El maltratador tiende a identificar qué elementos dan solidez a la vida de su víctima para destruirlos. Y uno de los vínculos emocionales y afectivos más fuertes que puede tener una persona es con su animal de compañía, que, de esta forma, es susceptible de convertirse también en objetivo de agresiones. “Es más frecuente de lo que se puede llegar a pensar”, deslizan desde la Unidad Central de Atención a la Familia y a la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional, que confirma que ya se contemplan estos ataques como una forma de violencia de género. Cobra relevancia en este escenario la labor del perito veterinario, que puede contribuir a identificar posibles casos de violencia vicaria.
En palabras de Alfredo Fernández, perito del Consejo General de Veterinarios de España (Cgve), el maltrato hacia los animales no constituye “un comportamiento estanco” sino que “se extiende como una mancha de aceite” dentro del núcleo familiar. Que llegue a la clínica o al hospital un animal con signos de violencia es por ello una señal de alerta de que puede haber otras víctimas de agresiones.
Observatorio de maltrato animal
“Sin duda, una de las maneras de causar daño a una mujer es usar a sus animales como amenaza”, explica a Redacción Médica el perito, quien apunta que la Veterinaria legal se constituye como un “elemento de identificación” de esos “entornos ambientales de violencia”. El problema, apunta, es que no existe a nivel nacional una base de datos que permita esbozar la dimensión de ese vínculo entre el maltrato a animales y la violencia machista. “Si uno no tiene el diagnóstico adecuado, difícilmente puede establecer terapias”, sintetiza.
La Veterinaria legal reclama un Observatorio de agresiones a animales y una comunicación fluida con la Policía
Fernández aboga por ello por la creación de un Observatorio de maltrato animal que ofrezca “análisis periódicos o regulares de cuál es la situación sobre esta lacra social y permita una información cruzada con instituciones privadas y públicas para abordarla”. “Un canal que englobara a las Fuerzas de Seguridad del Estado, las policías autonómicas y municipales... sería una información muy valiosa -defiende-. Trabajar a este nivel es esencial, porque hablamos de proteger a las personas más vulnerables, a mujeres y niños”.
Amenazas y coacciones a través de animales de compañía
Desde la Policía Nacional confirman a este periódico que existen colaboraciones puntuales con el sector veterinario para la detección de casos de violencia machista, aunque estas no se desarrollan de forma homogénea en todo el territorio nacional.
Fuentes de la UFAM subrayan que el maltrato animal “puede constituir una forma de violencia de género cuando se utiliza por el agresor para amenazar, coaccionar, controlar o hacer daño emocional” a la mujer, y que la actuación de los agentes “se realiza atendiendo a las circunstancias particulares de cada caso, analizando el posible vínculo existente entre el maltrato del animal y la violencia ejercida sobre la víctima”.
De hecho, la Ley 1/2004 de Protección Integral contra la Violencia de Género recoge que la violencia vicaria (referida, en la mayoría de los casos, al daño que el agresor inflige a los hijos para hacer sufrir a la madre) puede llevarse a cabo también a través de las mascotas. "Es más frecuente de lo que se puede llegar a pensar -apuntan desde la UFAM-. Por supuesto ya estamos contemplando, como Policía Nacional, este tipo de actos como forma de violencia de género”.
Sentencia por violencia vicaria a través de un animal
Ya existen sentencias judiciales que constatan formas de violencia vicaria con animales de compañía. El pasado septiembre, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Las Palmas consideró probado que un individuo había amenazado telefónicamente a su pareja advirtiéndole de que iba a matar a su perro (como finalmente sucedió) y a suicidarse después. La juez determinó que lo hizo con la intención deliberada de menoscabar la integridad psíquica de la víctima, que, a consecuencia de estos hechos, precisó de asistencia psicológica durante tres meses.
El tribunal constató que se trataba de un supuesto de violencia vicaria contra animal de compañía "en concurso medial con delito de maltrato psicológico". "La perspectiva de género exige leer el episodio como violencia vicaria a través de animal de compañía, dirigida a perpetuar la dominación y el control sobre su pareja, lo que supone reforzar la necesidad de una respuesta punitiva agravada".
