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El sarampión acostumbra a formar parte de los programas de vacunación de buena parte del mundo. Una realidad que ha generado una sensación de seguridad respecto a la patología. Sin embargo, también de relajación. Según datos recogidos por investigadores del Instituto Mexicano del Seguro Social, la enfermedad cada vez tiene una incidencia mayor en varios enclaves del mundo, lo que se traduce también en una mortalidad más elevada. Las brechas de inmunidad y el aumento de la movilidad internacional favorecen su expansión.

El artículo científico realizado por un equipo de la citada institución de México, publicado en la revista PubMed Central, radiografía el avance del sarampión en el país latinoamericano. Solo en 2026 -en concreto, hasta el 12 de mayo- se registraron 10.730 casos. Una cifra que probablemente ya duplique el número de contagios del año anterior, cuando se anotaron 6.608. De estos, 27 acabaron en defunción.

Si bien la situación preocupa especialmente en México, el resurgimiento de la patología no se trata de un fenómeno estrictamente nacional. Varios países detectaron un importante cúmulo de casos de sarampión el año pasado. Estados Unidos confirmó 2.288 -tres fallecimientos-, Canadá, 5.461, de los que 19 fueron congénitos -transmisión de la madre al feto-; y Europa, 7.655, lo que hizo que en seis países del Viejo Continente se restableciera la transmisión endémica, incluida España.

En cuanto a la letalidad, las cifras varían entre territorios. México cuenta con la mayor tasa, un 0,41 por ciento, frente al 0,13 por ciento en Estados Unidos, el 0,14 por ciento en Europa y el 0,04 por ciento en Canadá.

Causas y respuesta

Los investigadores achacan este aumento a un descenso de la inmunidad colectiva. Esta caída viene provocada por una menor inoculación de la población, dado que las vacunas son la principal herramienta para combatir la transmisión de la patología. A las posibles brechas en el proceso de administración de dosis contra el sarampión se une el incremento de los desplazamientos internacionales. No hay que olvidar que esta enfermedad es altamente contagiosa, por lo que un infectado en periodo vacacional puede ocasionar brotes en múltiples países.

Ante este escenario, los autores de la publicación apuestan por fortalecer los programas de vacunación, con la misión de reducir las bolsas de población susceptible de contagio. Asimismo, resaltan la importancia de mejorar la vigilancia epidemiológica, fomentar la detección de formas atípicas o poco frecuentes de transmisión -como el sarampión congénito-, establecer estrategias para el abordaje de la enfermedad en periodos de gran movilidad y eventos masivos y prestar atención a los individuos más vulnerables ante el sarampión, como es el caso de los menores de un año. No solo consiste en atender a los afectados, sino en impulsar los planes de prevención relativos a este mal.