En la sociedad de la transparencia, líderes, directivos, responsables de equipos y la propia ciudadanía se encuentran sometidos a presiones económicas, tecnológicas, políticas, sociales o mediáticas, convirtiendo las decisiones cotidianas en una prueba de la integridad y de los valores que se les atribuyen. En estos procesos son decisivas las habilidades de comunicación y de relación, algo especialmente importante en los momentos más vulnerables de la vida, como cuando sufrimos un problema de salud, momento en que más necesitamos sentirnos “bien mirados”, acogidos, acompañados y escuchados,

Las habilidades de comunicación siempre son mejorables, pero si hay algo decisivo en las relaciones, humanas, al igual que con los animales, es la mirada, porque es la que da el verdadero sentido a lo que pensamos y la coherencia precisa a lo que decimos. La neurofisiología pone de manifiesto que la mirada es uno de los sentidos más relevantes de la comunicación, y como dice la canción y que inspira el título de este artículo, “las miradas son sinceras, hasta cuando te mienten” (J.M. Cano-Massiel (1997).

La vista es el órgano sensorial que acapara más áreas y estructuras del cerebro humano. El 30% de la corteza cerebral está dedicada exclusivamente a procesar la información visual que le llega (solo el 8% se dedica al tacto y el 3% a la audición). Si sumamos otras regiones asociadas a la visión como el movimiento, el espacio o la memoria, más del 50% de la superficie de la corteza cerebral total está dedicada a la visión.

También es el órgano sensorial que más recursos consume. Solo abrir los ojos ya consume dos tercios de la energía eléctrica del cerebro. La razón de esta acumulación de espacio y energía dedicada a la visión no es otra que la supervivencia. Evolutivamente los seres humanos somos fundamentalmente visuales, porque es el sentido que ha permitido la supervivencia en entornos llenos de peligros, competencia e incertidumbres. Se trata de una razón de peso para poner en valor su impacto en la comunicación y las relaciones.

En el ser humano el aprendizaje acumulado en nuestro cerebro primitivo permite que el contacto visual siga desempeñando su papel protector y a la vez “clasificador”, inconsciente y automático de todo lo que nos rodea. Su poder es tan fuerte que, sin necesidad de palabras, y por tanto antes de que intervenga la corteza cerebral racional para poner juicio a lo que ocurre, pone de manifiesto un amplio abanico de emociones, que van desde la empatía, la escucha y la seguridad, a la indiferencia, la alerta o la agresividad.

Liderazgo humano y cultura emocional

En la conferencia inaugural del XIV Simposio SEAUS hemos hablado de emociones que transforman organizaciones. Una mirada inspiradora sobre liderazgo humano y cultura emocional. Este título da pie a explorar las miradas y su impacto, ya sea en la dirección de equipos o la atención sanitaria, ya sea en la calle o en nuestra vida diaria. En cualquier caso, la mirada abre puertas a liderazgos más humanos, con atención plena para relacionarnos mejor, o las cierra cuando son indiferentes y se acompañan de silencios, ya sea en el trabajo, en la calle o en nuestra vida, porque ocultan verdades y hacen daño.

En la mirada comienza la relación interpersonal. La mirada no solo mira, sino que conecta, comunica y humaniza. Las nuevas tecnologías están cambiando la forma de mirarnos. Vivimos tiempos en los que hay más interés en mirar las pantallas que en mirar a los ojos. Ocurre con la comunicación a través de mensajes (abreviaturas incluidas), también cuando nuestra atención queda atrapada en el continuo discurrir de reels en redes sociales, en las apps de citas descontextualizadas, o en las conversaciones cada día más frecuentes entre jóvenes con la IA. En cualquiera de los casos lo que se está generando es desconexión personal, algo especialmente importante porque afecta al desarrollo emocional y a la humanización en general.

En la atención sanitaria la mirada tiene un impacto clave porque define el marco de la relación terapéutica entre el paciente y el personal sanitario. Del mismo modo ocurre en gestión y en la relación entre los equipos. Desde la empatía al enfoque clínico-terapéutico, la mirada del profesional que te atiende es decisiva. Ya sea la mirada del que te informa y te da una cita, la de quien te diagnostica una enfermedad o la de quien te indica el tratamiento. La mirada es en sí una herramienta terapéutica de humanización y de conexión con el entorno biopsicosocial de los pacientes, al igual que entre los profesionales y entre las personas y sus relaciones cotidianas.

Las miradas son como un lenguaje secreto, aunque de secreto tengan poco, porque no se ocultan, siempre se ven y “son sinceras hasta cuando te mienten”. Y no he encontrado algo tan interesante como la música y su lenguaje universal, para indagar en las miradas y reflexionar sobre el impacto que tienen en las relaciones interpersonales. Y lo hago con una balada del cantante argentino Axel del año 2005, llamada así, “Miradas”. Porque ¿Quién no habrá sentido el peso de algunas de las miradas aquí referidas?

Se trata de un poema en cuyas estrofas conjugan las diferentes formas en las que los seres humanos se conectan a través de la mirada, desde las “miradas que dicen más que mil palabras, y que son espejos del alma”, como esas miradas que te invitan a confiar en quien te habla y te acoge para atenderte, que además, son miradas para las que el tiempo no es limitante, porque son instantes que hablan solos y dicen mucho, hasta las “miradas que cuando miran son hirientes y lastiman”, como las miradas de aquellos para los que molestas o miradas que indican que estás en el sitio donde no quieren que estés y no eres bienvenido.

“También hay miradas tan serenas que consuelan y acarician, insistentes, misteriosas y recurrentes”. Son esas miradas que te serenan más que un relajante ante el estrés o el analgésico ante un traumatismo. Son miradas capaces de frenar el dolor más agudo de un paciente, que minimizan el peor momento del intenso día de trabajo o el peor diagnóstico, miradas que te alivian de la actividad frenética que te deja exhausto, o las miradas del último día del contrato laboral de una buena enfermera.

Hay otras miradas “indiferentes, como las de tanta gente. Miradas que ocultan verdades, que mucho dañan”. Son las miradas del silencio, como las del equipo que no te acepta o ampara ante un problema, la mirada del testigo que no recuerda, o como las miradas esquivas, inconscientes, donde no encuentras quien está dispuesto a atenderte o a responder a tus dudas sobre una consulta o un diagnóstico no deseado. También hay miradas que “en la lucha diaria fortalecen y acompañan, son miradas sanadoras del alma, como las del tratamiento que no hace efecto o cuando solo es paliativo. “Y las hay que andan solas por la vida, en busca de otras miradas y que cautivan”.

Ciencia, empatía y humanización

Sabemos que los pacientes valoran más cómo son tratados que el currículo de quien les trata. Ocurre igual en los equipos sanitarios, donde importa más el clima laboral que el CV de sus componentes. La ciencia, disciplina que se considera “seria”, no puede estar reñida con la empatía, la mirada y la humanización. “Hay miradas que por tristes enlutan a quien las viste y miradas dulces que ennoblecen a quien las luce. Miradas que derriten hasta el corazón más duro e iluminan suavemente el pensamiento más oscuro”.

Teniendo en cuenta el impacto de la inteligencia emocional en la fortaleza de los equipos y el clima laboral, en alguna ocasión me he referido a los verbos cardiosaludables. Verbos como mirar, cuidar, acompañar, saludar, sonreír, y el potente y sano efecto fisiológico y emocional que producen en quien los practica. Hoy ponemos el foco en la mirada, un privilegio que está al alcance de cualquiera. Desde los jefes a los profesionales y a los pacientes, todos tenemos a nuestro alcance la mirada que serena, consuela y acaricia, como también tenemos la mirada dañina de la indiferencia en este complejo y necesario trabajo de la salud y la atención sanitaria a los pacientes.

Las emociones impactan en nuestro día a día. Por lo tanto, más que un complemento de la gestión son un pilar fundamental de la misma, ya que son una de las fuerzas que explican por qué, a través de las personas, unas organizaciones aprenden, innovan y prosperan, mientras que otras simplemente sobreviven. En nuestro día a día las prioridades cotidianas nos absorben. Listas de espera, indicadores, presupuestos, absentismo, organización o estructuras. Esto es lo que se recoge en las memorias anuales de evaluación y seguimiento de nuestros centros, mientras se dejan de lado las razones emocionales que mueven a las personas y las relaciones humanas, ya sea en la gestión, entre los profesionales o con los usuarios, donde no tiene cabida un “me miran mal”.

Es aquí donde el liderazgo tiene cada día la oportunidad de conectar la mirada de la gestión con la dimensión humana y su potencial transformador, porque las organizaciones cambian cuando las personas que las conforman encuentran razones emocionales para cambiar con ellas, cuando comparten los propósitos y cuando se sienten capaces de influir en su entorno para cambiar.

La tarea más importante del líder es cultivar entornos favorecedores para el desarrollo personal y profesional, y en ello las emociones y la mirada gestora juegan un papel primordial, porque las organizaciones que perduran no son las que tienen los líderes más brillantes, sino las que consiguen que muchas personas brillen. Las personas pueden olvidar los planes estratégicos, los indicadores y las múltiples reuniones, pero recuerdan durante años las miradas y cómo les hicieron sentirse en los momentos importantes. Las personas recuerdan si fueron escuchadas, reconocidas, y respetadas, y recuerdan si fueron miradas que en la lucha diaria fortalecieron y acompañaron, miradas que dijeron más que mil palabras, y miradas que actuaron como verdaderos espejos del alma.