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En España se producen unas 11 muertes al día por suicidio, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). En vísperas del Día Internacional de la Salud Mental, el Congreso de los Diputados ha acogido las terceras jornadas de prevención del suicidio, un encuentro en el que expertos del ámbito social, académico y de la Medicina legal llaman a implementar una respuesta integral y multidisciplinar a esta emergencia. “Esto no es solo hablar de salud, es hablar de humanidad”, ha destacado María Guerrero, presidenta nacional del Teléfono de la Esperanza. Además, la conclusión ha sido unánime: se necesita más formación, pero también superar el estigma, consolidar el Plan Nacional de Prevención y entender la respuesta a esta situación como una responsabilidad colectiva.

La importancia de saber escuchar para prevenir el suicidio

En su intervención, Guerrero ha explicado que en 2025 el número de casos por suicidios se redujo ligeramente con respecto al año anterior. Sin embargo, crece la preocupación por las personas más jóvenes: aunque los menores de 24 años representan el 5,3 por ciento de las muertes, las autolesiones en esta franja se han disparado un 211 por ciento. “La autolesión es la antesala del suicidio, una forma desgarradora de paliar un dolor emocional que no saben manejar”, ha advertido. Ante esto, ha recordado algo clave en materia de prevención: la importancia de saber escuchar. “Las personas lo que muchas veces necesitan es que les escuchen y sentir que su vida importa”, ha añadido.

Desde el ámbito universitario, el catedrático de Psicología Social de la Universidad de Murcia, José Ruiz Hernández, ha denunciado la brecha existente entre las aulas y la práctica clínica real. “No eres psiquiatra de verdad hasta que no se te suicida un paciente”, ha dicho, recordando una de las frases que le dijo una doctoranda de psiquiatría. Más del 75 por ciento de las personas que terminan quitándose la vida habían acudido a consultas médicas en los meses o semanas previos, lo que demuestra la oportunidad preventiva si se dota de formación adecuada al personal. “Esto sitúa la formación no solo en la prevención, sino también en qué ocurre después de que un paciente se suicida: qué pasa con el sanitario, con el profesional que tiene que enfrentarse a esa situación”, afirmaba.

La formación toma un papel crucial en esta ecuación: se necesitan competencias explícitas y evaluables en los planes de estudio universitarios, no solo para sanitarios, sino también para educadores, trabajadores sociales, periodistas y fuerzas de seguridad.

Por su parte, la médica forense Ana Hidalgo, del Instituto Navarro de Medicina Legal, ha puesto el foco en la humanización del proceso judicial y en la atención a las familias tras un suicidio consumado. Hidalgo ha reivindicado la necesidad de cuidar a los “supervivientes” desde el primer momento, permitiendo despedidas humanizadas y manteniendo entrevistas posteriores que ayuden a aliviar la culpa y reparar el duelo.