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Medicina es uno de los grados con mayor nota de corte en el sistema universitario español. Acceder a la carrera es un reto para muchos estudiantes, que ven lastrado su sueño, en ocasiones, cuando no llegan a un 12 en la EBAU. Sin embargo, no ocurre lo mismo en el resto de Europa.

El Ministerio de Salud de los Países Bajos y sus universidades apuestan por un modelo radicalmente distinto: la evaluación descentralizada de las competencias humanas. Para llegar a un hospital en territorio neerlandés no basta con ser un buen estudiante, ya que los aspirantes a entrar en la carrera de Medicina deben demostrar sus habilidades interpersonales.

El sistema universitario holandés tiene establecido un numerus fixus (plazas limitadas) de aproximadamente 3.000 plazas anuales para el Grado en Medicina, repartidas entre sus ocho facultades (Ámsterdam UvA, Ámsterdam VU, Groningen, Leiden, Maastricht, Nijmegen, Rotterdam y Utrecht). Según información oficial del Gobierno de Países Bajos facilitada a este medio, estas plazas no se asignan por una nota de corte nacional, sino mediante un proceso de selección descentralizado de dos rondas donde cada universidad diseña su propio procedimiento para identificar a los alumnos que mejor encajen con su plan de estudios.

El caso de Maastricht: evaluación cognitiva e interpersonal

Un ejemplo paradigmático de esta forma de proceder es la Universidad de Maastricht. Para el curso 2027-2028, la institución cuenta con una capacidad máxima de 359 estudiantes (309 para el Grado en Medicina en neerlandés y 50 para un máster de Médico-Investigador Clínico).

El proceso de acceso a esta universidad, que se realiza íntegramente en neerlandés, arranca casi un año antes del inicio de las clases, tal y como ha podido conocer Redacción Médica. Los aspirantes deben presentar a mediados de enero un extenso portfolio, acompañado de un anexo y tareas específicas para evaluar su motivación. Pero la verdadera criba llega en la segunda fase.

Los candidatos que logran pasar el primer corte se enfrentan al 'Día de Selección' presencial en Maastricht. Durante esta jornada, la universidad no solo evalúa los conocimientos científicos (cuyas deficiencias en materias como física, química o biología deben subsanarse con planes de estudio estrictos), sino que somete a los aspirantes a una batería de tareas diseñadas para probar "diversas características y habilidades cognitivas e (inter)personales". El objetivo es claro: detectar si el aspirante tiene la empatía, el temple y las capacidades comunicativas necesarias para el trato directo con el paciente, generando un ranking final de admisión basado en este desempeño humano y cognitivo.

Contacto temprano con el paciente y un 'Plan Marco'

Este enfoque selectivo está en sintonía con el currículo médico del país. El programa de Medicina dura seis años, dividido en una estructura de tres años de licenciatura y tres de maestría. A diferencia de otros modelos más teóricos en sus primeros años, el Gobierno neerlandés exige que los alumnos tengan "contacto regular con pacientes, incluso durante las clases" desde la fase de licenciatura.

La maestría se enfoca totalmente en la aplicación práctica, mediante rotaciones clínicas continuadas tanto en hospitales como en consultorios de medicina general y medicina social (salud laboral, juvenil y de seguros).

Para garantizar la homogeneidad asistencial de los futuros facultativos, las ocho universidades se rigen por un 'Plan Marco' (Raamplan) a nivel nacional. Este documento asegura que, aunque cada universidad tenga flexibilidad curricular y su propio método de selección, todos los graduados adquieran los requisitos básicos para que el paciente tenga la certeza de estar ante un profesional plenamente capacitado para ejercer como Médico Interno Residente.

Una vez superados los seis años y los exigentes exámenes de competencias anuales, los alumnos se enfrentan a un último requisito cargado de simbolismo antes de poder inscribirse en el registro nacional de profesionales sanitarios (BIG): la prestación del Juramento Hipocrático, el momento en el que el sistema les exige ser, por fin, plenamente conscientes de "los principios superiores" de la profesión.