En el artículo anterior publicado en Redacción Médica decía que “la esperanza de vida” es el promedio de años que se espera que viva una población. Es un dato estadístico y variable según el año y lugar de nacimiento. Mientras que “la longevidad” se refiere a la duración máxima de la vida de un individuo Es la capacidad biológica de alcanzar una edad avanzada extrema de forma individual, un límite máximo que está muy ligado a la genética y hoy día demostrado científicamente que también al estilo de vida.
Y que, en mi opinión, en cuanto a Longevidad y Salud, el camino está trazado e indica como destino central los cuidados en el domicilio, intensificando las actuaciones en servicios de prevención y promoción de la salud, cuidando atentamente los apoyos afectivos y relacionales.
La población de España se sitúa en 49,8 millones de habitantes (según los datos provisionales de la Estadística Continua de Población del Instituto Nacional de Estadística (INE) oficiales al 1 de julio de 2026). Del total, 25,3 son mujeres (50,88 %) y hombres 24,5 (49,12 %). Las personas de nacionalidad extranjera que residen en el país ascienden a 7,4 millones de personas.
La tasa de natalidad en nuestro país (número de nacimientos por cada mil habitantes en un año) fue en 2025 del 6,5. Una tasa de natalidad muy baja, la más baja de la Unión Europea (UE).; y el índice de fecundidad (número medio de hijos por mujer) de 1,1. El hecho de que España tenga un índice de fecundidad inferior a 2,1 por mujer (fecundidad de reemplazo), supone que no se garantiza una pirámide de población estable (desde 1981, que era del 2,04, ha venido descendiendo).
Un estudio del Gobierno estima que en España hay más de 15 millones de animales de compañía (4 de junio de 2026. Más del doble de la población de 0 a 14 años).
Del total de población, casi 10 millones (9.928.368) son personas de 65 años o más, lo que representa el 20,4% de la población total. La proporción de personas de 80 años o más (2.950.434) ya alcanza el 6,1%. Según los últimos datos del IMSERSO a 1 de enero de 2025, las personas usuarias mayores de 65 años de los Servicios de Ayuda a Domicilio y Centros de Día como servicios profesionales básicos para la atención en el domicilio, más la Atención Residencial, han sido un total de 1.006.621. La atención en el domicilio ha supuesto, según esto un 66,26% del total (666.966 Personas) y la atención residencial un 33,74% (339.655 personas) y de estas últimas el 76% son mayores de 80 años.
Según los datos oficiales del IMSERSO para el Sistema de Atención a la Dependencia, a 30 de junio de 2026, de las 2.392.242 personas que han solicitado el reconocimiento de su situación de dependencia, 1.859.608 personas tenían reconocida su situación de dependencia y por tanto derecho a recibir una prestación, y 1.707.328 reciben prestación de forma efectiva.
En cuanto al tipo de prestaciones y servicios que reciben, con una media de 1,4 prestaciones por persona, del total, los servicios de ayuda a domicilio y centro de día a los que en este caso hay que sumar la prestación excepcional de cuidadores familiares en el domicilio, ascienden a 1.840.917 entre prestaciones y servicios. La atención en el ámbito domiciliario asciende a unas 640.768 prestaciones lo que supone el 89,13% de este total, teniendo en cuenta que (el 47,63%: 781.474), casi la mitad corresponden a cuidados “no profesionales” -a pesar de considerarse esta prestación económica de cuidados familiares, como excepcional- y el restante 52,37% a los otros dos servicios ya citados (A.D y C. de D.). Por último, a la atención residencial le corresponde el 10,87% (200.129 prestaciones de Atención residencial). Las prestaciones de Prevención de la Dependencia y Promoción de la Autonomía Personal ascienden a 116.345, el 4,62% del total de prestaciones. (La enfermedad, y no la edad, es la principal causa de dependencia, aunque ésta se concentre en los mayores de 65 años y, especialmente, en los mayores de 80 años).
Y recordemos que a través del SNS, se realizan anualmente más de 3,5 millones de consultas médicas directamente en el domicilio, a esto se suma un volumen aún mayor de visitas domiciliarias por parte del personal de enfermería, que habitualmente duplica o triplica la cifra de los facultativos; y realizan cerca de 93.166 casos anuales de hospitalización a domicilio.
La esperanza de vida en buena salud pretende añadir una nueva dimensión que engloba el tiempo de vida y su calidad. El aumento de los años de vida saludable es uno de los principales objetivos de la política sanitaria europea. Si los años de vida saludable aumentan más rápidamente que la esperanza de vida significa que las personas viven más años con mejor salud.
Según los datos más recientes de Eurostat, la esperanza de vida en buena salud a los 65 años se sitúa en 9,7 años, con una leve diferencia de género: las mujeres tienen una esperanza de vida en buena salud de 9,5 años, mientras que los hombres superan esta cifra, con 9,8 años. Esta disparidad puede deberse a una menor trayectoria de vida masculina que hace que los años de vejez en mala salud sean menores. El año en el que se alcanzó la mayor esperanza de vida en buena salud fue en 2017, cuya cifra se sitúa en torno a los 12,3 años.
En España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) a través del Sistema Nacional de Salud Pirámide de población, el tramo de edad entre los 55 a los 69 años, asciende a 9,95 M de personas. Y si lo ampliamos de los 55 y los 74 años agrupa a más de 12,2 millones de personas. En la U. E. este tramo de edad está reconocido como “la población Senior”. De este total, 6,3m son mujeres (51,6%) y 5,9m hombres (48,4%).
Unas pinceladas básicas sobre el perfil de este grupo de personas. Con carácter general, estamos hablando de personas con buen estado de salud y con alto grado de autonomía personal, activos y que valoran cuidarse. Son personas formadas e informadas, con alto grado de participación en la sociedad y el entorno donde viven y por tanto con buenas relaciones sociales. Personas con capacidad de decisión y por tanto capacidad de elección ante las distintas posibilidades y alternativas que se les presenten y han contribuido, en los últimos años, a reducir la “brecha digital” por su acceso a las nuevas tecnologías. Además, la mayoría tienen tiempo, que, unido a las buenas relaciones sociales, les permite disfrutar del ocio compartido. Desde el punto de vista económico, una característica en la Unión Europea y también en España, es que este grupo de población representan actualmente el mayor potencial de consumidores y por tanto son un gran grupo que contribuyen a las generaciones de renta y riqueza. Tienen solvencia económica en general, no tienen grandes cargas financieras, más del 70% ya no tienen cargas hipotecarias y en este grupo de edad el 84 % tiene casa en propiedad y son importantes consumidores de servicios de cuidados para su salud bienestar, en la mayoría de los casos de forma privada, contribuyendo a generar una creciente actividad económica, mantenimiento y generación de empleo. La Sociedad Demanda mayor tiempo para disfrutar de una Calidad de Vida deseada y frente a los retos, surgen oportunidades.
Todo lo expuesto hasta aquí, lo ratifican los excelentes documentos realizados por los profesionales de la salud y de los cuidados. La Estrategia de promoción de la salud y prevención en el SNS, en el marco del “abordaje de la cronicidad” identifican unos determinantes y factores de riesgo comunes (Hipertensión arterial, obesidad, tabaquismo y abuso de alcohol e inactividad física-sedentarismo…); y abordarlos de forma conjunta e integradora mejora tanto el impacto de las acciones de promoción y prevención como su eficiencia. La prevalencia de factores de riesgo y de enfermedades crónicas unido al proceso global de envejecimiento, aconseja que los esfuerzos en promoción y prevención se intensifiquen a partir de los 50 años y, de hecho, así se refleja también en las “estrategias sobre envejecimiento saludable”. Las acciones deben ir hacia la actividad física, la alimentación saludable a lo largo del curso de vida evitando el consumo de tabaco y alcohol, la seguridad del entorno frente a las lesiones no intencionales y el bienestar emocional. (Cualquier edad es buena para cuidarse y cuanto antes se empiece, mejor)
Y en concreto en la prevención de Fragilidad y Caídas, se pone de relevancia la importancia de la fragilidad, ya que se puede prevenir, identificar y revertir. No es una entidad inherente al propio proceso de envejecimiento, sino que es potencialmente reversible, incluso de forma espontánea, especialmente en estadios tempranos; y en su enfoque integral, la detección precoz y diagnóstico de fragilidad resulta por tanto fundamental, se ha demostrado que es efectiva y se dispone de herramientas validadas en atención primaria de salud. El sistema sanitario es el principal recurso para realizar la detección precoz de fragilidad y riesgo de caídas y, es fundamental para el diagnóstico definitivo y el seguimiento. Cuando no sea posible la atención presencial se debe valorar la utilización del teléfono u otras tecnologías (telemedicina, telecuidados, teleasistencia, videoconferencia, etc.) como apoyo en la labor de seguimiento, siendo la mejor respuesta una combinación de ellas.
Además de todo esto, en los informes periódicos del IMSERSO sobre La Salud y las Personas Mayores se reitera que en cualquier caso hablar de salud en la persona mayor obliga a hacerlo de prevención. Y destaca la importancia de insistir en las pérdidas referidas a los órganos de los sentidos y a la boca. Son problemas que, dan lugar a limitaciones funcionales e inciden muy negativamente sobre su calidad de vida y aislamiento de su entorno habitual. Son pérdidas que en muchos casos pueden prevenirse mediante revisiones periódicas precoces que detecten y corrijan las eventuales pérdidas. Desde la perspectiva de la prevención, el tema de los fármacos, sobre todo en la persona mayor, ofrece una dualidad importante. Por una parte, es necesario recurrir a ellos como vía eficaz para la prevención de dife¬rentes enfermedades o trastornos metabólicos y, por otra parte, obliga a ejercer una vigilancia continua para el cumplimiento y eficacia del tratamiento.
Y aquí viene el núcleo del debate y las reflexiones a compartir: una propuesta de Cartera de Cuidados en el Domicilio o Residencia habitual. ¿Es necesaria? ¿Es posible?
En mi opinión la integración bajo una cartera común, de mínimos y que puede crecer, aportaría trasparencia e información para usuarios y sus familias, generaría confianza y puede simplificar la gestión.
Cuidados de Salud:
Teleconsulta médica 24/7 y consulta presencial programada
Telemonitorización a domicilio
Servicio de urgencias con videollamada
Enfermería domiciliaria: curas, inyectables, control de crónicos
Atención farmacéutica con revisión de medicación y elaboración SPD
Fisioterapia y Osteopatía
Nutrición, alimentación y seguimiento dietético personalizado
Higiene y Salud bucodental
Podología a domicilio
Ayudas técnicas y adaptación funcional del hogar
Atención Personal-Actividades Básicas Vida diaria-:
Cuidadores por horas, jornadas o internos
Cuidado en situaciones especiales: postoperatorio, convalecencia, hospitalización domiciliaria
Acompañamientos a consultas médicas y gestiones administrativas
Respiro familiar y cobertura fines de semana y festivos
Peluquería a domicilio
Teleasistencia
Además, hoy día ya se ha demostrado que las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación al servicio de “los Cuidados”, son un instrumento muy cualificado que complementa la labor de los profesionales y facilita la comunicación e información entre ellos y los pacientes, usuarios y familiares; a la vez que estos últimos se sienten más cerca de ellos y les proporciona seguridad en determinados momentos. La pandemia y sus momentos posteriores han sido una dura pero cierta forma de ratificarlo.
Y sobre todo lo considero como un elemento básico e imprescindible para todas las actuaciones, reiteradas y ratificadas como imprescindibles en estos artículos, para la Prevención, Promoción y Protección de la salud y los cuidados, en definitiva, para la Educación en Salud. Además de lo expuesto en el párrafo anterior, existen, bien elegidos y seleccionados con el consejo de los profesionales, apoyos tecnológicos para avisos, detección precoz de situaciones previsibles, captación de información y compartirla, de forma segura, entre profesionales, usuarios, pacientes y familiares; sin olvidar lo que pueden aportar para las relaciones sociales y personales si así se desea.
Todos los servicios relacionados en esta propuesta existen y se están prestando, bien por las administraciones públicas o bien por entidades privadas acreditadas y algunos tanto en el domicilio como en residencias de personas mayores. Todos y algunos más se prestan en los proyectos que ya existen, y que cada vez crecen más de viviendas colaborativas”, apartamentos con servicios o cohousig, como una nueva forma de vida de entender el hogar o domicilio habitual.
Un principio común y legalmente establecido, inicialmente en la Ley General de Sanidad y posteriormente en las leyes de Servicios Sociales y en la Ley de Dependencia, es la realización de “conciertos para la prestación de servicios, con entidades privadas debidamente acreditadas”. Siempre desde el principio de complementariedad y las distintas Administraciones Públicas tendrán en cuenta, con carácter previo, la utilización óptima de sus recursos propios. No cabe ninguna duda que esta colaboración público-privada ha contribuido, y lo seguirá haciendo, a alcanzar los niveles de atención que actualmente tenemos. Se requiere la existencia de entidades privadas que acrediten que pueden prestar los servicios con el nivel de calidad adecuado y que las administraciones públicas decidan los servicios de su cartera o catálogo que quieran concertar.
La nueva reforma de la Ley de Dependencia marca dos tendencias a destacar en este contexto. Una creando en su Catálogo el nuevo “Servicio de cuidados y apoyos en viviendas” ……Para ello se contará con los cuidados y apoyos integrales ……incluidos los de alta complejidad, que, en todo caso, se prestarán de acuerdo con su voluntad, deseos y preferencias. Y la otra, la investigación y la innovación social y tecnológica en el marco del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia y de los cuidados de larga duración. La investigación y la innovación social son piedras angulares para afrontar el reto social que supone la transición hacia modelos de cuidados y apoyos.
El reto y la oportunidad quizá esté en encontrar las sinergias positivas entre los servicios que debida y legalmente decidan las administraciones públicas solicitar a las entidades privadas que los pueden prestar, a través de la ya desarrollada colaboración público-privada. El objetivo final, la mejor y más adecuada atención integral para las personas y familias que la necesiten. Y la forma de gestionarlo, creo sinceramente que existen instrumentos administrativos, y por supuesto marco legal, para desarrollarlo y ejecutarlo. Y por supuesto también las entidades privadas, de forma individual, en colaboración o agrupadas si lo desean, es una cartera que la pueden ofrecer tanto a nivel privado como a las administraciones.
