Por Pilar Román, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI)



22 sept. 2014 15:28H
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 #13premioreflexiones

Es cierto. “Otros” nos han sumido en una profunda crisis económica (¿seguro que no hemos contribuido todos a la locura colectiva del crecimiento ilimitado sin reparar en la progresiva deuda acumulada?) y nosotros, los profesionales sanitarios, como una gran parte de los ciudadanos, nos estamos viendo afectados por sus consecuencias. A los más afortunados nos han bajado el sueldo, aumentado las horas productivas y restringido la libertad de acción. El resto, ellos sí que lo están sufriendo más duramente, han perdido su puesto de trabajo.

La situación no es halagüeña pero el futuro, la velocidad a la que salgamos de este túnel y la forma en que lo hagamos depende, solo y exclusivamente, de nosotros. No podemos ni debemos esperar a que nos saquen los “otros”.

Además de reivindicar las medidas necesarias para que no vuelvan a darse circunstancias semejantes, hemos de ponernos “manos a la obra”. Todos estamos orgullosos del sistema sanitario que tenemos. Sabemos, además, que puede ser manifiestamente mejorable. Y conocemos, desde hace más de 22 años en que fue publicado el riguroso Informe Abril, que no es sostenible en el tiempo. Ya no lo era por aquél entonces. Y, ya por aquél entonces, se señalaron los factores que hacían imperioso un cambio de nuestro modelo: necesidad de racionalización del gasto para siempre, independientemente del ciclo económico en el que nos encontráramos; aumento del envejecimiento y consecuente dependencia de la población y  aumento progresivo de las enfermedades crónicas.

Como aquel informe quedó en papel mojado “por culpa de los otros”, la situación no ha hecho más que empeorar. Es verdad que la crisis y la perentoria necesidad de adaptación han obligado a dar pasos en la buena dirección por parte de algunos gestores sanitarios y algunos profesionales. Y que muchos de nosotros somos ya muy conscientes de la necesidad de la evolución que nuestro sistema necesita.

Pero también es cierto que en muchos ha cundido el desánimo, la desmotivación y el resentimiento. Este clima emocional, tan contagioso y tan nefasto para las organizaciones  y para las personas, solo conduce a los malos resultados de la organización  y a la insatisfacción e infelicidad de las personas.

Por el contrario, una actitud positiva con retos y objetivos claros, la ilusión en el trabajo bien hecho y el ansia de mejora continua son ingredientes indispensables para conseguir los mejores resultados y la satisfacción personal. Y la ilusión es, también, muy contagiosa.

¿Y cuáles deben ser los grandes objetivos que nos guíen? Al entender de prestigiosos expertos y, vistos los resultados obtenidos en otros países de nuestro entorno, podemos resumirlos en:

- Impulso de la prevención y promoción de la salud.

- El paciente como centro del sistema en un continuum asistencial sanitario y social.

- Reorganización del sistema para su orientación hacia los pacientes con enfermedades crónicas.

- Conciencia de entorno económico restringido. La gestión clínica, es decir, la transferencia de responsabilidad a los clínicos con objetivos de eficiencia, calidad, transparencia y competencia debe constituir el modelo a seguir. La gestión meso y macro debe basarse, también, en los mismos principios.

- Innovación, formación e investigación.

No esperemos a que empiecen otros. Por el bien del sistema y por el nuestro propio, pasemos ya, hoy mismo, a la acción.
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