El tiempo se detuvo la mañana del 28 de octubre en la planicie toledana. Cuando el reloj marcaba las 08:53, un tren AVE colisionaba con un convoy de Iryo en la línea de alta velocidad que une Madrid con Andalucía, a la altura del municipio de Urda. El accidente ferroviario, uno de los mayores de la historia de España, dejaba decenas de fallecidos y heridos. Minutos después del suceso, la respuesta sanitaria se activaba. Médicos, enfermeras, técnicos de Emergencias y psicólogos se desplazaban a la zona para atender a las víctimas del choque, procedentes de las plantillas del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) y homólogos de otras comunidades autónomas. También llegaba el personal asistencial de la Unidad Militar de Emergencias (UME).
Entre ellos, Pablo Montilla, encargado de la actuación de los sanitarios dependientes del Ministerio de Defensa en el lugar de la tragedia. El médico es el jefe de sanidad del Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM) I, focalizado en incidencias en Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura. Curtido en situaciones similares -como el resto de su equipo-, hace del desorden su escenario de trabajo. "Una emergencia de este calibre siempre es caótica, pero hay que procurar que sea un caos gestionado", comparte con Redacción Médica. "Hay que tratar de traer el orden de vuelta", agrega.
Así, la organización se intuye fundamental para el aprovechamiento completo de los recursos disponibles. Montilla llegó a Urda con cinco ambulancias con soporte vital avanzado, las cuales puso a disposición del Sescam. "Nos pusimos bajo las órdenes del coordinador asistencial allí para poder empezar a hacer los traslados. No tenía sentido que yo gestionase nada, ya que se requerían también mis manos en las labores sanitarias", puntualiza. En aquel momento, la misión era llevar el mayor número de heridos posible a los hospitales universitarios de Toledo y Mancha Centro (Alcázar de San Juan). "Hay que saber identificar muy bien cuál es la necesidad en cada momento", apunta.
De esta forma, el equipo médico se dedicó al traslado de heridos complejos con la mayor celeridad posible durante toda la jornada. Su rol es clave, dado que los sanitarios de la UME están preparados para intervenir en terrenos complicados. No hay que olvidar que el suceso ocurrió en un área aislada de la campiña castellano-manchega. "Estamos adiestrados para actuar en este tipo de zonas y contamos con el material necesario. Mismamente, nuestras ambulancias son todoterreno. Estamos hechos a ambientes de trabajo que van más allá de una calle adoquinada", resalta.
Calma y sentimiento de victoria
Además de la coordinación y el conocimiento médico, la calma es el otro pilar requerido para dar respuesta a situaciones de este tipo. Montilla señala la serenidad y la seguridad durante la actuación asistencial, dos características que aporta la planificación previa. "Cuando vamos de camino siempre vamos planeando los escenarios que nos podemos encontrar, las estrategias que vamos a emplear o el material que emplearemos", enumera. Además, asevera que la sensación de equipo unido resulta imprescindible. "Si algo bueno tiene la UME es que somos grupos consolidados, que trabajamos todos los días codo con codo. Esto es una ventaja, ya que en la sanidad civil es más fácil que el personal rote por distintas unidades", explica.
Asimismo, el jefe de sanidad del BIEM I recuerda que siempre hay que mantenerse positivo. "Siempre digo a mi equipo que hay que salir a ganar", sostiene. "En este tipo de escenarios, por desgracia, lo que está perdido ya lo está, y hay que intentar no perder más", continúa. La actitud del sanitario supone un factor diferencial en la supervivencia de las víctimas. "Si vamos con miedo o sensación de derrota no conseguiremos cambiar nada", añade.
Necesidades en la zona del accidente
Montilla resalta que los sanitarios sobre el terreno han dispuesto "de recursos en todo momento". Tan solo al comienzo de la asistencia había una mayor carestía. "Al final, los medios tardan un poco en movilizarse y nosotros en las ambulancias podemos llevar solo un número determinado de elementos", argumenta. No obstante, pasada la fase inicial, los camiones farmacia de los servicios autonómicos han surtido a los sanitarios allí presentes.
En cuanto al material más demandado, el médico militar remarca la medicación analgésica y anestésica y los instrumentos para la inmovilización de la persona. Por su parte, la sangre no es tan necesaria en la zona cero. Montilla insiste en la importancia de la donación para las reservas sanguíneas de los hospitales, pero este elemento conlleva ciertas dificultades de aplicación fuera de espacios controlados. "Hay que sacarla con tiempo y hacerle pruebas. Además, la transfusión suele ir unida al requerimiento de plasma para favorecer la coagulación", lamenta. "Por desgracia, las personas que se encuentran en este estado difícilmente se pueden salvar", añade.
Hasta el final
La mayoría de rescates ya se han realizado. En este momento, los operarios trabajan en la retirada de los vagones afectados. La posibilidad de encontrar supervivientes se reduce notablemente. Sin embargo, la UME no se mueve del lugar. Ahora, su personal se centrará en la atención de las personas que trabajan en la zona del choque ferroviario. Desde el mareo de una enfermera hasta el corte de un bombero. "La labor en los centros del Sescam es frenética ahora mismo. No podemos añadirle un paciente más", sostiene Montilla.
De esta forma, el equipo del BIEM I seguirá en Urda, donde los relojes se detuvieron a las 8:53. "Nosotros volveremos con el último hombre", sentencia Montilla. En su caso, la actividad nunca llega a frenarse.
