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La crisis en Ceuta se recrudece y las costuras de un sistema con solo algunas competencias transferidas comienzan a apretarse. Y como toda crisis "humanitaria" también hay un componente sanitario. Más allá de la parte asistencial, con casos más de tipo traumatológico que epidemiológico "no tan urgentes", la gran amenaza que sobrevuela la ciudad autonómica tiene que ver con la salud pública y con la necesidad de garantizar una condiciones de "saneamiento, higiene básica, alimentación y descanso" que sean aceptables para una población que se ha visto aumentada de golpe con las 5.000 personas que, se calcula, todavía permanecen en el terreno.

Para Fernando Benavides, vocal de Formación e Investigación de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas) la prioridad no estaría tanto en el ámbito sanitario donde el riesgo de propagación de ciertas enfermedades no se encuentra a niveles preocupantes. Es el caso de la tuberculosis, una de las patologías atendidas en los centros de salud según relataban a Redacción Médica los profesionales autóctonos, que, sin embargo, supone "un problema anecdótico" en palabras del portavoz.

Frente a la polémica surgida recientemente en torno al riesgo epidemiológico que supone la llegada masiva de extranjeros a la ciudad, Benavides habla del "sesgo del inmigrante sano", desmintiendo la exportación de problemas de salud ya existentes. "Los inmigrantes son personas sanas, especialmente sanas, por eso emigran. Los que no están sanos no pueden emigrar. Estamos ante una población más sana proporcionalmente a los autóctonos", sostiene. Esto no quiere decir que no haya incidencias que atender, aclara, a la vista de las más de 300 intervenciones que, según las cifras oficiales, atiende a diario, de media, el Ingesa. Sin embargo, la mayoría de estas consultas tienen que ver con heridas y golpes, y no con enfermedades con causa vírica, explica. "Por lo tanto, el tema asistencial no es especialmente urgente, se está resolviendo seguro con un esfuerzo enorme de los profesionales sanitarios". El foco, insiste, debe virar hacia otros puntos de riesgo ya que la asistencia médico sanitaria "está siendo resuelta".

Falta de medidas de higiene básicas

La realidad ceutí, vista a través de los ojos de los médicos, dejaba una fotografía de descontrol desde la llegada, hace dos semanas, de 70.000 personas inmigrantes a la ciudad, duplicando así el censo habitual del territorio en apenas 20 kilómetros cuadrados. Aquellos que continúan allí, deben hacerlo hacinados en puntos como la playa del Tarajal o campamentos improvisados para mujeres, donde "faltan medidas de higiene básica", según critica Benavides. "Esto es lo que hay que resolver de manera lo más urgentemente posible", sentencia, ante lo que entiende como una falta de directrices de "saneamiento" primarias como las "del siglo XIX con las epidemias de cólera".

Independientemente de si se resuelve el traslado o se da asilo, se trata, afirma, de atender a ese remanente de 5.000 personas -aunque algunas fuentes hablan de 8.000- que permanece en "unas condiciones de insalubridad por falta de higiene, alimentación y un lugar donde poder descansar". Ahora, no es la Administración sino los propios ciudadanos los que, según Benavides, estarían resolviendo los problemas de higiene que están afectando a barrios como El Príncipe.

Respuesta unificada estatal y autonómica

Es aquí donde, ante una ciudad "desbordada y sin recursos suficientes" ante el aumento de un 10 por ciento de su población, el responsable pide unificar esfuerzos y ofrecer una respuesta "unitaria y colaborativa", ante la dicotomía que presenta Ceuta en cuanto a separación institucional entre la asistencia médica, dependiente del Ministerio de Sanidad a través del Ingesa, y salud pública, cuya competencia recae en la propia ciudad. "No podemos caer, como vimos tristemente en la situación del hantavirus en el crucero con aquellas personas que llegaban a Canarias, en esa división y ese enfrentamiento entre las Administraciones, tanto centrales como autonómicas. Tienen que colaborar obligatoriamente", remarca el portavoz, para el que, sin embargo, hacen falta instituciones adicionales y neutrales que "coordinen" dicha unión "más allá de las disputas políticas, electorales, partidistas" y "unifiquen recursos" en un escenario de crisis con necesidades de "carácter diverso". Una estrategia acompasada que también exigiría una interoperabilidad de los sistemas para huir del baile de cifras y contar con una imagen lo más ajustada posible.

Todo va unido, aclara Benavides. Si no se priorizan esas medidas de higiene básicas, lo más probable es que la insalubridad y la dispersión de enfermedades aumente, y entonces sí se produzca un colapso a nivel asistencial, hasta ahora controlado dentro de lo posible por los servicios sanitarios de la ciudad.