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El estrés laboral acompaña a muchos de los profesionales sanitarios de nuestro país. Se trata de un fenómeno que ha pasado de ser cada vez más frecuente a estar instalado en sus vidas y ocasionar síndromes y problemas de sueño a médicos, enfermeras o Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE), tal y como se indica en la nueva Guía sobre el estrés: estresores extralaborales y laborales. Su gestión y hábitos de vida saludables del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (Insst).

Concretamente, existen ciertas situaciones asociadas al estrés que predominan en el ámbito de la salud. Entre ellas, el conocido burnout o síndrome de estar quemado por el trabajo. Se vincula a entornos laborales con unas determinadas condiciones de trabajo, principalmente en presencia de demandas de servicio humano, con altas exigencias de carácter emocional.

El documento hace hincapié en que el burnout suele requerir que en el trabajo se dé una relación intensa entre la persona trabajadora y la clientela usuaria. De hecho, incluso se confirma que tradicionalmente se ha vinculado a profesionales de la salud, aunque puede presentarse en cualquier profesión o actividad.

Este síndrome es una respuesta al estrés laboral crónico y si se prolonga puede tener consecuencias nocivas, como alteraciones fisiológicas o emocionales. Aun así, afecta a tres dimensiones. En primer lugar, produce un agotamiento y/o pérdida de la energía de los recursos emocionales propios. Asimismo, se da la despersonalización del profesional, provocando en el mismo actitudes impersonales, negativas y cínicas. Sumado a ello, se identifica una reducida realización personal.

El burnout no surge de manera abrupta en los sanitarios, sino que pueden identificarse cinco fases en su aparición y evolución. Se comienza con el entusiasmo del nuevo empleo. Más tarde se produce un estancamiento, que desemboca en la frustración. Esta situación provoca apatía en la persona, que cambia su actitud y su conducta como mecanismo de defensa, lo que lleva a un colapso emocional y cognitivo.

Eso sí, la guía realizada por el Insst apunta que existen ciertas diferencias entre los efectos del estrés y del burnout. Respecto al primero, el profesional experimenta una mayor implicación en los problemas, tiene mayor hiperactividad emocional, prima el daño fisiológico, sufre agotamiento físico, surge la depresión para mantener la energía física y padece efectos en exposiciones moderadas.

Por otro lado, el burnout ocasiona desvinculación de problemas, embotamiento emocional, prima el daño emocional, existe agotamiento emocional, surge la depresión como pérdida de ideales y solo hay efectos negativos.

Los problemas de sueño en médicos, enfermeras y TCAE

Otra de las grandes consecuencias del estrés en profesionales sanitarios son los problemas de sueño. Al final, se trata de un pilar esencial para la salud física y mental. Según la Sexta Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, el 16 por ciento de las personas trabajadoras tiene dificultades para conciliar el sueño, el 20 por ciento se despierta varias veces durante la noche y el 19 por ciento se levanta con sensación de cansancio o fatiga. Estos problemas, apunta la guía, son más frecuentes en mujeres, en personas de mayor edad y en ciertos sectores laborales, como el sanitario.

Para combatir esta falta de descanso, el Insst recomienda evitar el ejercicio físico en las horas previas a dormir, mantener una rutina horaria regular, cuidar la alimentación, evitar fumar y beber alcohol antes de acostarse, preparar el espacio para dormir y gestionar el uso de dispositivos con pantallas.

Además, desde una perspectiva general, el estudio enumera una serie de consejos y hábitos saludables para la gestión del estrés. Entre ellos, identificar las fuentes del mismo, identificar los límites para gestionar las fuentes de estrés, planificar estrategias de gestión de las actividades y obligaciones, bajar y/o adecuar el ritmo, organizar el entorno personal y laboral y tener una actitud asertiva y aprender a decir "no".

A esto se suma mantener una vida activa, practicar actividades deportivas, llevar a cabo actividades creativas, desarrollar actividades en la naturaleza, programar momentos de descanso y relax, conectar con uno mismo, conectar con los demás, abandonar los malos hábitos, instaurar hábitos saludables, instaurar hábitos saludables de sueño, alimentarse de forma sana, mejorar la respiración, empoderarse con técnicas de gestión del estrés y pedir ayuda.