"Me acabo de levantar, para mí todavía es buenos días". Al otro lado del teléfono, la voz de la médica Siham transmite el cansancio de quien acaba de salir de una de las guardias más duras que recuerda en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ceuta. Apenas ha podido descansar. "He tenido que tomarme un diazepam", asegura a Redacción Médica. En su cabeza, todavía se suceden cientos de imágenes de las historias y pacientes que ha tenido que atender junto a su equipo a lo largo de una noche que describe como "caótica".
La llegada masiva de migrantes a Ceuta en las últimas 24 horas ha puesto en jaque a la ciudad, llevando al límite la capacidad de respuesta sanitaria. Al frente de la guardia de Urgencias, Siham tuvo que reorganizar por completo el servicio para hacer frente a una emergencia sin precedentes, manteniendo al mismo tiempo la atención al resto de pacientes. "Ha sido un día, una tarde y una noche sin parar; la situación nos desborda y necesitamos ayuda, por favor", resume.
Más de 500 asistencias y un hospital reorganizado para evitar el colapso
En sus 20 años como médico en Ceuta, jamás había visto una situación así. Según relata, en apenas unas horas, Urgencias atendió a más de 500 personas que requirieron asistencia médica, a las que se sumaron otros cientos de pacientes con patologías leves que fueron valorados fuera del circuito habitual para evitar el colapso del centro. "Ha sido un día, una tarde y una noche sin parar. No me puedo quitar de la cabeza las lágrimas de mis compañeros", resume.
Ante una presión asistencial sin precedentes, la primera decisión de Siham fue dividir el servicio en dos. Mientras un triaje continuó atendiendo a los pacientes habituales de Ceuta, otro quedó reservado exclusivamente para las personas que llegaban desde la frontera. Para conseguir esto, la sanitaria se vio obligada a movilizar a médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, vigilantes y especialistas de distintos servicios, muchos de ellos de vacaciones. "Llamé a gente que estaba de vacaciones y vinieron. Ninguno me puso pegas", agradece la médica. A contrarreloj, el objetivo era que la crisis migratoria no paralizara la atención sanitaria del resto de la ciudad.
Pero la situación también se dejó sentir fuera del hospital. Según cuenta Siham, muchos migrantes pasaron la noche en parques, aceras y otros espacios públicos porque no había capacidad para acogerlos. "Intentamos evitar que durmieran en el hospital porque ya no teníamos sitio", afirma. Incluso regresar a casa tras finalizar la guardia se convirtió en una odisea. "Las carreteras estaban llenas de gente caminando. Tenías que ir esquivando personas continuamente", describe.
"Llamé a gente que estaba de vacaciones y vinieron. Ninguno me puso pegas"
"Habían empaquetado a un bebé y lo habían tirado al mar"
Heridas, traumatismos, hipotermias, ahogamientos o pacientes con patologías crónicas, son las situaciones más habituales que llegan a Urgencias ahora mismo. Sin embargo, por encima de cualquier diagnóstico, hay una imagen que sigue persiguiendo a Siham: la de los menores que llegaron al hospital. Muchos habían cruzado solos, otros separados de sus familias y algunos apenas eran bebés.
Pero, sin duda, la situación que resume bien el drama vivido por tantos sanitarios es la de de un niño de tres años con parálisis cerebral al que, según relata la médica, su familia envolvió para protegerlo durante la travesía y lanzó al mar con la esperanza de que alcanzara la costa con vida. "Lo habían empaquetado y lo habían tirado al mar. Fue realmente chocante", recuerda. Poco después supieron que sus padres también habían conseguido cruzar.
Tampoco consigue borrar de su memoria la imagen de un adolescente de 14 años que llegó convencido de que el amigo con el que había cruzado la frontera había muerto antes de poder alcanzar la costa del Tarajal. "Cómo lloraba... Es el primer paciente que me hizo llorar, porque son niños muy pequeños", lamenta emocionada.
Aunque acostumbrada a convivir con situaciones límite, Siham reconoce que nunca había vivido una guardia con un impacto emocional semejante. No solo por el volumen de pacientes, sino por el peso de cada una de las historias que iba conociendo. "No hay palabras para describir esto. No puedo olvidar tampoco las lágrimas de mis compañeros mientras estaban trabajando y la impotencia de no poder hacerlo todo", asegura.
"Cómo lloraba... Es el primer paciente que me hizo llorar, porque son niños muy pequeños"
Siham agradece la contundente respuesta del personal sanitario
Pero si hay algo que Siham destaca por encima del "caos" vivido durante la guardia es la respuesta de su personal sanitario. A medida que aumentaba la presión asistencial, comenzaron a llegar compañeros que estaban de vacaciones, otros doblaron turnos y muchos renunciaron a sus días libres para reforzar el dispositivo. "Incluso hubo gente que vino sin que la llamáramos", detalla.
La coordinación entre servicios fue constante. La médica habla de Traumatología, Ginecología, enfermería, auxiliares, celadores, seguridad y el 061 trabajando como un único equipo para sacar adelante una jornada que define como "excepcional". "Todos han colaborado desde el vigilante hasta el médico. Hemos sacado esto adelante gracias a la profesionalidad de todos", asegura con orgullo.
Pese al agotamiento, insiste en que la respuesta del equipo demuestra el compromiso de unos profesionales que, en sus palabras, "merecen mucho más reconocimiento". Recuerda que Ceuta es una plaza de difícil cobertura, con una falta crónica de personal y unas condiciones que llevan años denunciando los sanitarios. "Somos de los que peor cobramos de España", lamenta. Aun así, asegura que nadie dudó en dar un paso al frente cuando el hospital más lo necesitaba.
"Todos han colaborado desde el vigilante hasta el médico. Hemos sacado esto adelante gracias a la profesionalidad de todos"
Reclaman el reconocimiento de ciudad de difícil cobertura médica
Siham no tiene reproches hacia la respuesta del Hospital Universitario. Al contrario, asegura que la dirección del centro le dio libertad para reforzar la plantilla, reorganizar las Urgencias y movilizar todos los recursos que consideró necesarios para hacer frente a la emergencia. "El gerente estuvo en contacto continuo conmigo y no me puso ninguna pega. Me autorizó abrir más triajes y reforzar todo lo que hiciera falta", defiende.
Su crítica se dirige a otro lado, aquel que, a su parecer, aun no ha dado la cara. "El alcalde ni se acercó a preguntarnos cómo estábamos y la consejera de Sanidad tampoco. Eso nos dolió mucho. Estábamos ahí, a mano de Dios, haciendo lo que podíamos", afirma. Para la médica, la sensación de abandono políticofue una de las heridas que dejó en la guardia, especialmente cuando el personal sanitario llevaba horas trabajando sin descanso para sostener la atención en una ciudad completamente desbordada.
Convencida de que la crisis ha vuelto a evidenciar las carencias estructurales de la sanidad ceutí, Siham reclama medidas que vayan más allá de situaciones como esta. "Ceuta necesita ser reconocida como ciudad de difícil cobertura médica. Necesitamos ayuda, por favor", reclama angustiada.
