Vivir para ver, y ver para creer. El sarampión, una enfermedad que en el primer mundo estaba controlada gracias a la vacunación con la triple vírica (que protege también contra la rubéola y las paperas), preocupa estos días a autoridades avanzadas tan representativas como las del estado de Nueva York, en Estados Unidos, donde se ha declarado la emergencia.

En ese país, este año los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (en inglés, Centers for Disease Control and Prevention), que controlan la situación epidemiológica, confirman mes a mes que los brotes y contagios crecen por toda la nación, y ya se han cobrado cinco vidas en Pensilvania. En noviembre es seguro que Estados Unidos se quedará sin el estatus de libre de sarampión que tenía desde 2000.

Pero la situación también sucede en Reino Unido, donde la Sociedad Británica de Inmunología ya advirtió en verano lo que estaba ocurriendo por la bajada de la tasa de vacunación infantil. "Entristece ver morir a niños por el sarampión", fue su reflexión sobre algo inexplicable cuando la evidencia científica ya había dejado claro hace tiempo que era prevenible con la profilaxis.

¿Cómo se encuentran en esta situación países del llamado G-7, los considerados más ricos del mundo? Muy sencillo, porque el movimiento antivacunas ha encontrado altavoz y respaldo en líderes políticos que apoyan su ideario en noticias falsas (fake news) para atraer a los descontentos, a la gente con menos cultura, y transformarlos en fanáticos de una causa y en votos.

Por desgracia, el mundo contempla ahora cómo cargos con mucho poder coquetean con postulados que ponen en duda la seguridad de la vacunación en general. Alimentan teorías de la conspiración, como se pudo comprobar también en 2020 durante la pandemia planetaria de covid-19.

No hay que dar ni un paso atrás. Ahí está la constatación labrada durante décadas, con multitud de enfermedades erradicadas, de que las vacunas protegen y evitan situaciones clínicas complejas. Lo que no es evidencia científica, es charlatanería. Y solo cuando todos comprendamos eso estaremos de nuevo protegidos, porque la vacunación es algo que nos concierne a todos; si no, los virus encuentran resquicios en nuestro convencimiento y por ahí se hacen fuertes.

El avance científico es un gran esfuerzo común, pero es lo que nos da seguridad para avanzar como especie y sociedad. No lo echemos a perder por cuatro iluminados que no se sustentan en nada demostrable.