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Marta Rodríguez de Segovia Sáez. Sevilla

La contaminación ambiental, la sobreexposición al sol, el exceso de grasas en la dieta, el tabaquismo, el estrés, el insomnio, la obesidad… son consecuencias del estilo de vida actual que contribuyen que nos oxidemos más. Así lo ha afirmado Francisco Tinahones, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, durante el seminario “Antioxidantes: aliados de la salud”, organizado por Minute Maid, con el aval de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

“Nos oxidamos porque vivimos; la oxidación celular es imprescindible y el propio organismo tiene mecanismos fisiológicos para defenderse de ese exceso de radicales libres y compensar el daño que puedan provocar. Hay un equilibrio entre procesos oxidativos y procesos reductores en nuestro organismo”, ha apuntado el endocrino.

Sin embargo, el ambiente que nos rodea, “el oxidado siglo XXI”, tal y como lo ha denominado Tinahones, “contribuye a que esa balanza entre oxidación y reducción se incline hacia el incremento de la oxidación”.

En poco más de 10 años se ha duplicado el número de personas con obesidad, pasando de un 15 por ciento de la población al 30 por ciento actual, según ha informado el experto, que ha recordado que estas personas tiene un mayor estrés oxidativo a causas del exceso de radicales libres que hay en su tejido adiposo.

Una de las maneras de contrarrestar el exceso de radicales libres que provocan el estrés oxidativo es a través de la dieta. En este sentido, Tinahones ha destacado el poder antioxidante de los polifenoles, presentes en los vegetales, sobre todo en las frutas y hortalizas. “Las frutas silvestres (arándanos, moras y frambuesas), la manzana –con piel-, la ciruela y el pomelo, al igual que la alcachofa, las acelgas, la berenjena, la cebolla, el ajo y el brécol, son algunos de los alimentos con mayor cantidad de compuestos fenólicos”, ha enumerado el endocrino, que también ha mencionado la capacidad antioxidante de las nueces y los pistachos, de la canela, el oréganos, el vino, la cerveza, el té, el café, el cacao y el aceite de oliva.

Tinahones también ha aclarado que las propiedades beneficiosas de los alimentos no residen sólo en los elementos que los componen, sino en la proporción y combinación de estos elementos. “Cuando queremos coger de los alimentos determinados compuestos beneficiosos y llevarlos a pastillas siempre hay un cierto fracaso. El alimento demuestra el beneficio no sólo por un determinado compuesto, sino por el resto de elementos que lo acompañan y en la proporción en que lo hacen”, ha precisado.

El deporte conlleva una gran carga oxidativa

Por su parte, Raquel Blasco, responsable del Departamento de Medicina Interna del Centro de Medicina del Deporte de Castilla y León, ha recordado que la actividad física y el deporte aceleran la producción de radicales libres, provocando “un exceso de estrés oxidativo que puede dañar el músculo”.

Sin embargo, la práctica deportiva también sirve para “entrenar nuestro sistema de defensa o resistencia al estrés oxidativo”; es decir, es necesario “oxidarse” para aumentar la capacidad antioxidante del organismo, explica Blasco.

Asimismo, la experta ha señalado que, a pesar de que el organismo genera sus propias defensas antioxidantes, en ocasiones el cuerpo no dispone de cantidades suficientes. Es ahí cuando se recomienda la ingesta de alimentos con capacidad antioxidantes. “Tanto para el deportista profesional como para el aficionado, la mejor forma de prevenir la oxidación derivada de la práctica deportiva es a través de la dieta, ingiriendo los antioxidantes de los alimentos (fruta fresca, verduras, zumos…)”, ha asegurado Blasco.