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Durante años, casi todo lo que se ha dicho sobre los efectos del café en la salud ha girado en torno a la cafeína. Sin embargo, una taza de café contiene cientos de compuestos más, entre ellos los polifenoles, y muchos llegan al intestino, donde conviven con billones de bacterias. Es por ello que un equipo del APC Microbiome Ireland, en el University College Cork, ha querido comprobar qué papel tiene esa microbiota en los efectos del café sobre el organismo y el cerebro.

El estudio, publicado en Nature Communications y firmado por la investigadora Serena Boscaini y el neurobiólogo John Cryan, entre otros autores, concluye que tomar café a diario deja huella en las bacterias intestinales, en los metabolitos que producen y en el estado de ánimo.

Además, no todos los efectos dependen de la cafeína. “El café es mucho más que cafeína: es un factor de la dieta complejo que interactúa con nuestros microbios intestinales”, resume Cryan. Según el investigador, el café, "ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de formas distintas y complementarias".

Una microbiota distinta en quienes toman café

La investigación se desarrolló en tres fases, en las que primero los investigadores compararon a 31 personas que toman entre tres y cinco tazas de café al día con 31 que no lo toman. Después, los bebedores dejaron el café durante 14 días y, por último, lo retomaron durante 21 días, donde 16 tomaron café con cafeína y 15 descafeinado.

En cada fase, el equipo analizó las bacterias y los metabolitos presentes en las heces y en la orina mediante técnicas de metagenómica y metabolómica. También midió el estado de ánimo, el estrés, la impulsividad y la capacidad cognitiva de los participantes con cuestionarios estandarizados.

De esta forma, al comparar los dos grupos iniciales, las diferencias en el intestino eran claras. Los bebedores de café tenían más bacterias de los géneros Cryptobacterium y Eggerthella, mientras que en quienes no lo toman abundan más Veillonella y Haemophilus parainfluenzae. Al volver a tomar café, se modificaron varias cepas bacterianas, y eso ocurrió tanto con el café con cafeína como con el descafeinado, lo que indica que el efecto no se explica solo por la cafeína.

Además, los metabolitos también eran distintos. Los bebedores de café tenían en las heces más teofilina, un derivado de la cafeína, y más ácido hipúrico, relacionado con el metabolismo de los polifenoles. En cambio, tenían menos ácido indol-2-propiónico y menos GABA, un neurotransmisor.

Una taza de café Envato

Menos ansiedad con cafeína, mejor memoria con descafeinado

En lo que se refiere al estado de ánimo, los resultados son más llamativos. Al inicio del estudio, los bebedores de café mostraban más impulsividad y reactividad emocional que quienes no lo toman. No obstante, durante los 14 días sin café, esas medidas bajaron, y al retomarlo, la impulsividad volvió a reducirse, tanto con cafeína como sin ella.

Cada tipo de café se asoció además a un efecto propio. Solo quienes tomaron café con cafeína notaron menos ansiedad y menos malestar psicológico, mientras que quienes solo tomaron descafeinado mejoraron en memoria episódica y en aprendizaje. Los autores atribuyen esa mejora a otros componentes del café, como los polifenoles, y no a la cafeína.

Un estudio pequeño que hay que tomar con cautela

A pesar de todos estos hallazgos, el trabajo tiene limitaciones importantes. En primer lugar, la muestra es reducida, pues solo se contó con 62 personas en la fase inicial y solo 15 y 16 en cada grupo de reintroducción, por lo que conviene tomarlo como un estudio exploratorio cuyos resultados tendrán que confirmar ensayos más amplios. Además, se centró en adultos sanos, así que no se puede extrapolar sin más a personas con enfermedades.

También hay que tener en cuenta quién lo financió. Según el comunicado de la universidad, el estudio contó con el patrocinio del Institute for Scientific Information on Coffee (ISIC), una entidad vinculada a la industria del café. Con todo, el trabajo apunta a que el café influye en la salud también a través de la microbiota intestinal. “Nuestros hallazgos revelan las respuestas del microbioma y neurológicas al café, así como sus posibles beneficios a largo plazo”, concluye Cryan.