Entrar en el máster para convertirse en asesor genético no es un camino sencillo. Hay pocas plazas, una alta competencia y un proceso de formación que exige experiencia clínica y prácticas hospitalarias. Pol lo comprobó después de dedicar un año entero a acumular experiencia, hacer cursos y voluntariados para preparar su candidatura. Llegó a la entrevista, pero se quedó fuera. Meses después, cuando ya daba por hecho que no había sido suficiente recibió un correo inesperado. "Tenían una plaza libre y, pues, evidentemente dije que sí".
Su llegada a uno de los máster "más difíciles del mundo", según lo describe, es el último capítulo de un camino que comenzó hace 15 años, cuando Pol se marchó a Reino Unido tras "pasar por una situación complicada". Desde aquel momento, ha pasado por la universidad, residencias de mayores y por proyectos relacionados con Genética con el ojo puesto en las enfermedades genéticas raras. "Creo que en España se necesita bastante esta figura", asegura el genetista, que espera que el asesoramiento genético pueda tener también un mayor reconocimiento en su país natal como lo tiene en otros países como Reino Unido.
Estudiar en Reino Unido
En plena adolescencia, Pol hizo las maletas y se marchó a estudiar a un internado de Reino Unido. "Era una época en la que lo estaba pasando muy mal y necesitaba un cambio de aires", recuerda el futuro especialista, que estaba atravesando un "un cuadro casi depresivo" que decidió no contar a su familia. Marcharse fue, en parte para él, una forma de empezar de cero: "Gente nueva, sitio nuevo, todo nuevo, vida nueva".
Pero la experiencia, sin embargo, estuvo lejos de ser sencilla. Además de adaptarse a un país desconocido, tuvo que asumir responsabilidades que hasta entonces recaían en sus padres, desde hacerse la colada hasta cocinar. A ello se sumó la dificultad de estudiar en inglés y competir académicamente con alumnos nativos. "Siempre había estudiado inglés en mi colegio, pero llegas a Inglaterra y el nivel es mucho más alto", detalla.
Lo que si descubrió durante aquella etapa fue a lo que se quería dedicar en el futuro. Mientras preparaba un proyecto para acceder a una beca para un bachillerato internacional, comenzó a investigar sobre Genética y su capacidad para detectar predisposiciones a determinadas enfermedades. "Mi abuelo se murió muy de joven de un cáncer de colon", añade Pol. Una pérdida que dejó un profundo impacto en su familia y que dejó una duda en él: "A lo mejor yo tengo un gen que me puede dar mayor predisposición a tener cáncer de colon en un futuro...".
Su interés inicial por el mundo de la genética terminó convirtiéndose en una carrera universitaria. En Reino Unido estudió tres años de Genética Médica, adentrándose, según explica, en campos muy distintos, desde la evolución hasta la genética molecular, las enfermedades hereditarias o la bioinformática. "La genética al final parece algo que es muy específico, pero luego, una vez te metes dentro, te das cuenta que es un mundo enorme", señala sobre su experiencia formándose allí.
"La genética al final parece algo que es muy específico, pero luego, una vez te metes dentro, te das cuenta que es un mundo enorme"
De trabajar con pacientes a buscar experiencia en genética
Al terminar la carrera, Pol tenía claro que quería orientar su futuro hacia el asesoramiento genético, una profesión que allí cuenta con una formación específica. Pero acceder implicaba una serie de requisitos que Pol no cumplía aun, especialmente tener experiencia en el ámbito sanitario. Sin experiencia laboral y una formación específica en Enfermería, comenzó trabajando junto con auxiliares a domicilio. Se trataba de un empleo por horas que le obligaba a desplazarse continuamente y que, según recuerda, llegó a hacerle caminar "media maratón cada día para un trabajo que no me daba para vivir". Más tarde, compaginó ese trabajo con uno como camarero para poder cubrir sus gastos.
Con el paso del tiempo, pasó a trabajar en residencias y allí entró en contacto directo con pacientes con Alzheimer, demencias, Parkinson, cánceres y otras enfermedades crónicas o terminales. "Ves que de las enfermedades no puedes escapar y que psicológicamente, sobre todo para la demencia, el Alzheimer y enfermedades crónicas que afectan psicológicamente, pues es muy duro", explica. El futuro especialista reconoce que la experiencia le enseñó a que "cuidar a un paciente también implica acompañarle y comunicarse con su entorno".
Reforzó precisamente una de las partes de la profesión que más le atraía: la dimensión humana de la genética. "El asesoramiento genético no se centra únicamente en interpretar información sobre enfermedades hereditarias, sino también en explicar sus implicaciones y acompañar a los pacientes y familiares ante decisiones que, en ocasiones, pueden resultar difíciles", afirma.
"Cuidar a un paciente también implica acompañarle y comunicarse con su entorno"
Un año para conseguir una plaza
Pero llegar hasta ese punto no era suficiente para acceder al máster. El programa que quería cursar está sujeto a unos criterios específicos de la Organización Europea de Genética Médica y combina la formación teórica con experiencia clínica. En el caso del programa de Cardiff, los alumnos deben completar, entre otros requisitos, un mínimo de 72 días de prácticas en un hospital o centro sanitario. Con pocas plazas disponibles y una alta competencia, Pol sabía que tenía que reforzar su candidatura.
"Me voy a dedicar un año entero a intentar hacer el máximo de cursos, experiencia laboral, voluntariados para intentar entrar al máster", recuerda. La preparación comenzó apenas tres días después de terminar su último examen de la carrera. Durante los meses siguientes, continuó trabajando y acumulando experiencia, pero también buscó acercarse de nuevo al ámbito de la genética. "Estuve haciendo un voluntariado en una ONG que realizaba pruebas genéticas gratuitas a personas que querían tener hijos, donde explicaba el proceso, repasaba sus antecedentes familiares y resolvía sus dudas", afirma.
Todo el esfuerzo se materializó en una entrevista de acceso, a la que habían llegado unas 60 personas. "Pero me quedé fuera", detalla. Argumentaban que necesitaba conocer más de primera mano "lo que viven las personas y las familias con enfermedades genéticas". Por lo que, en lugar de abandonar, Pol convirtió esa recomendación en un proyecto personal. "Comencé a hacer entrevistas a personas con diferentes condiciones genéticas para conocer sus experiencia y el impacto real del diagnóstico en sus vidas", señala.
El reto de llevar el asesoramiento genético a España
Meses después, cuando ya asumía que tendría que volver a intentarlo al año siguiente, recibió un correo inesperado. Había quedado una plaza libre y querían ofrecérsela. "Después de un año entero enfocado y dedicándote... no podía casi ni dormir", recuerda con cierta angustia. Esta vez, la respuesta fue inmediata: "Evidentemente dije que sí".
Hace apenas unos días, Pol ha comenzado el programa de formación. Por delante tiene tres años de estudios a tiempo parcial que combinarán la parte más teórica con la experiencia clínica y las prácticas en un entorno sanitario.
Su objetivo, según explica, va más allá de completar el máster. Quiere que la experiencia adquirida en Reino Unido pueda servirle también para ejercer en España y contribuir a dar mayor visibilidad a una figura que, a su juicio, todavía no tiene el mismo reconocimiento que en otros países. "Creo que en España se necesita bastante esta figura", sostiene, especialmente ante el aumento de las pruebas genéticas y de la información disponible para los pacientes.
