El aplazamiento por parte del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud del documento para la homogenización de las listas de espera supone una nueva desilusión para los pacientes, y para el concepto de Estado honesto con sus ciudadanos. Un indicador que sirva para saber de forma más precisa cuánto tiempo ha de esperar una persona para ser atendido de su necesidad de salud por el sistema público no es algo menor, es pura democracia.
Lo que tenemos hasta ahora es peor que hacerse trampas al solitario, porque si cada región cuenta las listas de espera a su manera, eso quiere decir que estamos en un país en el que un vecino de Santander y otro de Pamplona pueden estar viviendo realidades distintas de acceso; y qué menos que poder medirlo para saberlo y actuar sobre esta injusticia.
Sin transparencia no hay reforma que valga. Es el primer paso y no podemos seguir contando los tiempos de espera desde un punto de vista administrativo, en vez desde el punto de vista clínico para saber realmente la pérdida de salud que están produciendo. Y que sea comparable cien por cien entre las Comunidades Autónomas. Es fundamental que salga adelante ese documento para el buen funcionamiento del sistema público, para saber dónde estamos. Es algo que todos deberíamos “recordárselo” a los políticos, porque es una auténtica prioridad ciudadana y de Estado.
El futuro sistema de medición de los tiempos de espera debería medir tiempos de demora para atención primaria, consultas de otras especialidades, pruebas diagnósticas y tratamientos, y tiempos completos para el diagnóstico definitivo de los procesos graves desde la primera consulta. También la espera para el comienzo del tratamiento definitivo de esos procesos. Además, debería de medir ítems como la prioridad clínica, los tiempos por hospital y por especialidad, el tiempo para el tratamiento o la prueba diagnóstica desde la indicación del médico correspondiente. Y las salidas de la lista de espera y sus causas (fallecimientos, rechazos, etc).
Vivimos en un momento en el que el desarrollo tecnológico permite todo esto de sobra, y si no se está haciendo (o se retrasa permanentemente) hace pensar que es porque en las altas esferas hay quien vive más tranquilo sin rendir unas cuentas reales de eficiencia del Sistema Nacional de Salud.
No se le pide al Consejo Interterritorial que sea especialmente valiente, sino que cumpla con su deber de ser honesto con el ciudadano.