Los distintos actores del sector de la salud andan estos días con la mirada puesta en el cambio de gobierno que alumbrará el 29N. Patronales, lobbies, colegios profesionales, sindicatos o sociedades científicas desempolvan su lista de deseos y la adaptan para la próxima legislatura, esperando que los futuros diputados y diputadas pongan en lugar preferente sus peticiones.

El reflejo de la opinión pública nos hace creer que la voluntad política se mueve más por la oportunidad mediática, por la foto del momento concreto que puede aupar encuestas. Seguro que en ocasiones es así. Pero también está ese otro poso que poco a poco va quedando: el de la sobriedad, el del trabajo y la lealtad institucional.

Desde hace años, el ámbito de la tecnología sanitaria en España ha apostado por esta vía. Sin estridencias, simplemente poniendo en valor de forma periódica lo que aporta al Sistema Nacional de Salud (SNS) y a la sociedad en su conjunto. Consciente del rol fundamental que juega en la vida y el bienestar del ciudadano, pero sin entrar en la tentación de reivindicar con acciones o manifestaciones estridentes para conseguir titulares sensacionalistas.

El de la tecnología es un sector líder en inversión en innovación y en la creación de empleo cualificado. Genera riqueza, y además las empresas de bandera española exportan fuera de nuestras fronteras, muchas veces 'obligadas' por las limitaciones del mercado interior, donde no encuentran incentivos.

El Ministerio de Sanidad y las consejerías de Salud conocen su valor, y saben que en nuestro país hay una red sólida de compañías que responden en lo cotidiano y cuando se les necesita en lo extraordinario. Lo sintieron en momentos muy difíciles que ha vivido España en los últimos años, como la pandemia de covid-19, la DANA en Valencia o la famosa nevada que aisló Madrid en enero de 2021. Sí, 'Filomena'.

También en las gerencias y servicios hospitalarios sienten la tranquilidad que da contar con un socio siempre dispuesto a mejorar y a hacer más fácil la complejidad de la asistencia sanitaria.

Desde la patronal Fenin son conscientes de la dificultad que entraña que algo que funciona bien cale en los programas políticos. El paciente entra en el quirófano y no discierne hasta dónde ha llegado la tecnología por su salud. O cuando le hacen pruebas radiológicas o un simple empaste en la clínica dental. La aparatología no forma parte del paisaje. Está ahí porque ha superado un exhaustivo proceso de innovación y de validación para ser segura y mejorar los procesos ideados por el conocimiento humano.

No hay que penalizar a este ámbito por ser eficiente y discreto. También tiene sus reivindicaciones justas, como la reducción impositiva del IVA, que en la mayoría de los casos sigue al 21 %, pese a su carácter esencial para el diagnóstico, el tratamiento de enfermedades y el cuidado de la salud.

Tampoco es normal que cargue con la subida del precio de los costes de producción, y quede atado a unos contratos que devalúan su retorno durante años. Por eso, la indexación de precios al IPC es una petición lógica y sensata. Como lo es que pesen más los criterios de calidad que los economicistas en los concursos públicos.

Cuando los focos del 29N se apaguen, y se vuelva a la labor parlamentaria, sería bueno que sus señorías recordaran que no tiene más razón el que más grita y gesticula. Simplemente hay que observar la frialdad de los números, de las razones, y la calidez de los resultados. Y ahí la tecnología sanitaria es un gran aliado al que hay que apoyar desde las instituciones.