tres meses?'".

Pero finalmente decidió asumir el riesgo bajo una premisa clara: "No lo sabré hasta que no lo pruebe". Marta cuenta que el anterior dueño de la farmacia vivía a una hora de distancia y ya no le resultaba cómodo desplazarse. También el establecimiento tenía un horario reducido y no lograba cubrir toda la demanda de la zona. "Era algo que queríamos cambiar completamente", subraya. Dos meses después, Marta asegura estar "muy contenta" con la decisión, a la que se suma ahora un proyecto personal de arreglar una casa en la zona junto a su pareja y comenzar allí una nueva vida.

Una atención farmacéutica mucho más personalizada

La sanitaria reconoce que uno de los aspectos que más le han sorprendido es la "relación especial" que se crea con los pacientes. Frente al tránsito constante de personas característico de la gran ciudad, en el pueblo el vínculo es mucho más estrecho, permitiendo conocer de primera mano las necesidades de cada vecino. "Acabas conociendo a la gente por su nombre y te acuerdas de la medicación que toma cada persona", ejemplifica la farmacéutica.

Una cercanía que, además, permite ofrecer una atención mucho más personalizada y un seguimiento más estrecho de los tratamientos. "Es casi como si hicieras un sistema personalizado de dosificación, porque conoces su medicación y estás mucho más pendiente de cada caso", señala. A lo que se suma un contacto más directo con los médicos de la zona, facilitando "la gestión de algunos trámites y detectar con rapidez posibles duplicidades o incongruencias en la medicación", según comenta.

Sin embargo, la relación con los vecinos va más allá de la propia atención sanitaria. Marta reconoce que, precisamente, uno de sus mayores temores que tenía era perder la privacidad que había ganado en la gran ciudad. Pero la experiencia, como ocurre muchas veces en la vida, ha dado la vuelta a ese miedo, convirtiéndose en una de sus mayores satisfacciones. "Desde el principio, la gente te acoge. Es muy bonito porque confían mucho en ti y eso es algo que valoro muchísimo". Una confianza que, asegura, también se traduce en pequeños gestos del día a día. "Al final, también te cuidan: de vez en cuando te traen un bizcocho o tienen algún detalle contigo".

"Es casi como si hicieras un sistema personalizado de dosificación, porque conoces su medicación y estás mucho más pendiente de cada caso"

"La gente se imagina que en el ámbito rural estamos desatendidos, y yo te diría que no"

Su llegada a una farmacia rural también ha servido para desmontar algunas de las ideas con las que los estudiantes salen de la carrera sobre la atención sanitaria en los pueblos. Marta afirma que, por haber crecido en el área metropolitana de Barcelona, tenía "una visión muy centrada en la ciudad". Consideraba que los servicios fuera de ella siempre eran más limitados. "Pensaba que todo lo teníamos allí y que en el resto de zonas no había de nada", admite.

Por este motivo, llegó con la idea de que la gente en el ámbito rural está más desatendida. "Pero a mí, en esta zona, me ha sorprendido que es justo lo contrario", sostiene. En su día a día ha comprobado que la cercanía permite ofrecer un seguimiento mucho más próximo. "Tienen un farmacéutico que realmente los conoce y los cuida", destaca. Incluso, cuando algún vecino lo necesita, se desplaza hasta su domicilio para acercarle la medicación.

Marta también ha logrado introducir cambios para mejorar el acceso a los medicamentos, como cambiar de distribuidor y apostar por una cooperativa local, con la que ya trabajan otras farmacias de la zona. "Estoy muy contenta porque la gente se sorprende al ver que ahora tiene todas las referencias a su alcance", señala. Este cambio ha permitido, además, agilizar el reparto, de tal forma que los vecinos puedan recibir por la tarde un fármaco solicitado por la mañana.

Todavía queda un largo camino para tener su farmacia lista. Marta habla de renovar el establecimiento con un nuevo mostrador, un despacho y una zona destinada a la elaboración de fórmulas magistrales. También tiene la mirada puesta en las residencias de la zona. "Me gustaría trabajar con ellas a corto o medio plazo", añade, gracias, en parte, a la experiencia que ya tiene. Pese al vértigo de lo nuevo y al miedo a no encajar, dos meses después, Marta mira al futuro con la ilusión y la certeza de haber tomado la decisión correcta.

Noticias relacionadas