Las olas de calor han dejado de ser episodios puntuales para convertirse en una constante de los veranos en nuestro país. Con temperaturas cada vez más elevadas y prolongadas,las farmacias también han tenido que adaptarse a un escenario en el que no solo es imprescindible garantizar la correcta conservación de los medicamentos, sino también reforzar el consejo sanitario a una población especialmente vulnerable, como personas mayores o pacientes con enfermedades crónicas.
En los últimos años, la farmacia comunitaria ha intensificado sus recomendaciones sobre hidratación, fotoprotección y el uso de determinados medicamentos que pueden aumentar el riesgo de sufrir complicaciones durante los episodios de calor extremo. Un papel asistencial que, según explican dos titulares de oficina de farmacia consultados por Redacción Médica, evoluciona al mismo ritmo que lo hace la concienciación de la población.
Jaime Arnaiz, titular de una farmacia en Madrid, considera que "el cambio es evidente tanto desde el punto de vista de la organización interna como del comportamiento de los propios usuarios". Aunque asegura que, en su caso, cambiarse de establecimiento le ha permitido incorporar tecnología más avanzada para afrontar cualquier episodio de altas temperaturas.
Entre las mejoras destaca un robot de almacenamiento con sistema propio de climatización que mantiene los medicamentos siempre por debajo de los 17 grados, independientemente de la temperatura existente en el resto de la farmacia. "El objetivo es ofrecer las máximas garantías en la conservación de los tratamientos incluso durante los días más calurosos del verano", explica.
Hidratación y fotoprotección
Sin embargo, donde Arnaiz aprecia un cambio más significativo es en los hábitos de los pacientes. Un indicador llamativo, según explica, es la venta de agua embotellada. "Hasta hace unos años vendíamos unas mil botellas al año y ahora estamos vendiendo al menos unas 8.000", señala, un incremento que interpreta como un reflejo de una mayor preocupación por mantener una correcta hidratación.
La evolución también se aprecia en otra categoría de productos estrechamente vinculada al verano. "Los protectores solares siguen creciendo año tras año y la gente cada vez está más concienciada de la importancia de protegerse del sol", afirma el farmacéutico madrileño, que considera que las campañas de prevención y el mayor conocimiento sobre los riesgos de la radiación solar están modificando progresivamente los hábitos de la población.
La realidad es diferente en el entorno rural. Moisés Fernández-Roldán, titular de una farmacia en un municipio de Toledo, reconoce que las altas temperaturas sí han obligado a introducir pequeños cambios organizativos, aunque no tanto en la atención sanitaria.
En concreto, ha decidido retrasar media hora la apertura y el cierre de la farmacia durante las tardes de verano para evitar las horas de mayor calor, una medida orientada tanto al bienestar de los trabajadores como de los propios usuarios.
Mensajes de prevención
A diferencia de lo observado en Madrid, Fernández-Roldán asegura que no ha detectado un incremento relevante de consultas relacionadas con golpes de calor, deshidratación o ajustes de tratamientos en pacientes vulnerables. Aun así, considera que la labor preventiva de la farmacia sigue siendo esencial.
Entre las recomendaciones que transmite habitualmente figuran mantener una adecuada hidratación, evitar la exposición solar durante las horas centrales del día y prestar especial atención a determinados medicamentos que pueden favorecer complicaciones durante los episodios de calor.
En este sentido, recuerda que "algunos antihistamínicos de primera generación pueden disminuir la sudoración y aumentar el riesgo de golpe de calor, mientras que otros fármacos, como determinados diuréticos o el ibuprofeno, requieren extremar las precauciones por su relación con la deshidratación o la fotosensibilidad".
Aunque la intensidad del impacto varía entre unas farmacias y otras, ambos profesionales coinciden en la idea de que el calor extremo ya forma parte de la práctica diaria de la farmacia comunitaria cuando llegan estas fechas. La adaptación de las instalaciones, la vigilancia sobre la conservación de los medicamentos y un mayor esfuerzo en educación sanitaria se consolidan como herramientas clave para responder a unos veranos que, todo apunta, seguirán siendo cada vez más exigentes.
