Un año después de que el Congreso aprobara la Agencia Estatal de Salud Pública, por fin se conoce qué ciudad acogerá su sede: será Zaragoza. Parece una elección lógica, ya que está bien comunicada con Madrid y Barcelona, y es una urbe muy relevante con un potencial urbanístico de crecimiento. Otra buena noticia es que al Gobierno central no le ha pesado que sea una comunidad regida por el PP y un ayuntamiento también 'popular'.
Ojalá este paso que tanto ha costado dar al Ejecutivo de Pedro Sánchez signifique que no haya que esperar mucho más para que se aceleren el resto de decisiones para su puesta en marcha. Lo llevan pidiendo insistentemente las sociedades científicas del ámbito, y con razón. Cuando salimos de la fase aguda de la traumática experiencia del covid-19 todo eran buenas intenciones, pero se ha visto que el Ejecutivo no avanzaba, sin aportar un motivo público que lo justificara.
A pesar del retraso evidente, la Agencia de Salud Pública no llega tarde porque es muy necesaria en un contexto en el que la globalización ha incrementado los riesgos para la salud. Lo vemos en los virus que circulan sin conocer, lógicamente, fronteras. El evidente cambio climático (aunque algunos lo nieguen de manera terca) también está planteando nuevos desafíos, como lo podemos comprobar en las crecientes muertes por golpes de calor y los desastres ambientales que están causando los voraces incendios en nuestra geografía.
Ahora hay que elegir quién estará al frente de la Agencia. Un nombre parte como claro favorito: Fernando Simón. Es una posibilidad natural por su perfil profesional y por trayectoria, aunque arrastra el hándicap de que está marcado por ser 'la voz' de la pandemia de coronavirus. Lo ideal es que no se politice el nombramiento, que sea alguien que no despierte fobias en ningún sector de la sociedad, y así todo fluirá mejor.
No es la Agencia de Pedro Sánchez ni de Alberto Núñez Feijóo. Aunque suene ingenuo, es un órgano para el bien común. Desde luego, todas las responsabilidades en Salud Pública no deben recaer sobre ella, pero sí debe liderar y coordinar. Sería deseable que ayuntamientos, diputaciones, consejerías y demás instituciones sumen, y que no se caiga en la tentación de poner palos en la rueda. Con colaboración leal el avance será más rápido y seguro, y repercutirá para bien en la salud de todos.