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El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, ha pedido ampliar y acelerar la respuesta al brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC), ante las dificultades para identificar todas las cadenas de transmisión.

"Hasta que cada cadena sea encontrada y rota, la epidemia continuará y seguirá representando una amenaza para la RDC, sus países vecinos y toda la región", ha afirmado durante una rueda de prensa en Ginebra.

La OMS pide apoyo internacional

Ante esta situación, Adhanom ha instado a la comunidad internacional a incrementar y acelerar la financiación del plan de respuesta liderado por el Gobierno congoleño, que requiere 1.122 millones de euros.

El director general de la OMS ha reconocido que la petición llega en un momento de reducción de los recursos destinados a la ayuda humanitaria y de numerosas crisis que compiten por financiación. Sin embargo, ha subrayado que la experiencia de anteriores brotes demuestra que el ébola puede ser controlado si se destinan los recursos necesarios. "Podemos controlar esta epidemia si decidimos hacerlo", ha asegurado.

Alcance del brote de ébola en RDC

El brote ya ha causado más de 3.000 muertes, según datos del Gobierno congoleño, convirtiéndose en el peor y más letal registrado en la historia del país y superando al brote de 2018-2020.

Uno de los principales obstáculos para contener el brote es que numerosas personas fallecidas no figuraban entre los contactos conocidos de casos anteriores. Según Adhanom, esto indica que existen cadenas de transmisión que todavía no han sido identificadas.

El responsable de la OMS también ha advertido que algunas de las personas fallecidas continúan siendo enterradas sin las medidas de seguridad necesarias, una práctica que puede favorecer la propagación del virus.

La epidemia, provocada por la especie Bundibugyo del virus del Ébola, es actualmente la segunda más mortífera registrada en el mundo, solo por detrás del brote de África Occidental de 2014-2016. Aquella epidemia infectó a más de 28.600 personas y causó más de 11.000 muertes en Guinea, Liberia y Sierra Leona.