En estos cinco años en la presidencia, Molina afirma que la balanza sanitaria se ha mantenido equilibrada entre los aspectos positivos como la consolidación de plazas de las Ofertas Públicas de Empleo (OPE) o el desarrollo de la carrera profesional, y los negativos como “el abuso de la presión laboral” y los elevados casos de agresiones, si bien en este último punto se ha logrado que las sentencias se hayan ejecutado en muchos casos por la vía penal. En cuanto a la presión asistencial, destaca principalmente la situación en Atención Primaria, profesionales que más sufren también, a su juicio, la obstaculización a la formación. Un cúmulo de circunstancias que está llevando, tal y como advierte, a una nueva ola de emigración con destino Alemania, traducida en un aumento de “más del 30 por ciento” en el último año. “Formamos a muy buenos profesionales en España pero los perdemos, siendo el Estado quien gasta en su formación”, lamenta. Una circunstancia que Molina suma a la jubilación masiva que se aproxima en el ámbito de la asistencia hospitalaria (con una frontera peligrosa en 2015), lo que provocaría un déficit de profesionales en un breve espacio de tiempo.
Gestores, no cargos directivos a dedo
En cuanto a la política de la ministra de Sanidad, Ana Mato, asegura que el ámbito sindical sigue “sin saber qué quiere hacer”, y confía que el próximo Consejo Interterritorial arroje luz al respecto y sea un punto de inflexión para que Mato impulse la negociación, y no solo el diálogo, con los agentes sociales.
A las autoridades sanitarias les pediría que la gestión esté en manos de “auténticos gestores, no cargos directivos a dedo”, que eviten la duplicidad de cargos intermedios, protocolicen la actuación e impulsen “una buena coordinación entre Atención Primaria y especializada”. El registro de profesionales supone para el presidente en funciones otro pilar básico de gestión y manifiesta su extrañeza ante “el recelo” de las autonomías para ofrecer los datos al Estado, algo que se produce, según él, incluso ahora con plena hegemonía popular. “Los grupos del Consejo Interterritorial ya se han reunido dos veces y aún no tienen conclusiones”, apunta.
El debate infinito sobre el copago le inquieta y asegura que es imprescindible “saber de qué puede prescindir realmente el país, pero no puede ser del SNS, que es un espejo en todo el mundo”. Y ante la idea del pago de la asistencia en función de la renta, Molina duda de que las "pocas" rentas mayores de 100.000 euros, como ha propuesto el ministro de Economía, Luis de Guindos, puedan sostener la estructura del sistema. Por otro lado, tiene grandes expectativas en que Mato lidere al fin el Pacto por la Sanidad (“si no lo hacen ahora con la mayoría del PP, no lo van a hacer nunca”) aunque critica que el ámbito sindical esté apartado por el momento del espacio negociador.
Futuro
El apoyo que los afiliados puedan brindarle esta tarde cuando presente su candidatura se traduciría para Molina en aumentar esfuerzos para mejorar la implantación del CSI•F en autonomías como Canarias, Navarra, Cataluña o País Vasco, así como “reestructurar” y “recuperar” fuerzas en Madrid, de la mano de Carlos Amaya, y en Murcia.