El cribado neonatal constituye probablemente uno de los ejemplos más exitosos de medicina preventiva. Su lógica es sencilla: identificar una enfermedad grave antes de que aparezcan los síntomas, siempre que exista una intervención precoz capaz de modificar su evolución. En España, uno de sus grandes pioneros fue el profesor Federico Mayor Zaragoza, que en 1968 inició trabajos para la detección precoz de fenilcetonuria y otras aminoacidopatías. Aquellas primeras iniciativas ayudaron a construir lo que hoy conocemos como “prueba del talón”: unas gotas de sangre capaces de detectar enfermedades metabólicas, endocrinas y otras patologías tratables antes de que produzcan daño irreversible. [1]

Durante décadas el modelo fue fundamentalmente bioquímico: buscar en sangre metabolitos, hormonas o proteínas alteradas. La genómica introduce ahora una posibilidad distinta. En lugar de preguntarnos únicamente qué metabolito está alterado, podemos buscar directamente la causa genética de cientos de enfermedades. La idea no es nueva: tras completarse el Proyecto Genoma Humano en 2003 ya se planteó la posibilidad de secuenciar a todos los recién nacidos y conservar esa información para utilizarla a lo largo de la vida. Lo que entonces parecía casi ciencia ficción se ha hecho técnicamente posible gracias a la enorme reducción del coste y del tiempo de secuenciación. [2]

El cambio de escala internacional está siendo muy rápido. El International Consortium on Newborn Sequencing (ICoNS) reúne hoy expertos y proyectos de más de 50 países y trata precisamente de armonizar evidencia, listas de genes, aspectos económicos, ética y políticas de implementación. Más de 30 grandes estudios internacionales se encontraban ya en marcha o planificación en 2025, y algunas estimaciones situaban en torno a 100.000 los recién nacidos incluidos en programas piloto de secuenciación ya en 2023; desde entonces esa cifra ha aumentado sustancialmente. Inglaterra, por ejemplo, desarrolla el Generation Study, concebido para secuenciar 100.000 recién nacidos y analizar más de 200 enfermedades genéticas tratables. Estados Unidos tiene iniciativas como GUARDIAN y BabySeq; Australia, BabyScreen+; Bélgica, BabyDetect, y otros programas se desarrollan en múltiples países europeos y asiáticos.

Italia ofrece un experimento particularmente interesante. La región de Puglia aprobó en 2023 el programa Genoma-Puglia, inicialmente diseñado para estudiar aproximadamente 3.000 recién nacidos mediante un panel de unos 407 genes relacionados con cerca de 500 enfermedades, con la intención de avanzar progresivamente hacia una aplicación poblacional voluntaria. No es todavía equivalente a secuenciar sistemáticamente el genoma de todos los recién nacidos, pero representa un paso significativo desde proyectos exclusivamente investigadores hacia políticas sanitarias poblacionales regionales.

Uno de los principales problemas, paradójicamente, ya no es técnico: es decidir qué debemos analizar. No existe todavía consenso internacional sobre qué genes o enfermedades deberían formar parte de un cribado genómico neonatal. ¿Sólo enfermedades que aparecen en la infancia? ¿Sólo aquellas con tratamiento? ¿También aquellas en las que una vigilancia precoz cambia el pronóstico? ¿Qué penetrancia de la enfermedad debe exigirse? ¿Qué hacemos con variantes de significado incierto, enfermedades de comienzo tardío o hallazgos secundarios? Precisamente por ello algunos programas analizan unos pocos cientos de genes y otros muchos más. El desafío consiste en evitar que la extraordinaria capacidad de leer el genoma transforme el cribado en una búsqueda indiscriminada de riesgos.

España está entrando de forma decidida en este debate mediante dos iniciativas nacionales complementarias. CrinGenES, financiado por el Instituto de Salud Carlos III y liderado por la Prof. María Luz Couce, de la Universidad de Santiago de Compostela, estudia 2.500 recién nacidos de nueve comunidades autónomas mediante secuenciación genómica completa, buscando enfermedades raras pediátricas con posibilidad de tratamiento o intervención precoz y complementando, no sustituyendo, el cribado convencional. GENEBORN, financiado por la Fundación Ramón Areces, coordinado por CIBER y liderado por un servidor, plantea un piloto de aproximadamente 1.000 neonatos integrado en las 17 comunidades autónomas, con infraestructura bioinformática común, criterios armonizados, consentimiento específico y un componente adicional de farmacogenómica. [3,4]

Y aquí aparece posiblemente la dimensión más transformadora del genoma neonatal. Un genoma completo no es una prueba de un solo uso. Inicialmente puede analizarse exclusivamente para enfermedades graves y tratables de la infancia, pero contiene potencialmente información que podría reutilizarse durante décadas. Puede permitir estudiar variantes monogénicas, determinadas regiones HLA, predisposiciones farmacogenéticas, estados de portador de enfermedades recesivas y, en un futuro y con las cautelas necesarias, contribuir al cálculo de riesgos poligénicos para enfermedades comunes. No significa que toda esa información deba comunicarse al nacimiento; significa que el dato podrá existir y permanecer para ser reinterpretado cuando aparezca una indicación clínica o cuando la evidencia lo justifique.

Ésa es también la razón por la que el debate no puede reducirse a si secuenciar es ya suficientemente barato. Hay cuestiones de consentimiento, privacidad, almacenamiento durante décadas, equidad, reinterpretación de variantes, derecho a no saber y sostenibilidad sanitaria. Genomics England insiste expresamente en que su estudio no sustituye todavía al cribado neonatal convencional y está evaluando precisamente los beneficios y riesgos de conservar un genoma durante toda la vida. [2,5]

Probablemente la prueba del talón no desaparecerá. Bioquímica y genómica detectan cosas diferentes y, durante bastante tiempo, serán complementarias. Pero estamos ante un cambio conceptual profundo: pasar de preguntar al nacimiento “¿tiene este niño alguna de estas pocas enfermedades?” a disponer potencialmente de una información molecular capaz de acompañarlo durante toda su vida.

El reto no será únicamente aprender a secuenciar a todos los recién nacidos. Será decidir qué debemos mirar hoy, qué debemos guardar para mañana y qué, aunque podamos conocerlo, quizá todavía no debamos buscar.

---

Referencias

1. Dulín Iñiguez E, y col. Los Programas de Cribado Neonatal en España. Ciencia, Investigación y Salud Pública, claves para su calidad y eficacia Rev Esp Salud Publica. 2021 Jan 26;95:e202101024. Spanish. PMID: 33496275.

2. Pàmpols Ros T y col. Cribado neonatal genómico. Perspectiva de la Comisión de Ética de la Asociación Española de Genética Humana. Parte I: las tecnologías de secuenciación masiva (NGS) y su aplicación al cribado neonatal. Desafíos y oportunidades: e202202012. Rev Esp Salud Pública [Internet]. 4 de febrero de 2022.

3. CrinGenES; CIBERER. GENEBORN: Genoma Neonatal en España. Proyectos nacionales españoles de cribado genómico neonatal.

4. GENEBORN. BOE-nº 168, de 14 de julio de 2025, páginas 94047 a 94058.

5. Genomics England. Newborn Genomes Programme – Generation Study; International Consortium on Newborn Sequencing (ICoNS). https://www.genomicsengland.co.uk/initiatives/newborns