Preguntar cuántos hospitales necesita un país parece sencillo, pero quizá sea formular mal la pregunta. Un hospital comarcal, un centro de media estancia y un gran hospital universitario con trasplante, neurocirugía y medicina genómica cuentan todos como “un hospital”, aunque su capacidad sea incomparable. Lo importante no es sólo cuántos edificios (hospitales) existen, sino dónde están, qué población atienden, qué complejidad ofrecen y qué alternativas existen a la hospitalización.
El Catálogo Nacional de Hospitales 2025, del Ministerio de Sanidad, registra exactamente 848 hospitales en funcionamiento a 31 de diciembre de 2024 y 159.679 camas instaladas. Su desglose por dependencia funcional aclara las cifras: 387 centros dependen de diferentes administraciones u organismos públicos, 420 son privados, 21 pertenecen a mutuas colaboradoras con la Seguridad Social y 20 a organizaciones no gubernamentales. En camas, esos grupos representan respectivamente 108.799, 46.552, 1.266 y 3.062. [1]
Tampoco todos esos hospitales hacen lo mismo. El catálogo contabiliza 549 hospitales generales, 51 especializados, 119 de media y larga estancia, 95 de salud mental y tratamiento de toxicomanías y 34 centros con internamiento de otras características. No existe, por tanto, una clasificación oficial nacional sencilla de “baja, media y alta complejidad”; ésta tendría que construirse utilizando cartera de servicios, UCI, cirugía cardiaca, neurocirugía, trasplantes, CSUR, docencia u otros indicadores.
La comparación internacional también exige prudencia. España dispone de alrededor de 2,9 camas hospitalarias por 1.000 habitantes, frente a una media OCDE de 4,2. Alemania ronda 7,7; Japón, 12,5; Australia, 3,8; Estados Unidos, 2,8; Canadá, 2,5 y Reino Unido, 2,4. [2] Pero tener más camas no significa necesariamente disponer de mejor asistencia. Japón combina muchas camas con estancias hospitalarias relativamente largas; otros sistemas desplazan cirugía, tratamientos oncológicos, rehabilitación o cuidados crónicos hacia estructuras ambulatorias y domiciliarias.
La pirámide de población importa tanto como el número de habitantes. España se acerca ya a los 50 millones de habitantes y es uno de los países más longevos del mundo. El envejecimiento futuro aumentará especialmente multimorbilidad, cáncer, fragilidad, deterioro cognitivo y necesidad de rehabilitación y cuidados post-agudos. Japón, todavía más envejecido, demuestra hasta qué punto la estructura demográfica condiciona la utilización hospitalaria. Singapur, pese a desarrollar explícitamente una estrategia de atención “más allá del hospital”, ha decidido añadir aproximadamente 4.000 camas públicas hasta 2030 para responder al crecimiento y envejecimiento de su población.
Dentro de España tampoco existe un único modelo. En el Catálogo 2025, Cataluña tiene 204 hospitales y 34.667 camas; Andalucía, 133 y 22.703; Madrid, 91 y 20.664; y la Comunidad Valenciana, 64 y 14.104. [1] Cataluña destaca por una red históricamente mucho más fragmentada y por el importante peso de centros privados integrados en la red de utilización pública: el Ministerio identifica 93 hospitales privados catalanes dentro de esta fórmula, frente a tres en Madrid y siete en Andalucía. Por eso comparar simplemente hospitales por millón de habitantes puede resultar engañoso.
El Reino Unido ofrece otra enseñanza. Su New Hospital Programme no responde simplemente a la idea de que “faltan hospitales”. Una parte importante consiste en sustituir edificios envejecidos y hospitales construidos con RAAC (Reinforced Autoclaved Aerated Concrete, u hormigón celular reforzado curado en autoclave) un material de construcción ligero y poroso que plantea problemas estructurales. Al mismo tiempo, el NHS del Reino Unido está desarrollando Hospital 2.0, un modelo estandarizado que pretende acortar los tiempos de construcción, reducir costes, mejorar circulación de pacientes e incorporar desde el diseño nuevas tecnologías digitales. El programa comprende actualmente 46 hospitales en distintas fases y forma parte de una estrategia de inversión a largo plazo.
Existe además un aspecto menos atractivo políticamente que inaugurar hospitales: mantenerlos. No hay una norma universal específica para hospitales, pero la National Academies estadounidense utiliza como referencia para grandes carteras de edificios un gasto anual de mantenimiento y reparación de aproximadamente el 2-4% de su valor actual de reposición, no de su coste histórico. Invertir persistentemente por debajo de ese nivel favorece la acumulación de una costosa deuda de mantenimiento. [3]
¿Necesita entonces España más hospitales? En determinadas zonas, probablemente sí; de manera indiscriminada, no. Antes de construir deberían evaluarse el crecimiento demográfico, tiempos de acceso, ocupación, urgencias, listas de espera, antigüedad de las infraestructuras y disponibilidad de rehabilitación y cuidados intermedios.
En Madrid, por ejemplo, no parece evidente que la prioridad sea reproducir varios grandes hospitales generales de 800 o 1.000 camas. Una opción posiblemente más racional sería combinar la renovación y ampliación de los grandes terciarios con hospitales medianos y flexibles en áreas de rápido crecimiento, orientados a urgencias, diagnóstico avanzado, cirugía de corta estancia y hospital de día, junto con una red mucho más potente de geriatría, rehabilitación, salud mental y cuidados postagudos. Los centros monográficos pueden tener sentido cuando exista volumen suficiente para concentrar experiencia y tecnología.
La cuestión, en definitiva, no es construir más o construir menos, sino decidir qué capacidad asistencial debe tener el sistema, dónde debe situarse y qué parte de esa capacidad necesita realmente un edificio hospitalario. En una población cada vez más envejecida, también tendría sentido planificar junto a los hospitales (nuevos o ya existentes) centros sociosanitarios, residencias de mayores, unidades de rehabilitación y atención a mayores capaces de compartir determinados recursos diagnósticos, logísticos y profesionales. El error no está sólo en construir de más; también puede estar en llegar tarde, construir en el lugar equivocado o perpetuar modelos asistenciales pensados para una población y una medicina que ya han cambiado.
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Referencias
Ministerio de Sanidad. Catálogo Nacional de Hospitales 2025. Datos a 31 de diciembre de 2024.
OECD. Health at a Glance 2025: Hospital beds and occupancy.
National Research Council/National Academies. Key Performance Indicators for Federal Facilities Portfolios.
UK Department of Health and Social Care. New Hospital Programme y 10 Year Capital Plan for Health and Social Care, 2025–2026.
