Redacción Médica
22 de julio de 2018 | Actualizado: Sábado a las 20:00

Muere el modernizador de la Psiquiatría en España

Introdujo los estándares de clasificación de la especialidad de la OMS

Martes, 13 de enero de 2015, a las 13:51
Javier Barbado. Madrid
El reputado psiquiatra Juan José López-Ibor Aliño ha muerto a los 73 años de edad. Hijo del afamado profesor homónimo (el también catedrático y referente indiscutible en la comunidad médica española durante el pasado siglo), ingresó en la Real Academia de Doctores de España el pasado mes de diciembre y puso así colofón honorífico a una brillante trayectoria profesional.

El psiquiatra fallecido, Juan José López-Ibor Aliño.

López-Ibor Aliño ejerció como psiquiatra en calidad de director del Instituto de Salud Mental del Hospital Clínico de Madrid, de jefe de Servicio en el Hospital Ramón y Cajal de la capital (en concreto desde 1977 hasta 1992) y también como director de su propia clínica privada.

Fue profesor emérito del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid; mantuvo la tradición y espíritu de la obra de sus padres en la clínica López-Ibor, donde era presidente del Consejo de Administración y además fue presidente y fundador de la Fundación Juan José López-Ibor.

Dentro de su actividad investigadora destaca por haber realizado 54 proyectos de investigación subvencionados, publicado 58 libros y monografías y 239 capítulos así como 416 publicaciones en revistas científicas.

El número de ponencias, comunicaciones y actividades relacionadas en congresos en su mayor parte internacionales y otras reuniones científicas asciende a 1644, además de haber sido ponente en 284 cursos y seminarios.

Fue miembro de los consejos editoriales de las más importantes revistas de su especialidad tanto nacionales como extranjeras, así como director de la revista Actas Españolas de Psiquiatría, fundada por su padre en 1940. Se trata de la primera revista de Psiquiatría en lengua española que tuvo índice de impacto.

Dedicó toda su vida, pues, a la especialidad psiquiátrica, y se centró en las manifestaciones patológicas mejor descritas tras la Segunda Guerra Mundial como los trastornos del ánimo y de la ansiedad, el síndrome depresivo y también otros más graves como la esquizofrenia.

Un gran profesional sin afán por el poder

Redacción Médica ha conversado sobre el profesor López-Ibor Aliño con el psiquiatra y ex alto cargo directivo de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid Carlos Álvarez Vara (además de miembro de la Organización Mundial de la Salud –OMS– y único candidato español, por dos veces, a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), entre otros méritos curriculares aparte de su permanente ejercicio clínico por la vía privada).

En su opinión, el fallecido destacó por su honestidad, honradez, discreción y amabilidad, cualidades “con las que no contó su padre”. Además, se le puede calificar como una persona no afanosa de poder, nada exhibicionista en ese sentido: un auténtico profesional.

Hizo carrera académica, al igual que su progenitor, pues obtuvo la Cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Salamanca para más tarde renunciar a ella y hacerse con la Jefatura de Servicio de la especialidad del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

Después, renunció a tal cargo para convertirse en catedrático de Psiquiatría de la Complutense de la capital y a priori médico adjunto (en lugar de jefe de Servicio) del Clínico San Carlos. Por fin, en 2001 creó el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental de este centro y lo dirigió hasta tres años antes de su muerte.

Clasificación psiquiátrica de la OMS

Entre los méritos reseñables que ha dejado el profesor López-Ibor Aliño sobresale, en términos generales, su logro por eliminar “ciertas etiquetas diagnósticas” de la terminología psiquiátrica preponderante en España e introducir en ésta los sistemas de clasificación de la especialidad promovidos por la OMS.

Como ilustrado español de la Psiquiatría, llegó a presidir la Academia Mundial de Psiquiatría (AMP) y consiguió que se celebrase en Madrid, por primera vez, el Congreso Mundial de la especialidad en 1996. Además, dirigió con éxito el Congreso Internacional Nuevos compromisos para los psiquiatras, organizado por la AMP junto con la Sociedad Española de Psiquiatría y otras sociedades científicas) en unas circunstancias muy poco afortunadas, pues la celebración coincidió en el tiempo con el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. El foro le permitió dejar patente su habilidad para reemplazar a muchos de los invitados estadounidenses (que se negaron a viajar a España en avión) por otros que estuviesen a su altura intelectual, de modo que el Congreso saliese adelante.

El renombre de su apellido

Como ha quedado dicho, el padre del fallecido marcó a varias generaciones de facultativos médicos que lo tuvieron como maestro en el siglo XX, entre otros, por ejemplo, el conocido Carlos Castilla del Pino, quien refleja un buen recuerdo de su valía en sus memorias. “Brillante, genial, conocedor perfecto del alemán…” son algunos de los piropos recogidos por este periódico a partir de sus discípulos.

En realidad, la personalidad y trayectoria de su hijo no difirió un ápice en logros tanto académicos como profesionales, pero se plegó a una cultura de la Psiquiatría más acorde con los nuevos descubrimientos de esta ciencia médica. Eso, unido a su forma de ser, tal vez más humilde que la de su ascendiente, lo hicieron brillar como catedrático cosmopolita, políglota y clínico dotado de gran sensibilidad para con el enfermo.

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