Ceuta celebra su día grande cada 2 de septiembre. Sin embargo, poco tiene que ver la forma en la que se vivió el año pasado con el presente. El día de descanso para el personal sanitario existe en el calendario, pero la festividad se percibe de forma distinta en la sanidad ceutí. Un mes antes, miles de migrantes entraron en la ciudad autónoma. Desde entonces, la tensión ha ido ‘in crescendo’ en la urbe norteafricana. Un escenario que se traslada al sistema sanitario. Médicos, enfermeras, farmacéuticos y técnicos sanitarios denuncian una sobrecarga de trabajo nunca antes vista desde hace semanas. Situación que se prevé que se prolongue en el tiempo y ante la que los profesionales del ámbito asistencial exigen respuestas. La falta de relevos, el incremento desmesurado de las atenciones a migrantes y la ausencia de soluciones institucionales amenazan con quebrar a las plantillas que frenan la caída de la ciudad autónoma.
El cansancio domina los pasillos del Hospital Universitario. Siham, médica de urgencias con veinte años de experiencia trabajando en la ciudad autónoma, detalla una realidad insostenible donde las consultas específicas para la población migrante no bajan el ritmo. Los facultativos asumen flujos constantes de más de cuarenta pacientes de forma ininterrumpida durante la mañana, la tarde y la noche. Esta sobrecarga empuja a los profesionales al límite de su resistencia física, especialmente durante las madrugadas, cuando la afluencia mantiene la misma intensidad que a primera hora de la tarde. Ante esta coyuntura, la doctora argumenta a Redacción Médica la necesidad inmediata de eliminar las guardias de 24 horas y sustituirlas por turnos de 12 para garantizar el descanso del personal. “Muchos compañeros me han confesado que quieren cambiarse a Primaria, otros directamente que se quieren ir a la península y otros que quieren quedarse pero bajo unas condiciones dignas de trabajo”, confiesa Siham.
Esta saturación genera escenarios clínicos inéditos para las profesionales de Enfermería. Elisabeth Muñoz, enfermera y representante de Satse, recuerda cómo las sanitarias de Atención Primaria acudieron voluntariamente a la playa del Tarajal para revertir paradas cardiorrespiratorias y atender ahogamientos. A la barrera del idioma se suman ahora curas complejas, como las heridas por machete, que comprometen la salud mental de unas trabajadoras que encadenan jornadas extra sin sustituciones. “El trabajo se saca adelante como se puede, porque se implican hasta la extenuación”, subraya a este diario.
Hacia el fuego
El desgaste espanta a los refuerzos. La gerencia hospitalaria dispone de autorización para contratar nuevos médicos y enfermeros, pero las ofertas quedan desiertas ante la negativa de los especialistas peninsulares. Sofía Morte, farmacéutica local, contextualiza este rechazo y aclara que el auge turístico y profesional de los últimos años ha sufrido un hachazo. El miedo a la tensión fronteriza devalúa un 30 por ciento el precio de viviendas y locales ante la fuga de inversores. Trasladarse hoy a Ceuta, sentencia Morte, “equivale a ir hacia el fuego”. La consecuencia directa es la renuncia de la plantilla actual, ya que varios médicos optan por abandonar la ciudad o refugiarse en los centros de salud. Muñoz lamenta que el Ministerio de Sanidad siga sin declarar la plaza como zona de difícil cobertura, un paso burocrático que permitiría ofrecer contratos mínimos de seis meses y atraer a los sanitarios ceutíes formados en otras autonomías. “Muchos quieren volver, pero no tienen la posibilidad de hacerlo”, denuncia la enfermera.
Exigen hechos
En su día grande, los profesionales sanitarios de Ceuta exigen hechos. El gremio denuncia que la crisis se gestiona con inversión cero, obligando a renovar contratos temporales únicamente para que el personal titular pueda disfrutar de sus vacaciones. María Dolores Domínguez, delegada del Sindicato de Técnicos de Enfermería (SAE), extiende el reconocimiento a todo el eslabón asistencial, desde celadores hasta administrativos. Los equipos, detalla Domínguez, “han puesto el corazón y el alma a costa de su propio equilibrio emocional”. Pese al hartazgo, el arraigo y el agradecimiento de los pacientes locales retienen a quienes aún lideran la resistencia. La vocación retrasa el desastre administrativo, pero las fuerzas menguan. Como resume Siham para zanjar cualquier duda oficial: "Si caemos nosotros, cae el sistema". Aunque si en algo coinciden todos estos profesionales es que no van a abandonar su ciudad ni a sus pacientes.
