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Entre el 36 por ciento y el 42 por ciento de los profesores de medicina de la Universidad de Kiev han tenido que interrumpir sus clases por alarmas antiaéreas y hasta el 20 por ciento impartió clases interrumpidas por una alarma aérea durante bombardeos (impactos, explosiones...). Además, el 96 por ciento impartió clases tras una alarma aérea y el 83 por ciento impartió clases después de un bombardeo.

Así se desprende de un trabajo académico publicado en la revista BMC Medical Education elaborado por los profesores Iurii Kuchyn, Kateryna Bielka, Lesya Lymar, Olena Vavrinevych, Mykola Kondratiuk, Nataliia Stuchynska, Ievgeniia Burlaka y Livia Puljak-profesores de la Universidad Médica Nacional Bogomolets, en Kiev- en el que se interrogó, en dos oleadas, a 199 profesores de esta misma universidad con el fin de aportar datos sobre cómo viven la guerra quienes tienen la doble misión de formar a los futuros médicos del país y, además, contribuir al sistema sanitario.

Respecto a las pérdidas materiales y de trabajo académico causadas por la guerra, un 16 por ciento confiesa pérdidas materiales y un 22 por ciento confiesa haber sufrido pérdidas de trabajo académico. Además, entre el 74 % y el 83 % describió los cortes de electricidad e internet como difíciles o muy difíciles.

Desean continuar en el país



Las respuestas apuntan a lo que los autores describen como un "patrón dual": la coexistencia de un funcionamiento profesional autopercibido relativamente alto con una considerable carga emocional.

Por un lado, el 84 por ciento de los encuestados en 2024 y el 76 por ciento en 2025 valoró con un 4 o un 5 su eficacia docente y alrededor de dos tercios eligieron la máxima puntuación de satisfacción con su trabajo, y más del 80 por ciento dijo que planea seguir como profesor universitario en Ucrania durante los próximos cinco años.

Por otro lado, el 65 por ciento declaró sentir ansiedad de forma habitual. El agotamiento mental alto fue señalado por casi el 50 por ciento , respectivamente y la irritabilidad afectó al 52,5 por ciento y al 43 por ciento. El miedo afectó al 28 por ciento y las emociones positivas fueron minoritarias: la calma la mencionó solo el 4 por ciento en 2024 y el 13 por ciento en 2025. Sin embargo, el 61% confiesa estar ya adaptado a la situación de guerra que vive el país. "Los participantes informaron, en general, de percepciones favorables sobre su funcionamiento profesional, pese a la frecuente carga emocional y el agotamiento mental", declaran los autores del estudio, que explican que el mantenimiento de la actividad profesional durante condiciones bélicas prolongadas "no debe interpretarse como ausencia de tensión emocional".

Por último, los autores del estudio confiesan que este presenta varias limitaciones, ya que se realizó en una única institución mediante participación en línea voluntaria y muestreo por conveniencia, lo que "introduce posibles sesgos de selección y de no respuesta, y limita la generalización de los resultados". "Es posible que el personal con acceso limitado a internet, tiempo o capacidad para participar estuviera infrarrepresentado", destacan.

Además, señalan que todos los datos fueron autorreportados y el estudio utilizó medidas desarrolladas por los autores, basadas en gran parte en respuestas únicas, en lugar de instrumentos estandarizados y validados.