En sus primeros contratos como enfermero en España, Guillermo Martín aprendió a hacer las cosas deprisa. "Le lanzas las pastillas, le cuelgas el suero: "Buenos días, Paco", y te vas echando leches", resume. De hecho, no tenía tiempo ni para preguntar al paciente cómo se encontraba, qué sentía, si necesitaba algo o simplemente saber si estaba triste o contento.
Hoy, este motrileño de 27 años trabaja en Noruega y, más allá del sueldo, el frío o las horas de sol, una de las cosas que más le llama la atención del país es su método asistencial. "En vez de tener 12 o 15 pacientes en un turno de mañana, tienes dos o tres", explica en su conversación con Redacción Médica. A pesar de ello, su marcha de España no fue una huida, sino que "fue premeditado".
No le empujaron unas condiciones laborales que, sin llegar a llamar "deplorables", sí considera "distintas" a las noruegas. Le movían las ganas de probar el extranjero, y cuanto antes, mejor: "Cuanto más joven eres, más facilidad tienes para amoldarte". La elección del país tampoco fue al azar, pues estuvo en un viaje familiar en 2024 y "fue un país que me llamó mucho la atención. Diferente con muy buenas condiciones laborales, buen salario, buena calidad de vida", cuenta Martín.
Emigrar siendo enfermero
Lo cierto es que en segundo de carrera ya tenía claro que quería trabajar allí. La señal definitiva llegó en plena pandemia, cuando empezaron a aparecerle anuncios para reclutar enfermeros españoles con destino al país escandinavo. "No podía haber una mayor señal", recuerda. "Me puse en contacto con una agencia y fue todo prácticamente sobre ruedas, para que cuadrara todo unos meses después de terminar la carrera", cuenta el enfermero.
"En España faltan enfermeros y médicos, pero el problema es que no se contrata"
Pero no solo eso, sino que "la agencia me formó en noruego" y después se puso en contacto con una empresa de trabajo temporal en Noruega, a través de la cual trabaja para el sistema sanitario público. Pero antes de embarcarse en esta aventura, quiso vivir la experiencia en España, por lo que cuando terminó la carrera en junio de 2021, encadenó los contratos de verano y en febrero de 2022 hizo las maletas. No se presentó al EIR, ni piensa hacerlo.
La mayor diferencia entre España y Noruega
Desde entonces ha pasado por casi todos los servicios: atención domiciliaria, residencias de mayores, planta de hospital y Urgencias. La rutina, asegura, no difiere tanto de la española; lo que cambia es la carga. En España vas "como pollo sin cabeza, extenuado, sin tiempo ni para comer ni para hablar con los pacientes", cuenta. Sin embargo, en Noruega, la "diferencia sustancial es que, en vez de tener 12 o 15 pacientes en un turno de mañana, tienes dos o tres".
Esto se nota en la calidad asistencial, pues en España "no tienes tiempo de entablar una relación cordial, de conocer al paciente, de preguntarle cómo se siente". Esto es importante, ya que el cuidado, sobre todo en enfermería, "tiene que ir enfocado al paciente de manera integral", no solo a nivel médico. En el país nórdico, tienes tiempo para "hacer tu trabajo con calma, entablar una relación con el paciente y enfocar la asistencia también hacia lo psíquico".
Guillermo Martín, el enfermo español trabajando en Noruega
Esta es "una de las mayores diferencias que encuentro entre Noruega y España", destaca el enfermero. El cambio también se nota en cómo trabaja él. "En España a veces ibas en piloto automático", recuerda. Allí tiene tiempo para pensar lo que hace. No obstante, reconoce que el ritmo noruego, a veces, peca de lo contrario. "Los noruegos son muy tranquilos, eso hay que decirlo. A veces, de más".
"En Noruega los médicos saben cómo se llaman las enfermeras"
Otra diferencia que destaca Guillermo es la relación de los enfermeros con los médicos. En Noruega, ese trabajo "es mucho más cercano", de hecho, en España "casi nunca hablabas con el médico. Venía, estaba dos minutos en planta con el paciente y a lo mejor ni sabía cómo te llamabas", cuenta Guillermo. En el país escandinavo, sin embargo, la relación es diferente, el enfermero se sienta con él, le pregunta cómo ha visto al paciente, si cree que habría que subir la dosis o cambiar la frecuencia.
"Entregas un currículum mañana en una planta y tienes tu plaza fija"
"Tu aportación a nivel de tratamiento es bestial y tu figura es mucho más importante, al menos desde mi punto de vista, que en España", explica Martín. Además, el enfermero destaca, a nivel anecdótico, que "los médicos saben cómo te llamas. En España recuerdo muy pocas veces que un médico se acordara de mi nombre".
Unas condiciones laborales mejores
Por otro lado, hay que hablar de las condiciones laborales y, en lo económico, la comparación no admite discusión. Noruega tiene, gracias al petróleo, un poder económico "descaradamente superior" al de España, y aunque la enfermería no está entre las profesiones mejor pagadas del país, el salto es grande. "El doble, a veces el triple o incluso el cuádruple, depende mucho del mes".
Por su parte, la jornada es parecida, de unas 37 horas y media semanales, con turnos de mañana, tarde y noche. Pero los relevos se solapan y se pagan: nada de llegar un rato antes por una norma no escrita, como recuerda de España. Igualmente, las noches suelen ir agrupadas en ciclos de dos o tres, seguidas de varios días libres, y en algunos servicios hay turnos de 12 horas los fines de semana.
"Eso en España no lo he visto nunca: siempre son las típicas ruedas de tres mañanas, dos tardes y una noche, o dos mañanas, dos tardes y una noche, y luego tres o cuatro días libres", cuenta el enfermero. Pero no todo le convence. Algo que dice que no le gusta en absoluto son las "tardes-mañana", donde "trabajas por la tarde y entras a la mañana siguiente". "Te acuestas y no te duermes, porque todavía tienes adrenalina en el cuerpo, y luego tienes que madrugar mucho", detalla.
Uno de los aspectos que más sorprenden del sistema sanitario noruego es cómo se accede al empleo. Allí el grado de Enfermería dura tres años, uno menos que en España, y se nota que los españoles llegan "más curtidos", con más prácticas a sus espaldas, pero no hay oposiciones. "Entregas un currículum mañana en una planta y tienes tu plaza fija", asegura.
"Estando en Noruega me he dado cuenta de que las oposiciones no son necesarias"
Esa estabilidad temprana, explica, tiene efectos que van más allá del trabajo. Con un contrato fijo es fácil conseguir un préstamo, comprar una vivienda y formar una familia. "Aquí la gente es padre o madre joven y propietaria de vivienda con 22 o 23 años, recién salida de la carrera".
Guillermo Martín, el enfermo español trabajando en Noruega
El problema del sistema español
El caso de Guillermo no es un caso aislado, y lo cierto es que España sufre "sin ningún tipo de duda" una fuga de talento sanitario. "La gente joven se está dando cuenta de que insertarse en el mercado laboral en España es una quimera". Se trata de un sistema con "muchísimas trabas", por eso "entiendo que la gente se canse, que quiera un poco más de tranquilidad, probar cosas nuevas, ahorrar, construirse un futuro".
Igualmente, "en España faltan enfermeros y médicos, pero el problema es que no se contrata", sostiene. Tanto es así, que considera al sistema MIR "muy injusto" y asegura que, mientras se mantenga, no se plantea volver a trabajar en España. "No creo que sea justo que para tener un trabajo fijo tengas que presentarte a un montón de exámenes", argumenta. "Hay gente de 40 o 50 años que todavía no tiene plaza, y eso va en contra de cualquier principio para tener una vida tranquila".
Tanto es así que "estando en Noruega me he dado cuenta de que las oposiciones no son necesarias". Además, en el país nórdico, todo el mundo dice que los médicos, enfermeros y auxiliares españoles "somos unas máquinas". "Estamos mejor valorados los sanitarios españoles fuera de España que en nuestro propio país". A su juicio, es "un fallo de base del sistema", que está provocando que se vaya cada vez más gente, "y cada vez más joven".
Las consecuencias, advierte, no se verán solo en las cifras de emigración. La generación mayor se jubila y quienes deberían relevarla están fuera. "Muchos volverán, evidentemente, pero muchos seguirán en el extranjero, y ahí se va perdiendo la calidad del sistema". Pide reformas institucionales que hagan que España "cambie el chip" a nivel administrativo y abra oportunidades a los sanitarios jóvenes, aunque reconoce que no está en su mano. "Me da mucha pena, pero al final uno tiene que mirarse el ombligo".
No es desapego. Echa de menos España y defiende su calidad de vida. "Me gustaría vivir allí si pudiera", admite. Pero hace cuentas y le salen en contra: a nivel laboral y de futuro, cree que España no le aportaría "ni la mitad" de lo que tiene ahora. Así que, mientras sea joven y tenga ganas, seguirá fuera. Y si algún día siente que no puede más, dice, será entonces cuando decida volver a casa.