El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dado este lunes el pistoletazo de salida a las elecciones generales, que se celebrarán el próximo 29 de noviembre.

Lo ha hecho con un discurso muy crítico con la oposición, mostrando la inversión en sanidad y los servicios sociales como ariete electoral frente al PP, Vox y Junts, principalmente.

Pero estas palabras de arranque han sonado a 'electoralismo', más aún cuando han venido mezcladas con insinuaciones de corrupción por asuntos como el del ático comprado por la Comunidad de Madrid.

La Sanidad y los Servicios Sociales deben ser protagonistas de la campaña electoral, pero de una forma seria, sincera y rigurosa. Por desgracia, hemos contemplado ya muchas veces cómo los candidatos de una y otra ideología retorcían, maquillaban o falseaban los datos sanitarios para rascar votos.

Ya es el momento de que eso se acabe, y ahí la ciudadanía también tiene la responsabilidad de alzar la voz cuando suceda, haciendo labor de comprobación y denunciándolo incluso en redes sociales. La política muchas veces es un reflejo de lo que la gente permite que sea, y no hay que pasar ninguna por alto.

La Sanidad y los Servicios Sociales, que deben ir de la mano porque son una misma cosa, son dos pilares fundamentales de nuestra sociedad, y no están construidos sobre frases hechas, chascarrillos o juegos de palabras fáciles, como eslóganes.

Esta debe ser una buena campaña para erradicar esa tentación política y dar un paso al frente para que se hable de asuntos sanitarios, sí, pero con datos contrastados en las manos, no con fake news que contaminen.

Las propuestas siempre serán bienvenidas, pero deben estar fundamentadas, no pueden ser ocurrencias de un gabinete político improvisado que se mueve como una veleta según sople el viento demoscópico. Los partidos deben pensar qué sistema sanitario y social quieren para los próximos años, y reunir a los expertos que consideren, pero que sepan de qué hablan. Y armar un programa acorde con la realidad, no promesas que al día siguiente se desvanecen porque son inasumibles o estaban huecas.

Como viene advirtiendo el Comité Editorial de Redacción Médica desde su constitución hace unos meses, el Sistema Nacional de Salud se encuentra en una encrucijada en la que debe replantearse qué reforma para seguir preservando su esencia.

En ese camino debemos encontrarnos unidos, y los políticos los primeros. No puede suceder como con la pandemia de covid-19, que llevó al Congreso a aprobar una serie de mejoras consensuadas entre todos los actores, y que finalmente duermen abandonadas en el cajón, sin que a nadie le dé ni vergüenza.

Avancemos de una forma leal para la sociedad; no convirtamos el debate y las propuestas en torno a la sanidad en un vodevil electoral. Tenemos la oportunidad de nuevo de hacerlo por fin bien.