Se cumple cerca de un mes del inicio de una crisis migratoria sin precedentes en nuestro país, con circunstancias límite que han llevado a la ciudad autónoma de Ceuta a afrontar una situación sanitaria excepcional. La presión añadida ha obligado a Sanidad a incorporar nuevos profesionales para aliviar la presión asistencial. Una medida que, desde Atención Primaria, consideran insuficiente.
Desde la semana pasada, una médica y dos enfermeras se encargan de la atención exclusiva a migrantes durante las mañanas en uno de los centros de salud. Sin embargo, por las tardes y durante los fines de semana continúa siendo la plantilla habitual la que asume esta asistencia. “El refuerzo, por tanto, ha supuesto un alivio muy limitado y, desde mi punto de vista, claramente insuficiente para las necesidades actuales”, sostiene a este medio Sara Palenzuela, médica de Familia del Centro de Salud de Otero.
Además, la situación coincide con el periodo estival, cuando las plantillas cuentan con menor capacidad de sustitución. La consecuencia es un desgaste que, según la médica, es tanto físico como emocional. “Los turnos y la actividad asistencial se están manteniendo gracias, fundamentalmente, a la buena voluntad, el compromiso y el esfuerzo de todo el personal sanitario”, afirma la facultativa. Pero advierte de que “hacerlo a costa del sobreesfuerzo continuo de los mismos profesionales no puede considerarse una solución sostenible”.
La ciudad cuenta con un único hospital, tres centros de salud, un consultorio, un punto de atención de urgencias extrahospitalarias y una unidad del 061. En Atención Primaria trabajan actualmente 37 médicos de Familia y 12 pediatras, según explica a este medio Sara Palenzuela, médica de Familia del Centro de Salud de Otero. “Somos una plantilla pequeña y dimensionada para una población concreta, pero no para asumir de manera indefinida una emergencia de esta magnitud”, señala.
"Las patologías y los motivos de consulta han cambiado a peor"
Con todo, Palenzuela explica que gracias al esfuerzo que están haciendo los facultativos, actualmente los médicos de Familia mantienen sus consultas habituales y cubren las vacaciones de sus compañeros, aunque continúan asumiendo parte de la asistencia a la población migrante. En el caso del Centro de Salud de Otero, que se convirtió en uno de los puntos de referencia para esta atención, se atiende actualmente a unas 100 personas migrantes al día.
“La presión ha disminuido, pero en ningún caso ha desaparecido”, apunta la facultativa. La diferencia respecto a las primeras jornadas es que ahora el dispositivo cuenta con cuatro militares en la puerta y dos miembros de seguridad propios del centro, una presencia que, según Palenzuela, permite trabajar “en unas condiciones de seguridad mucho mayores”. Durante los primeros días, la presión llegó a superar las 250 asistencias diarias en Atención Primaria, con heridas, cortes y traumatismos entre los motivos de consulta más habituales. También llegaron personas con enfermedades crónicas que no disponían de su medicación, entre ellas pacientes diabéticos, hipertensos, asmáticos o epilépticos.
Con el paso de las semanas, el perfil asistencial ha cambiado. “Los motivos de consulta han cambiado y ha aparecido mucha patología infecciosa de esas heridas que se trataron en un principio y que no se han curado”, explica Palenzuela. También se están observando secuelas de traumatismos, diarreas, infecciones cutáneas y patología infecciosa respiratoria, que la profesional vincula a “las malas condiciones higiénicas sanitarias”.
"La incertidumbre nos hace acumular cansancio y estrés"
Otro médico de familia de la ciudad, que prefiere mantener su identidad en el anonimato, coincide en declaraciones a Redacción Médica en que los refuerzos no están permitiendo descargar completamente a las plantillas. Según su testimonio, parte de la respuesta se ha basado en “doblajes de turnos de los propios compañeros”, algunos de los cuales, asegura, han trabajado “durante 14-16 días seguidos”. Los turnos, afirma, se mantienen “gracias a la vocación de los compañeros”.
La situación también afecta a los profesionales fuera de sus consultas. Palenzuela recuerda que los sanitarios forman parte de la misma sociedad que está atravesando la crisis. “También volvemos a casa después de jornadas de mucha presión y seguimos viviendo ese clima de tensión en nuestras calles y nuestros barrios”, explica. Peleas, gritos, sirenas y una sensación permanente de incertidumbre contribuyen, según la facultativa, a acumular “cansancio y estrés”.
Sobreesfuerzo de los profesionales sanitarios
Pese a la presión, la médica de Otero asegura que no se están produciendo por ahora retrasos significativos en las citas ni cambios importantes en la atención habitual de la población ceutí. Pero considera que esta aparente normalidad tiene un coste.
“Estamos intentando que nuestros pacientes no paguen las consecuencias de una situación que desborda los recursos disponibles”, explica. El problema, añade, es que las patologías crónicas continúan necesitando seguimiento, controles y ajustes de tratamiento aunque exista una emergencia paralela. “En definitiva, que la población no esté percibiendo todavía un deterioro importante en la asistencia es, en gran medida, consecuencia del sobreesfuerzo de los profesionales sanitarios, no de que la situación sea normal”, insiste. “Significa que, de momento, los profesionales estamos absorbiendo el impacto”.
La situación social de la ciudad también está entrando en las consultas. Palenzuela asegura que una de las quejas comunes entre los usuarios es “la ansiedad y la sensación de miedo ante la nueva situación ceutí y un futuro incierto”. Una sintomatología que, reconoce, también comparten los propios profesionales.
El segundo médico consultado ofrece una valoración más crítica y asegura que la sobrecarga se está produciendo especialmente a nivel hospitalario. Según su testimonio, algunos pacientes le trasladan que “los tiempos de espera se han incrementado bastante”. También expresa preocupación por posibles riesgos de salud pública derivados de las condiciones de hacinamiento y de la presencia de determinadas enfermedades infecciosas. "Pacientes que acuden a urgencias nos dicen que los tiempos de espera se han incrementado bastante y además el riesgo de contagio por tuberculosis, sarampión o sarna es mucho más alto para nuestra población".
Una crisis sin horizonte claro
El principal problema que identifica Palenzuela de cara a las próximas semanas es precisamente la incertidumbre. “Llevamos ya 20 días con una situación que no parece tener una solución inmediata y seguimos sin saber qué va a ocurrir si se prolonga: quién va a asumir la atención sanitaria de todas estas personas, con qué recursos y durante cuánto tiempo”, plantea.
La médica considera especialmente difícil dimensionar las necesidades porque no existe un horizonte claro sobre la evolución de la crisis. “No sabemos si estamos hablando de días, semanas o de una situación que puede prolongarse durante meses”, advierte.
Por ello, reclama que la respuesta deje de basarse exclusivamente en refuerzos puntuales. “Necesitamos una respuesta estructural, recursos suficientes y un plan claro”, afirma. El objetivo, añade, es evitar que una emergencia termine convirtiéndose en una situación permanente sostenida por el esfuerzo de los mismos profesionales. “Estamos consiguiendo contener la situación, pero la pregunta es durante cuánto tiempo podremos hacerlo”, concluye.
