El brote de ébola sigue imparable en la República Democrática del Congo. Mientras el mundo se fija en las cifras de contagios y fallecidos, Naciones Unidas ha querido poner el foco esta semana en un factor que puede terminar siendo determinante para frenar la epidemia: el hambre. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU ha lanzado un llamamiento urgente de financiación al advertir de que el hambre creciente en las zonas afectadas está debilitando directamente la respuesta sanitaria al brote, que ya ha infectado a más de 3.200 personas.
"El ébola se alimenta de la demora, el miedo y el hambre", ha resumido Carl Skau, director ejecutivo en funciones del PMA. Este mensaje deja claro cómo este problema social que se lleva arrastrando desde hace muchos años resulta crítico para contener el virus. El brote actual, causado por el virus Bundibugyo, fue declarado el pasado 15 de mayo en el este de la República Democrática del Congo, y desde entonces se ha convertido, según la Organización Mundial de la Salud, en el brote de mayor crecimiento registrado hasta la fecha para esta cepa del virus.
Las últimas cifras oficiales, publicadas por el Instituto Nacional de Salud Pública congoleño con datos hasta el 27 de julio, sitúan el balance en 3.360 casos confirmados y 1.487 muertes, con una tasa de letalidad del 44,1%. Otros 733 pacientes permanecen hospitalizados en aislamiento, mientras que 597 personas han logrado recuperarse. Igualmente, el seguimiento de contactos, una de las herramientas clave para frenar la transmisión, alcanza actualmente al 78,9% de los casos identificados, mientras que el brote afecta ya a 48 zonas sanitarias repartidas en cinco provincias del este del país: Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Tshopo y Haut-Uele. De todas ellas, Ituri es el epicentro y la provincia que concentra la inmensa mayoría de los contagios.
¿Por qué el hambre complica directamente la contención del virus?
Lo que subraya el llamamiento del PMA es que la coincidencia geográfica entre el brote y la crisis alimentaria no es casual ni marginal, sino que ambas emergencias se retroalimentan en el mismo territorio. Según los datos recogidos por Naciones Unidas, Ituri continúa siendo uno de los puntos más graves de inseguridad alimentaria del país, con 1,9 millones de personas enfrentando niveles de crisis alimentaria o peores.
En el conjunto de las 48 zonas sanitarias afectadas por el brote, más de 2,65 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda, de las cuales más de 628.000 se encuentran ya en condiciones de emergencia, según los datos del Clasificador Integrado de la Fase de Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés), el sistema de referencia respaldado por la ONU para medir el hambre a nivel mundial.
El argumento central que defiende el PMA es que la asistencia alimentaria no es una ayuda paralela a la respuesta sanitaria, sino una herramienta de contención en sí misma. "La alimentación es la primera línea de contención del ébola", ha explicado Skau. Tanto es así que el sustento alimentario "ayuda a las familias a quedarse en casa, favorece el aislamiento seguro, genera confianza con las comunidades y mantiene en movimiento a los equipos sanitarios", señala el responsable.
La lógica es tan sencilla como decisiva sobre el terreno. Una persona que no tiene garantizado el alimento del día no puede permitirse permanecer aislada ni en cuarentena, y se ve obligada a desplazarse en busca de comida, lo que multiplica el riesgo de contagio y dificulta enormemente el rastreo de contactos. Según ha explicado la propia agencia, este tipo de asistencia también ayuda a reducir los desplazamientos de población en busca de alimento, disminuye el riesgo de que las comunidades recurran a estrategias de supervivencia perjudiciales y genera las condiciones sociales necesarias para que el personal sanitario pueda operar con seguridad y eficacia.
Skau ha sido especialmente insistente en el factor tiempo: "Sabemos lo que funciona. Lo que necesitamos ahora es la velocidad y los recursos para escalarlo antes de que este brote supere a la respuesta".
Lo que ya está haciendo la ONU sobre el terreno
Naciones Unidas, a través del PMA, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, mantiene desplegada una operación logística y humanitaria de gran envergadura desde el inicio del brote. El Servicio Aéreo Humanitario de la ONU (UNHAS) ha realizado ya 495 vuelos, transportando a 3.395 trabajadores humanitarios y entregando 56 toneladas de carga esencial a zonas de primera línea, incluidas provincias de incorporación más reciente al brote como Haut-Uele y Tshopo.
En el ámbito estrictamente alimentario, el PMA ha distribuido más de 160.000 comidas calientes a pacientes, contactos y personal de primera línea en 17 centros de tratamiento y aislamiento. La agencia ha proporcionado también raciones de alimentos secos a 23.000 personas en Kivu del Norte, Kivu del Sur e Ituri, entre ellas 14.000 personas en cuarentena que reciben asistencia alimentaria mensual, mientras que otras 36.000 personas en las zonas afectadas han sido alcanzadas con asistencia alimentaria general.
Pese a este despliegue, el propio PMA reconoce que la velocidad y los recursos disponibles son, hoy por hoy, el principal cuello de botella. Cada retraso, advierte la agencia, da al virus más margen para propagarse, mientras que las carencias en logística, asistencia alimentaria y apoyo comunitario amenazan con debilitar los esfuerzos de contención ya en marcha. A ello se suma un contexto de inseguridad, restricciones de acceso, disturbios comunitarios y capacidad operativa limitada en las zonas de incorporación más reciente al brote.
Todo ello complica tanto la vigilancia epidemiológica como el movimiento de suministros y la ampliación de la respuesta. Asimismo, para poder sostener el conjunto de sus operaciones en el país durante los próximos seis meses, el PMA calcula que necesita 293,6 millones de dólares, una cifra que cubriría tanto la logística de emergencia como la asistencia alimentaria en Ituri y el resto de zonas afectadas.
