Los presentes han querido incidir en la importancia que tiene el profesional sanitario en todos los aspectos, desde la evaluación de la dolencia hasta la diagnosis y el tratamiento. En ese sentido, la directora de la Fundación Grünenthal, Isabel Sánchez, ha apuntado que “se debe diagnosticar su causa para poder aliviarlo parcial o totalmente mediante un tratamiento orientado no al propio dolor, sino a su origen”. “Hay que poner a disposición del profesional nuevas terapias, y eso se consigue a través de la docencia, la formación y la concienciación”, ha añadido.
Tras el testimonio de Esperanza Cutillas, paciente con más de veinte años de dolor crónico durante su vida, ha tomado la palabra la responsable de la Unidad del Dolor del Hospital Infanta Sofía, María de Madariaga, que se ha mostrado muy rotunda a la hora de calificar la situación actual tras confesar que la prevalencia “es demasiado elevada”. “El dolor en España se trata mal”, ha aseverado argumentando que “el paciente tarda en quejarse, se suelen hacer unas primeras prescripciones inadecuadas, hay una importante falta de seguimiento y el tratamiento etiológico es deficiente”.
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Otro de los temas cuyo debate ha consumido más tiempo es el del papel de la Administración en este campo. “Se mantienen los problemas de financiación y falta de recursos”, ha sostenido una Madariaga que, además, ha denunciado la falta de inversión pública existente y el hecho de que solo tres hospitales españoles, Ramón y Cajal y Puerta de Hierro en Madrid además del General de Valencia, dispongan de una Unidad del Dolor de primer nivel.
A ese mismo respecto, la directora de la Fundación Grünenthal ha mostrado su postura, basada en un abordaje multidisciplinar de este tipo de enfermedades. “En España hay en torno a cien Unidades del Dolor, pero deberían ser la última opción”. “Cualquier profesional debería poder evaluar, diagnosticar y tratar el dolor, porque todos los profesionales nos enfrentamos a pacientes en esa situación”, ha agregado.