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La inclusión de los dos medicamentos para la enfermedad de Alzheimer aprobados tanto por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) como por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) no solo ha sido rechazada por la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM), sino que países como Italia o Francia también han decidido seguir este camino. Mientras una parte de la Unión Europea opta por no apostar por estos tratamientos debido a su coste-efectividad, otros países de todo el mundo sí los han incorporado a sus carteras de servicios. Ante esta realidad, desde la Sociedad Española de Neurología (SEN) se advierte de que, en caso de que buena parte de Europa continúe sin financiar estos tratamientos, “el continente no contará con datos de vida real de pacientes con alzhéimer, por lo que se tendrá que estar pendiente de otros sistemas sanitarios extranjeros. Además, los centros públicos no podrán participar en estudios ligados a estos fármacos”.

Ante esta situación, Raquel Sánchez del Valle, coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la SEN, afirma en Redacción Médica que, a diferencia de la Unión Europea, “países como Estados Unidos, Japón o Suiza ya hace tiempo que han apostado por financiar dentro de su sistema de salud Kisunla (donanemab) y Leqembi (lecanemab)”. En Europa, por el contrario, “Francia y Italia ya han afirmado que no lo financiarán hasta el momento. La otra cara de la moneda es Luxemburgo, que si lo integrará a su cartera de salud, mientras que Alemania está pendiente de la resolución de precios, pese a que actualmente sí lo está financiando de forma temporal”. Finalmente, el Reino Unido presenta una casuística distinta a la del resto de países: “Pese a que el país ha dicho que no en un primer momento, actualmente se está reevaluando el proceso”. Sánchez del Valle explica que, ante esta realidad europea, “la situación de España no es una excepción con respecto al resto del continente”.

En aquellos países europeos donde estos tratamientos ya están disponibles o contarán próximamente con financiación, la neuróloga explica que “la EMA aprobó estos fármacos el año pasado, por lo que aún no hay mucha experiencia recabada en este sentido. Pese a ello, es importante destacar que, en España y pese a que algunos centros ya empiezan a mejorar los diagnósticos e incluso los marcadores plasmáticos, es muy desigual”. En este sentido, añade que, mientras existen hospitales que están “totalmente preparados para hacer un diagnóstico precoz y lo están realizando ya, hay otros centros y otras zonas del país que no tienen este diagnóstico precoz. Esto provocará que, cuando España apruebe el uso de estos fármacos, muchos centros estarán rezagados al respecto”.

Tal y como reconoce la profesional de la SEN, desde los hospitales que ya tienen consolidado el diagnóstico precoz de esta enfermedad neurodegenerativa “se habla de que poco a poco todo este conocimiento se va esparciendo entre los diferentes hospitales nacionales. No se trata de un tsunami de innovación, sino que los cambios van esparciéndose como una gota de aceite, constantemente, pero de forma lenta”.

Europa, relegada al no sumar en ensayos clínicos contra alzhéimer

El hecho de que existan países que ya estén testando la efectividad de estos tratamientos provoca que esta información “no se pueda adquirir en Europa, ya que la mayoría de los sistemas nacionales de salud no han incluido los nuevos abordajes. Es necesario realizar estudios grandes en este sentido para saber cómo van evolucionando los ensayos clínicos, y si Europa no apuesta por ellos, no podrá formar parte de las futuras investigaciones”.

La decisión temporal de algunos países europeos de no financiar estos medicamentos provocará que “sus centros públicos no podrán participar en estudios para seguir conociendo más resultados de esta investigación”. Una de las consecuencias de esta situación, añade, es que “las compañías farmacéuticas dejen de ver atractivo en Europa a la hora de establecer sus ensayos clínicos ligados a Alzhéimer debido a que no financia los tratamientos que surgen. Si los sistemas nacionales de salud no participan en estos proyectos, el fármaco quedará relegado a la sanidad privada”.

Desde la SEN se confía en que la CIPM “se reconsidere la decisión tomada. Se tiene que valorar el impacto de esta medida y es necesario reconsiderarlo para lograr que los pacientes se puedan beneficiar de estas terapias al no haber un fármaco alternativo, aunque la magnitud de su efecto sea limitada”.