El reciente accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo) ha vuelto a situar a los hospitales españoles en la necesidad de estar preparados para responder ante grandes emergencias. En un contexto marcado por el impacto asistencial y la búsqueda de desaparecidos y la atención a las víctimas y sus familias, los profesionales de la salud han emergido como protagonistas involuntarios de la crisis. Durante el Congreso Nacional de Cirugía, organizado por la Asociación Española de Cirugía (AEC), se han abordado las lecciones aprendidas en la atención sanitaria a catástrofes con múltiples víctimas, tomando como referencia los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba). El triaje en el lugar de los hechos y unos simulacros periódicos son esenciales para conseguir una organización y atención al paciente satisfactorias.
Durante la sesión, cirujanos y especialistas han compartido sus experiencias en la gestión de estas emergencias y han analizado las principales lecciones aprendidas para mejorar la respuesta de los hospitales españoles ante situaciones con múltiples víctimas. Una de las principales conclusiones de la sesión ha sido que cualquier hospital, independientemente de su tamaño o ubicación geográfica, puede verse obligado a atender de forma repentina a un elevado número de heridos. Por ello, los expertos han insistido en que la preparación previa, la organización de los recursos y el entrenamiento de los profesionales resultan fundamentales para afrontar estas situaciones.
Los expertos han destacado que los planes de catástrofes hospitalarios no deben limitarse a documentos teóricos, sino que tienen que ser conocidos por todos los servicios implicados, contemplar diferentes escenarios y ponerse a prueba mediante simulacros periódicos.
Del 11-M a Adamuz: dos emergencias con desafíos diferentes
Los atentados del 11-M y el accidente ferroviario de Adamuz representan dos escenarios muy distintos que permiten comprender la complejidad de la respuesta sanitaria ante una catástrofe. En el caso de Madrid, los atentados se produjeron en varios puntos de una gran ciudad, con un sistema de emergencias extrahospitalarias desarrollado y numerosos hospitales de referencia. Sin embargo, la magnitud de la tragedia, el elevado número de víctimas y la llegada simultánea de pacientes a los centros sanitarios plantearon importantes dificultades organizativas.
Durante la sesión se ha recordado que el Hospital General Universitario Gregorio Marañón consiguió disponer rápidamente de 22 quirófanos para atender a las víctimas que necesitaban cirugía, sin que fuera necesario establecer prioridades entre ellas para acceder a una intervención.
No obstante, también se han señalado aspectos susceptibles de mejora. Entre ellos, la llegada masiva de pacientes sin una clasificación previa adecuada, que generó situaciones de confusión y una importante presión asistencial en los servicios de urgencias durante las primeras horas.
Por su parte, el accidente de Adamuz presentó dificultades diferentes, al producirse en un entorno rural, con problemas de acceso al lugar del siniestro y una menor disponibilidad de hospitales próximos.
Los especialistas han explicado que, ante circunstancias de este tipo, los planes de catástrofes constituyen una guía esencial para comenzar a organizar la respuesta sanitaria en momentos de enorme incertidumbre. Sin embargo, también han subrayado que estos protocolos deben permitir adaptarse rápidamente a la evolución de los acontecimientos y a las necesidades cambiantes de los pacientes.
La respuesta inmediata en este tipo de siniestros recae en los equipos de emergencia que acceden en primer lugar al lugar del impacto. En estas situaciones de caos e incertidumbre, la rápida intervención del personal sanitario resulta determinante. Tras el accidente ferroviario de Urda, Sergio Esteban, fue uno de los primeros enfermeros en acceder al lugar del siniestro. En declaraciones para Redacción Médica, aseguró que "hay decisiones en décimas de segundo que determinan la vida de un paciente". Una vez pasa ese primer instante de confusión, llega el momento de inspeccionar el estado de los afectados.
El triaje, una herramienta fundamental para salvar vidas
Los expertos han insistido en que el triaje debe realizarse tanto en el lugar de la emergencia como a la llegada al hospital, ya que el estado clínico de un paciente puede cambiar considerablemente durante el traslado. En este sentido, han señalado que una persona inicialmente estable puede experimentar un empeoramiento grave en apenas treinta minutos, lo que hace imprescindible una nueva valoración antes de determinar el circuito asistencial más adecuado.
Asimismo, han destacado que el triaje hospitalario debe realizarse preferentemente a la entrada de urgencias, antes de que los pacientes accedan al interior del servicio. Esta medida permite identificar rápidamente a quienes necesitan atención quirúrgica inmediata, dirigirlos a los recursos adecuados y evitar que la llegada masiva de heridos provoque el colapso de las instalaciones.
La experiencia del 11-M puso de manifiesto que muchos pacientes con lesiones leves o que acudían al hospital por temor a estar heridos llegaron directamente a los servicios de urgencias, dificultando la organización inicial de la asistencia.
Por ello, los especialistas han destacado la necesidad de contar con profesionales preparados para realizar esta clasificación, así como con sistemas de identificación y registro de pacientes que permitan mantener el funcionamiento de los circuitos asistenciales incluso en situaciones extraordinarias.
La coordinación de los equipos, tan importante como los recursos disponibles
La organización del personal sanitario ha sido otro de los aspectos abordados durante la sesión. Los participantes han explicado que, en una catástrofe, la experiencia de los profesionales no solo resulta importante para atender directamente a los pacientes, sino también para coordinar los equipos y distribuir adecuadamente los recursos disponibles.
En determinadas circunstancias, el cirujano con mayor experiencia puede desempeñar un papel especialmente relevante en la organización de los quirófanos y la supervisión de las decisiones asistenciales, en lugar de participar directamente en una intervención.
Los especialistas han subrayado que la distribución de responsabilidades debe adaptarse a las características de cada hospital, al número de profesionales disponibles y a la magnitud de la emergencia. Esta flexibilidad resulta especialmente importante porque una catástrofe puede producirse en cualquier momento del día.
Simulacros y evaluación posterior para mejorar la respuesta sanitaria
Como conclusión, los participantes han coincidido en que la experiencia adquirida durante grandes emergencias debe servir para reforzar la preparación del sistema sanitario. En este sentido, han destacado tres elementos fundamentales: disponer de planes de catástrofes conocidos por todos los profesionales implicados, realizar simulacros que permitan entrenar situaciones excepcionales y evaluar posteriormente la respuesta ofrecida para identificar errores y oportunidades de mejora.
Las consecuencias tras el suceso
El personal sanitario incide en que los efectos de este tipo de accidentes no se limitan únicamente a las horas justo posteriores al suceso y sus efectos, sobre todo en el campo psicológico, pueden llegar a afectar a los involucrados y sus familiares durante más tiempo. En declaraciones para Redacción Médica, Myriam Jiménez, psicóloga clínica del Summa 112, reconoció que estos hechos inesperados pueden desencadenar trastornos de estrés postraumático. Sus consecuencias o manifestaciones pueden ser varias. "Uno puede dejar de viajar en transporte público, de salir de casa por el miedo a que pase algo o a revivir lo que le ha pasado a esa persona o a su familiar".
Los familiares también pueden llegar a sufrir problemas de salud mental, como "duelos cronificados", que se suelen manifestar con síntomas relacionados habitualmente con los cuadros depresivos o de ansiedad. "Si ves que empiezas a tener dificultades para hacer tu día a día, para llevar una rutina normal como la que tenías antes de que ocurriese la tragedia, ahí sí que se debe consultar con un psicólogo, con un médico, para que derive a salud mental en un momento dado", aconsejó.
Los accidentes de Urda y Adamuz en un intervalo de tiempo de once meses acabó provocando la dimisión del que era ministro de Transportes, Óscar Puente, tal y como él anunció ante la Comisión Permanente del Congreso el martes. El antiguo alcalde de Valladolid también renunció a ser cabeza de lista por el Partido Socialista Obrero Español en la capital castellana después de responder a las preguntas de los portavoces del resto de grupos parlamentarios durante casi cuatro horas de sesión.
