La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado recientemente una actualización ligada a las recomendaciones sobre las vacunas frente a la fiebre tifoidea, sustituyendo al pasado documento de 2018. Esta novedad se ha realizado ahora debido al surgimiento de nueva evidencia sobre la incidencia de la enfermedad, la eficacia de las vacunas conjugadas, la duración de la protección y, especialmente, el aumento de la resistencia antimicrobiana de Salmonella Typhi, bacteria causante de esta enfermedad.
La OMS reconoce un total de tres tipos de vacunas contra la fiebre tifoidea, que son la vacuna oral viva atenuada Ty21a, la vacuna de polisacárido Vi (ViPS) y las vacunas conjugadas contra la fiebre tifoidea (TCV). Una de las principales recomendaciones que realiza la institución en esta actualización es que las TCV deben ser la opción preferente para los programas de vacunación en países donde la enfermedad es endémica. Esta elección es debido a que esta vacuna ofrece mejores propiedades inmunológicas, y se recomienda administrarse a niños pequeños, debido a que ofrece una protección más prolongada que las vacunas más antiguas.
El potencial ya se ha comprobado y la diferencia, tal y como relata la OMS en su informe, mientras que la vacuna Ty21a ofrece una eficacia aproximada del 45 por ciento y la ViPS de alrededor del 58 por ciento durante los primeros años, los ensayos con vacunas conjugadas han mostrado eficacias de hasta un 85 por ciento. Además, estudios realizados después de su introducción en campañas de vacunación han encontrado una efectividad generalmente situada entre el 70 por ciento y más del 90 por ciento frente a la fiebre tifoidea confirmada mediante cultivo de sangre.
Estos resultados respaldan la recomendación de la OMS de utilizar las TCV en los programas de inmunización sistemática de los países donde la enfermedad es endémica, para todas las edades que cumplan los criterios de vacunación, especialmente por sus mejores propiedades inmunológicas, su mayor duración de protección y su posibilidad de administrarse a población pediátrica para luchar contra el aumento de la resistencia antimicrobiana de Salmonella Typhi. En cambio, la OMS no recomienda el uso rutinario de las vacunas ViPS y Ty21a en estos países debido a su menor duración de protección y a sus limitaciones programáticas, por lo que quedan principalmente reservadas para viajeros y otras indicaciones específicas cuando las TCV no están disponibles.
Además, la OMS defiende que todos los programas de vacunación contra la fiebre tifoidea deben implementarse como parte de una estrategia integral para prevenir la fiebre tifoidea y sus complicaciones. Esto incluye la educación sanitaria; la mejora del agua, el saneamiento y la higiene, así como de la seguridad alimentaria; y la capacitación de los profesionales sanitarios en el diagnóstico y tratamiento de la fiebre tifoidea, incluido el manejo de los portadores crónicos y de las infecciones resistentes a los antimicrobianos.
Fiebre tifoidea: Síntomas y mortalidad
La fiebre tifoidea consiste en una infección bacteriana causada por Salmonella Typhi, cuyo único reservorio conocido son los propios humanos. La transmisión se produce principalmente al ingerir agua o alimentos contaminados con materia fecal de personas infectadas. La organización estima que en 2023 se llegaron alrededor de 6,2 millones de casos que provocaron 72.000 muertes en todo el mundo, aunque las estimaciones varían según las regiones. La enfermedad, además, afecta especialmente a niños y adolescentes en las zonas donde existe una elevada incidencia.
Los síntomas que llega a provocar esta enfermedad son fiebre persistente, malestar, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento y, en los casos más graves, hemorragias intestinales, perforación intestinal y encefalopatía. La tasa de mortalidad global llega a alcanzar el 2,1 por ciento en los estudios analizados. Además, entre un 2 por ciento y un 5 por ciento de las personas infectadas pueden convertirse en portadores crónicos, manteniendo la bacteria y contribuyendo a su transmisión durante largos periodos de tiempo.
Uno de los principales problemas que destaca el informe publicado por la OMS es el aumento de la resistencia de Salmonella Typhi a los antibióticos. Aunque la situación varía a nivel geográfico, existe una importante resistencia a las fluoroquinolonas y se han detectado, además, cepas resistentes incluso a cefalosporinas de tercera generación, especialmente en el sur de Asia. Esto reduce las opciones terapéuticas disponibles y hace que la prevención mediante vacunación cobre todavía mayor importancia.
La importancia de la vigilancia epidemiológica
Con respecto a la estrategia de vacunación, la OMS recomienda introducir las TCV especialmente en rincones con incidencia alta o muy alta de fiebre tifoidea, una elevada mortalidad asociada a la enfermedad o una gran presencia de cepas resistentes a los antibióticos. En contextos de incidencia media, la OMS también ve con buenos ojos instaurar la vacunación, sobre todo cuando existe una elevada resistencia antimicrobiana o una mortalidad significativa.
Finalmente, el documento emitido por la OMS recuerda que la clave para mantener a raya estas infecciones bacterianas es la vigilancia epidemiológica. Para ello, los países deben reforzar la detección de casos mediante cultivos de sangre o PCR, monitorizar la aparición de resistencia a los antibióticos y, cuando sea posible, utilizar vigilancia genómica. La posición que defiende la OMS es que la vacunación contra la fiebre tifoidea debe formar parte de una estrategia integral de Salud Pública, especialmente allí donde coincidan una elevada transmisión, dificultades de acceso a agua y saneamiento o una creciente resistencia antimicrobiana. La vacunación puede reducir tanto la enfermedad como la circulación de cepas resistentes, pero por sí sola no sustituye a las medidas básicas de higiene, saneamiento y control epidemiológico
