El calendario marca este 8 de septiembre el Día Mundial de la Fisioterapia en un país cuyas costuras demográficas —tensadas por el envejecimiento, la fragilidad y la cronicidad— exigen respuestas urgentes al Sistema Nacional de Salud. En esta encrucijada, la profesión reivindica su espacio ya no solo en el ámbito académico, sino en la trinchera del día a día asistencial. "Estamos pasando progresivamente del reconocimiento declarativo al reconocimiento operativo", sostiene Fernando Ramos, presidente de la Asociación Española de Fisioterapeutas (AEF). A apenas dos meses de que Madrid acoja en noviembre, por primera vez en la historia, el 6º Congreso de la Región Europea, Ramos recibe a Redacción Médica para radiografiar los retos de un colectivo que exige mayor autonomía y contundencia contra el intrusismo. Su diagnóstico del sistema actual es claro: sigue existiendo "una brecha importante" cuando el ciudadano entra por la puerta del ambulatorio. Por ello, la hoja de ruta que plantea para la próxima década parte de una premisa irrenunciable: "Que ningún paciente tenga que recorrer un itinerario asistencial innecesariamente largo antes de acceder a la fisioterapia".
Tras las recientes transformaciones sanitarias y el envejecimiento poblacional, ¿en qué punto de madurez y reconocimiento institucional se encuentra la Fisioterapia en España?
La fisioterapia española está plenamente consolidada a nivel académico y científico. Sin embargo, esta madurez aún no se traduce en la organización y capacidad de respuesta dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS), algo crítico ante retos como la cronicidad y la pérdida de capacidad funcional. Afortunadamente, observamos cambios: el Plan de Acción de Atención Primaria 2025-2027, la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad y nuestra inclusión en la Comisión de Salud Mental del SNS. A esto se suma el Proyecto de Ley de Medicamentos, que contempla nuestra capacidad de prescripción, aún pendiente de trámite. Pasamos progresivamente a un reconocimiento operativo, pero persiste la brecha en el acceso real. El reto de los próximos años no es solo cuántos fisioterapeutas necesitamos, sino dónde están y cuándo intervienen para evitar la cronificación.
El intrusismo profesional sigue siendo una amenaza. ¿Qué medidas legislativas urgentes exigen para proteger a los colegiados y garantizar la seguridad de los pacientes?
El intrusismo sanitario no es un conflicto corporativo, es un riesgo para la seguridad del ciudadano. Aunque España dispone de herramientas legales y el Código Penal tipifica este delito, la realidad avanza más rápido que la normativa. Necesitamos avanzar en tres direcciones: delimitar claramente qué actuaciones son estrictamente sanitarias para proteger el acto terapéutico y no solo el nombre de una técnica; adaptar la regulación de la publicidad digital para que se identifique de forma inequívoca al profesional; y reforzar la capacidad inspectora. La modificación normativa de 2026 exige que la asistencia la presten profesionales titulados, y ese enfoque debe aplicarse con total contundencia.
Madrid acogerá en noviembre el 6.º Congreso de Fisioterapia de la Región Europea. ¿Qué significa este hito para la reputación internacional de la profesión en España?
Tiene un enorme valor estratégico. Llevamos desde 1974 en World Physiotherapy, y acoger este evento nos sitúa en el centro del debate europeo sobre nuestro futuro. Se están abordando cuestiones decisivas: autonomía profesional, acceso directo, especialización y nuevas respuestas ante sistemas sanitarios tensionados. Para nosotros, es la oportunidad de mostrar nuestra capacidad científica y clínica, generar alianzas e influir activamente en las decisiones que configurarán la fisioterapia europea en las próximas décadas.
Como país anfitrión, ¿qué modelos de éxito aportará y defenderá la delegación española ante sus homólogos?
España aporta una formación universitaria sólida, alta producción científica y una gran diversidad clínica. Mostraremos cómo esta madurez se traduce en nuevos modelos asistenciales: integración en Atención Primaria, circuitos ágiles, programas de ejercicio terapéutico y manejo de la cronicidad. También destacaremos la conexión vital entre práctica clínica, universidad e investigación. Nuestro papel no es imponer un modelo cerrado, sino servir de punto de encuentro entre realidades europeas distintas para identificar prácticas transferibles y construir consensos.
Al compararnos con otros sistemas europeos, ¿en qué aspectos somos un referente y en cuáles debemos converger con nuestros vecinos?
Somos un claro referente en desarrollo clínico y científico en áreas como neurología, deporte o salud pélvica. Nuestro margen de mejora está en trasladar esa capacidad al funcionamiento ordinario del sistema público. Tenemos un problema de distribución y aprovechamiento competencial. La principal brecha es la falta de acceso directo generalizado en el SNS, algo que sí existe en la privada. Debemos aprender de modelos como el First Contact Physiotherapist de Inglaterra, donde el fisioterapeuta valora y deriva problemas musculoesqueléticos directamente en Atención Primaria. También necesitamos converger en el reconocimiento formal de especialidades.
¿Cómo espera que este encuentro europeo influya positivamente en el trabajo diario de los fisioterapeutas españoles?
El verdadero éxito se medirá el lunes siguiente al congreso, cuando los profesionales regresen a sus consultas. Debe ayudarnos a cuestionar inercias, incorporar nuevas evidencias tecnológicas e inspirar circuitos más eficientes en los equipos asistenciales. Buscamos que los fisioterapeutas salgan de Madrid no solo con más redes y conocimientos, sino con espíritu crítico y mejores herramientas para fundamentar su práctica diaria en la evidencia científica.
Mirando al futuro, ¿cuál es su máximo objetivo respecto al peso y autonomía del fisioterapeuta en el SNS para la próxima década?
El objetivo central es que ningún paciente deba recorrer un itinerario asistencial innecesariamente largo para acceder a la fisioterapia. Debemos avanzar hacia una atención temprana, directa y coordinada. La autonomía profesional debe traducirse en capacidad real para valorar, intervenir, derivar y dar el alta dentro de nuestras competencias, trabajando de forma integrada. En el ámbito comunitario, debemos asumir un papel protagonista en el envejecimiento saludable, y en los hospitales, desarrollar perfiles de alta especialización. La autonomía profesional solo cobra verdadero sentido si garantiza una atención más rápida, segura y eficaz para los pacientes.
