¿Se acuerdan del trile, aquel espectáculo callejero alegal de cubiletes del dónde está la bolita, en el que un alma cándida acababa engañada por unas manos 'habilidosas'? Pues mucho cuidado, porque en la sanidad pública española actual también hay una suerte de trilerismo para despistar al paciente.
Una Consejería considera que hay malos datos en las listas de espera de un departamento de salud, y lo que se le ocurre es compararlos con el año que peor los haya tenido según sus cuentas, en lugar de hacerlo con el ejercicio anterior para trazar una evolución lógica. Así crea una ilusión de que se están haciendo las cosas bien, y la opinión pública traga si no es crítica.
Ha sucedido en la Comunidad Valenciana este mismo mes, en el área de Denia, donde se ha echado mano de la supuesta situación de julio de 2023, cuando empezaba una nueva legislatura, tal vez en un intento de politizar este indicador. Lo que faltaba.
Este es un ejemplo más del poco rigor con el que se toman algunos políticos-gestores la espera de los pacientes para acceder a una consulta diagnóstica o para ser intervenidos quirúrgicamente.
Hay recursos sanitarios suficientes para reducir las listas de espera, y si no se está gestionando bien la obligación del responsable es dar la cara y no esconderse detrás de artimañas que construyan una realidad paralela.
Esto no puede seguir sucediendo. El Ministerio de Sanidad debe agilizar al máximo los trámites pertinentes para que tras el verano se pueda contar ya con el real decreto de listas de espera. Solo así todas las comunidades autónomas se regirán por las mismas reglas y nadie podrá tener la tentación de ser el trilero de turno que trate de engañar al paciente. Es una prioridad absoluta dar por fin credibilidad a un indicador que lleva décadas siendo manoseado, con la consiguiente falta de respeto a la población.
La realidad es tozuda, y los números deben reflejarla para poder medir, evaluar y corregir si es necesario; porque si no estamos haciendo un flaco favor a la gestión de lo público. A quien no le entre esto en la cabeza, mejor que no se acerque a lo que es de todos.
La pública se ha de mirar en la rendición de cuentas que caracteriza a la privada. Los ciudadanos deben ser considerados como los accionistas a los que la Administración ha de dar explicaciones certeras. Solo así se mejora. Dejemos a un lado trucos y demás tretas y avancemos con la verdad por delante.