Reclutar pacientes con cáncer avanzado para participar en estudios de investigación en Enfermería se convierte, en muchas ocasiones, en un auténtico 'viacrucis' para las profesionales. Así lo revela un reciente estudio descriptivo cualitativo publicado en la revista BMC Medical Education, que ha analizado las experiencias de los estudiantes de posgrado de Enfermería a la hora de invitar a participar en ensayos a este perfil de pacientes tan delicado.
El estudio, llevado a cabo entre mayo y septiembre de 2024 a través de entrevistas en profundidad a 21 enfermeros de posgrado en Wuhan (China), pone de manifiesto que este proceso de reclutamiento es una trayectoria llena de obstáculos, rechazos y dudas, pero que finalmente culmina en un fuerte crecimiento personal y profesional.
El principal problema al que se enfrentan los enfermeros investigadores es la rotunda negativa de los pacientes y sus familias a participar. El estudio señala que los pacientes suelen rechazar colaborar argumentando su reticencia a hablar sobre la muerte, el miedo a que la investigación interfiera negativamente en su tratamiento médico o, simplemente, la falta de energía.
A esto se suma la oposición frontal de los familiares. Muchos temen que el simple hecho de plantear una investigación sobre el final de la vida hunda psicológicamente al enfermo. "Por favor, no le hables a mi madre de estas cosas. Ya está muy ansiosa", relata uno de los testimonios recopilados.
Evitando el "trauma secundario"
Esta barrera inicial provoca en los enfermeros lo que el estudio denomina una caída en la "duda sobre sí mismos". Los profesionales llegan a cuestionarse si tienen problemas de comunicación, si se han equivocado al elegir su tema de investigación o si el propio estudio carece de valor real para los pacientes. Además, experimentan un miedo constante a causar un "trauma secundario" en enfermos que ya se encuentran en situación de extrema fragilidad física y emocional.
Sin embargo, el estudio destaca un giro positivo en esta dinámica. Los enfermeros desarrollaron una profunda empatía al conocer las historias de vida de estos pacientes. Aprendieron a realizar "ajustes psicológicos", entendiendo que el rechazo del paciente no era algo personal contra ellos. Asimismo, la investigación apunta que descubrieron que la clave para derribar los muros de la desconfianza residía en hacer sentir "seguros" a los enfermos.
