Publicada

La pérdida demográfica en los pueblos de la España vaciada resulta cada vez más preocupante. El éxodo rural y la falta de relevo generacional ponen contra las cuerdas a unos vecinos que vaticinan un futuro incierto. Sin embargo, todavía quedan profesionales que ven las zonas rurales como una oportunidad para desarrollar su actividad profesional y encontrar una vida más tranquila alejada del ruido de las grandes ciudades. Es el caso de Álvaro Vázquez y Paula Serrano, una pareja de farmacéuticos que han dejado atrás su vida en Santiago de Compostela para adquirir una farmacia en un pequeño pueblo de Lugo, de menos de 90 habitantes, y prestar atención farmacéutica a los vecinos de la zona.

Desde una de las ventanas de la farmacia de Currelos, en O Saviñao (Lugo), Vázquez contempla un impresionante paraje natural. Da igual hacia dónde mire; todo tiene un intenso color verde. "Estamos rodeados de bosque", detalla a Redacción Médica. Llevan desde febrero viviendo en el pueblo y, lejos de echar de menos la ciudad, ambos reconocen estar "contentísimos" de la decisión que han tomado. "La vida es mucho más tranquila y con los pacientes entablas una relación casi personal. Somos una de sus referencias sanitarias", han reconocido.

Mudarse de una gran ciudad a un pueblo no entraba dentro de sus planes. Ambos se conocieron durante la carrera de Farmacia, en Santiago de Compostela y, una vez terminada, prepararon el examen FIR, aunque a Vázquez no fue una idea que le terminara de convencer. "Mi objetivo siempre ha sido ser propietario de una farmacia", ha subrayado.

Del examen FIR a comprar una farmacia en una zona rural

Tras presentarse al examen FIR y no obtener la puntuación necesaria para una plaza, ambos decidieron que su siguiente paso sería adquirir una farmacia, pero antes querían obtener experiencia laboral. Se mudaron a Canarias para trabajar, pero rápidamente echaron de menos sus raíces y regresaron a Santiago de Compostela, de donde es Vázquez, y comenzaron a ejercer en una farmacia de la ciudad. "Estaba muy contento, pero quería dar el salto cuanto antes y tener mi propio establecimiento", se ha sincerado.

No obstante, con su salario era inviable comprar una farmacia en la ciudad y, con la intención de quedarse en el norte, comenzaron la búsqueda de una propiedad asequible donde desarrollar su trayectoria profesional. Fue entonces cuando encontraron la botica de Currelos y, desde el primer momento, les encandiló. "Nos encajó y todo el proceso fue muy rápido. La vimos en noviembre y en febrero de 2026 ya estábamos trabajando", ha relatado.

Farmacia de Currelos

Antes del proceso, Vázquez y Serrano consultaron con otros profesionales para conocer los entresijos de gestionar una farmacia. "Nos lo pintaron mucho más duro de lo que es", reconocen. Es cierto que es una aventura en la que hay que aprender aspectos que van más allá de lo puramente sanitario, como la gestión y la organización de un negocio. Pero, por el momento, lo están llevando de una manera adecuada.

Quizá la parte más complicada, según añaden, es que son los únicos trabajadores, y compaginar la atención diaria de más de 40 personas con las necesidades del establecimiento se puede hacer cuesta arriba. Sin embargo, no cambian su decisión, y una de las mayores ventajas que resaltan es que pueden implantar las mejoras que ellos consideran con total autonomía y sin necesidad de dar explicaciones a un superior.

Mejoras en la farmacia rural

Desde que llegaron han tenido una meta clara: mejorar la atención que se le da a los pacientes desde la farmacia, y ya han implantado algunos servicios que los habitantes agradecen, como el servicio de sistemas personalizados de dosificación (SPD), mediante el que el farmacéutico organiza los medicamentos que debe tomar cada paciente según su pauta. "Cuando llegamos no existía, y lo hemos incluido. Creemos que con ello ha mejorado mucho la adherencia terapéutica", han reconocido, y añaden que, cuando les sea posible, colocarán un servicio de mediación del colesterol. "Pensamos que es una medida útil que tendrá una gran aceptación entre los vecinos", ha subrayado.

Aunque las zonas rurales no ofrecen el ocio y la vida social de una ciudad, a Vázquez y Serrano no les importa. Entre semana están totalmente implicados con su trabajo y, una vez que cierran los sábados a las 14:00, aprovechan el tiempo para disfrutar de su relación, dar paseos por la naturaleza, mejorar el vínculo con sus vecinos y, en definitiva, vivir una vida tranquila. "No volveríamos a Santiago de Compostela nunca", han reconocido. No obstante, tampoco saben lo que les deparará el futuro. Son felices en una farmacia rural en la que han depositado todas sus esperanzas y que, por el momento, es económicamente "viable".