Publicada
Actualizada

El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) extenderá antes de 2028 un protocolo telefónico a todas sus salas de emergencias que otorga a los pacientes y a sus familiares el poder de exigir una segunda revisión clínica inmediata. La medida, bautizada como la 'Regla de Martha' tras la muerte por sepsis de una menor ignorada por los facultativos, sortea la tradicional jerarquía médica para evitar negligencias en un sistema tensionado y abre el debate sobre su viabilidad frente a los recurrentes colapsos de los hospitales españoles.

El mecanismo, anunciado este martes, obliga a los gerentes hospitalarios a habilitar un número exclusivo en las áreas de recepción y salas de espera. Si el estado del paciente sufre un deterioro brusco y los acompañantes perciben que el personal de guardia desatiende el cuadro clínico, pueden marcar esa extensión para paralizar el proceso y forzar una nueva valoración por parte de un equipo independiente. El profesor Aidan Fowler, director nacional de seguridad del paciente del NHS, argumenta que la saturación asistencial exige nuevas vías de control. "La capacidad de expresar rápidamente inquietudes y activar una revisión es fundamental para salvar vidas", sentencia el facultativo, quien recuerda que Inglaterra encara este año el verano con mayor presión de su historia asistencial tras sumar casi un cuarto de millón de visitas extra.

Fisuras del sistema

La efectividad del protocolo cuenta ya con el aval de los ensayos previos realizados en 221 plantas de hospitalización aguda. Los registros oficiales revelan que las familias protagonizaron el 72% de las casi 20.000 alertas recibidas a través de este canal durante el último año. Estas intervenciones externas destaparon lagunas reales en la monitorización de los sanitarios. De hecho, el 82% de las llamadas justificadas por un agravamiento repentino jamás habría activado las alarmas de los sistemas de triaje convencionales basados en la frecuencia cardíaca o la temperatura. Esta intromisión documentada forzó alteraciones directas de tratamiento en 3.432 casos, derivando en ingresos imprevistos en la UCI, introducción de nuevas pautas de antibióticos y entradas de urgencia en quirófano.

Negligencia letal

Esta transformación de la sanidad inglesa hunde sus raíces en un fracaso sistémico ocurrido en 2021. Martha Mills, una adolescente de 13 años, ingresó en el hospital tras sufrir una lesión pancreática al caer de su bicicleta. Durante los días posteriores, sus padres advirtieron repetidamente al equipo médico sobre el visible declive físico de la niña, pero sus peticiones cayeron en saco roto. La menor falleció a causa de una sepsis y un forense dictaminó un año después que un traslado a tiempo a cuidados intensivos habría evitado el desenlace. Desde entonces, el Ministerio de Sanidad británico asumió el mandato de integrar la observación familiar sistemática en el historial de los enfermos para detectar señales de alerta temprana.

El modelo español

El paso dado por las autoridades británicas interpela de forma directa a la red pública española, que padece episodios cíclicos de congestión en las urgencias. La legislación sanitaria nacional reconoce el derecho a una segunda opinión médica frente a diagnósticos cerrados o patologías complejas, pero carece de un resorte institucional que permita al usuario intervenir en tiempo real durante una crisis aguda dentro de un box. Integrar una red de seguridad similar en España requeriría una profunda remodelación de los circuitos de atención continuada, además del necesario consenso con los colegios profesionales ante un instrumento que fiscaliza la labor médica en pleno turno de guardia sin requerir la contratación de plantilla adicional.

Mientras el debate aterriza en el continente, el Gobierno de Londres mantiene su hoja de ruta con el despliegue progresivo de este mecanismo en todas las unidades de maternidad y servicios de neonatología. La ministra de Salud de la mujer, Baroness Merron, zanja cualquier reserva corporativa al recordar que la administración sanitaria tiene el deber de asegurar que la inquietud de una familia ante el empeoramiento de un paciente siempre genere una reacción médica inmediata.